Literatura

El Coral Negro



El Coral Negro - Literatura

Ni la hermosa vista que tengo hacia el mar, donde las olas golpean violentamente y sin cesar las rocas, ni el cielo rojo y encapotado que, por alguna razón inexplicable, me resulta hermoso, son un alivio suficiente. No es una tragedia, no; desde ningún punto de vista lo sería. Siendo un escritor mediocre, catalogado justificadamente como un escritor clase «B» por los críticos, busqué aislarme del mundo, inclusive de las personas que deseo tener cerca, para tener la anhelada soledad y tranquilidad de la que tanto hablan esos escritores que sí saben. Es patético y lo sé. Esta lujosa y apartada casa cerca del mar, no es más que un refugio para morir sólo.

Oscilo de un lado a otro en mi habitación solitaria, pensando y escribiendo, leyendo y releyendo mis escritos. Son basura, basura que amo, pero basura a fin de cuenta. Si he de escribir algo en este momento, que sea la verdad, y no una burda re interpretación o adaptación de la misma.

Si mi amada Ruth estuviera conmigo, leería lo que escribo, y mentiría para que me sienta bien, diría algo, no sé qué, pero algo, y eso me haría sentir más seguro sobre lo que escribo. Ella es el único soporte que necesito, y es la única persona en este asqueroso mundo de la cual me importa su opinión, aunque esta fuera no más que una mentira piadosa. La amo y por eso me alejé de ella, y la odio por haberme hecho amarla tanto, al igual que odio que me ame tanto. Me duele el estómago y siento que conspira en mi contra, mis manos tiemblan hasta el punto en donde es imposible escribir con lápiz ya que todo eso es ilegible, y mis ojos me fallan de forma aleatoria, pero no existe peor dolor que saber que me muero apartado de ella.

Nunca me imaginé siendo como esos patéticos imbéciles que hablan o escriben así, pero tampoco imaginé que superaría la barrera de los veinte, y que me esperaría el amor de mi vida a los treinta, y que tendría que decirle adiós a los cuarenta y tres. Así como a la vida en general.

Es una de esas bromas demasiado torcidas de la naturaleza, el que justo ahora que empiezo a disfrutar la vida, esta se me sea arrebatada de una forma cruel y repentina. El HACEDOR es un tipo extraño, y la vida es una perra sin corazón.

Ruth estuvo ahí cuando me descompuse, también estuvo ahí cuando hablamos con el doctor, y desde luego estuvo ahí para mí cuando sentí miedo; Ruth estuvo siempre ahí.

¿Cómo puedo decirle que ya es tarde? ¿Cómo puedo decirle que se desparramó por todo mi organismo? ¿Cómo puedo decirle que no existirá un mañana para mí? ¿Cómo puedo decirle que siga sin mí, cuando sé que me ama tanto que se suicidaría sólo para no dejarme sólo? ¿Cómo puedo matar sus sueños? ¿Cómo? Quisiera poder matar cada uno de sus sueños para hacer una despedida menos dolorosa para ella, para nosotros. Que la mano no sea quitada con una suave caricia y un adiós, que sea apartada con la brusquedad de un golpe para que este haga sentir como una simple bofetada todo el dolor que vendrá a futuro. Es más fácil olvidarse de una persona que es odiada.

En este punto me odio demasiado; una escoria como yo tendría que haberse conformado con una puta que ni recuerde mi nombre, y no con la mujer más asombrosa del universo.

Soy un cobarde, no le dije que me iban a operar, inventé una excusa para no levantar sospechas, cosas del trabajo le dije. Una enfermera entró donde estaba sentado esperando que se me pase la anestesia, ni siquiera el Doctor Ramirez fue lo suficientemente valiente como para decírmelo personalmente, así que mandó a una mensajera. Fue rápida, no iba a jugar con mi tiempo. Me vestí y salí del hospital, por alguna razón veía a mi alrededor, prestando atención a pequeños detalles que ya estaban ahí desde hace mucho tiempo, pero nunca me había detenido a apreciar. Como lo imponente y majestuoso que se ve el sol sobre la librería Tomson, o ver como los ancianos se sienten alegres de recordar viejas vivencias a las que se aferraron con tenacidad durante años, sin importarles el que viven en el hoy. Eso y mucho más, pero me es imposible explicarlo.

Las cosas salieron muy mal en la operación, lo único que hicieron después fue decirme «lo siento». Eso era todo lo que necesitaba escuchar para comprender la gravedad de la situación, el resto, fueron sólo palabras extras.

Me percaté de todo justo cuando me dijeron que la vida se me escapaba de las manos.

Lloré, puedo decirlo sin temor, lloré y mucho. Antes de agarrar el teléfono para decirle que volvería en dos días, me había emborrachado hasta más no poder para tener fuerzas para no quebrarme, para no delatarme sólo. Ella lo entendió bien, cosas del trabajo, y aun así, me preguntó varias veces cómo estaba, como si tuviera un sexto sentido, mentí y mentí como el mejor, incluso me reí y le dije que volvería con ella muy pronto. También la escuché reír, tímidamente, como siempre, pero fue una bendición. Lo último que escuché y escucharé de ella: Cuídate, te estaré esperando. Colgué rápido, no pude soportarlo.

Era cruel, ella ha estado siempre para mí, y no podré estarlo para ella.

Lo había pensado durante mucho tiempo, y al final, me pareció la opción indicada. Agarré nuevamente el teléfono, y llamé a un amigo mío. Marcus, tiene un nombre estúpido, y en realidad su portador lo es, pero es un idiota de buen corazón. Le expliqué lo necesario pero no todo, él arruinaría mi plan si se entera. Le dije que por una cuestión de trabajo volvería en un mes, o quizá más, le pedí que se lo dijera a Ruth (luego le mandé un mensaje a ella para que Marcus no pareciera estar confabulado de alguna manera con lo que voy a hacer), y que por favor, cuidara de ella mientras no estoy. Ese bastardo me dijo una vez, y cuando estaba borracho, que Ruth era una mujer demasiado buena para estar conmigo; en sus palabras sentí el deseo de poseerla. En ese momento tuve ganas de molerlo a golpes y dejarlo en el suelo, en estos momentos y, dejando mi orgullo de lado, deseo que se lleven bien, y que inclusive pase lo que tenga que pasar, si se entiende a lo que me refiero. Porque sé muy bien que ese tipo es un idiota que suelta mierda por la boca, pero sé también que es alguien que la protegería y ayudaría como yo ya no podré hacerlo. Al final de cuentas, el tipo podía hablar mucho, pero sus acciones eran completamente diferentes a la mierda que soltaba.

Si mi imaginación de escritor no me falla, ya todo estaría encaminado para un final no feliz, pero sí más pasivo para todos. Ahora sólo resta resolver mi parte, desaparecer. Ha pasado mucho tiempo desde que le dije un mes, y el celular suena sin parar. Por el identificador de llamadas, me doy cuenta de que Ruth no llamó menos de cien veces, y dejó al menos más de cuarenta mensajes preguntando por mí, y por el otro lado, Marcus hizo siete llamadas y dejó dos mensajes de texto y una grabación de voz: ¿Dónde estás?, decía. No puedo responderles, tendrán sus respuestas siendo pacientes. Observo el mar, las olas, las rocas, desde mi ventajosa posición en la cabaña que está en la sima de la montaña puedo ver el mar, su infinito limitado que veo al no ver la otra orilla.

No todo es infinito sólo por no ver su final.

Adiós Ruth, lamento tener que soltarte la mano a mitad de camino, pero no quedó de otra.

Mañana a primera hora del día, la amable señorita que me alquiló la cabaña tocará la puerta en busca de su paga atrasada, un mensaje al celular me anticipó su visita, no abriré, pero sí dejaré la puerta sin llave para que pueda entrar. Se encontrará con un maldito desastre, la convenientemente gran ventana que da al mar, estará destruida, habrá algunas gotas de sangre, me supongo. También se encontrará con su paga y algo de dinero extra en la mesada por las molestias que, estoy seguro, le causaré; creo que es suficiente para arreglar la ventana y quedarse con algunos billetes. Si mi lógica no me falla, llamará primero a la policía, ellos llegarán, se encontrarán con el celular, y le comunicarán de la mala noticia a Ruth, a la vez que le pidan información. Marcus estará en el lugar correcto en el momento correcto, es decir, al lado de ella; podrá ayudarla cuando esto pase. La poca fortuna que gané siendo un escritor mediocre será toda para Ruth, no tuve que cambiar el testamento a último momento, desde que la conocí sabía que todo lo que hiciera, lo haría por ella. Escogí a Marcus para que la acompañe, para que la mantenga en este mundo, porque sé, y lo sé muy bien, que cuando yo ya no esté, mi pobre Ruth sufrirá; su amor es verdadero. No me asusta la muerte, me asusta alejarme de ella. Dejar que mi cuerpo desaparezca en el mar o sea devorado por alguna criatura marina, es mil veces más satisfactorio que dejar que esos ojos negros me miren con desesperanza, aunque yo todavía esté ahí; ninguno de los dos es bueno para despedirse. Como no quiero que me odies Ruth, te dejé una carta, explicando en profundidad el porqué de mi actuar, junto con un par de palabras más, sólo para tus ojos. Estoy seguro de que la policía la encontrará y te la entregará. Este escrito no es para ti, ni para nadie, es para mí, me ayuda a pensar. Si lo estás leyendo, eso sí es una autentica pena, y de ser así, siempre supe que agarrabas mis cuadernos, aun esos que te decía que no tocases por nada del mundo, y los leías. Sí, siempre lo supe, a pesar de que los acomodaras en la misma posición después de terminarlos, o cuando me escuchabas llegar. Son recuerdos que me dan gracia, y son un fiel reflejo de tu inocencia, y por eso, y por muchas otras cosas, te agradezco a la vez que reafirmo mi verdadero amor por ti.

Mañana no seré más que un coral muerto en el mar.

Mañana.

Estoy perdiendo la visión nuevamente, es como me lo explicó la enfermera, esta enfermedad me devorará rápidamente, terminaré de escribir, e iré a apreciar el mar desde la ventana, veré ese espectáculo una vez más antes de dejar de ver para siempre, pero estoy seguro que lo último que veré, aunque haya dejado de ver, cuando todo se haya tornado oscuro, y mis ojos sólo sean un adorno, será tu sonrisa, y escucharé tu delicada voz diciéndome que regrese pronto.

 

Lamento que eso no vaya a pasar, Ruth.

 
-UN HOMBRE FELIZ.-

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