Sociedad

El culmen de la creación



El culmen de la creación - Sociedad

El otro día lo escuché en una conferencia. El orador afirmó taxativo que el ser humano es y significa, el culmen de la creación. Ni corto ni perezoso, me fui directo al diccionario, por si toda la vida he estado viviendo en una matriz, con lo que respecta a la palabra culmen y leí: punto más alto en la trayectoria de una cosa o máximo grado de su evolución. Regresé mentalmente a la afirmación del conferenciante y con tal cuidado procedí, que pude incluso elaborar una representación virtual de los gestos de satisfacción en su rostro, cuando recibía como respuesta el aplauso generalizado de los asistentes. Fue entonces cuando no pude reprimir un sentimiento de tristeza, ya latente desde el comienzo del discurso. No deseo tirar piedras contra el tejado de mi propia especie; sería absurdo, pero…, no llego a entender cómo alguien, con un mínimo de sentido crítico, puede escuchar tal afirmación, aplaudir y quedarse tan tranquilo.

Es cierto que desde un punto de vista material, el Homo sapiens ha conquistado cotas inimaginables de progreso. Somos conscientes de nuestro pasado, de nuestro futuro (por desgracia, poco de nuestro presente), e incluso de nuestra propia mortalidad. Tenemos un cerebro capaz de resolver problemas de lo más variopinto y además somos creadores de un maravilloso invento, la escritura, gracias a la cual existe entre otras muchas materias, la historia (Y de infinidad de creaciones, pero a esta le tengo una especial predilección). Lo cierto es que varias preguntas se me agolpan, con ansias de ser contestadas. Por ejemplo, si somos el culmen de la existencia, ¿No podemos evolucionar más? ¿Porqué somos cada vez más dependientes de las máquinas y de Internet? Y lo más importante, si tomamos la perfección evolutiva…, ¿Qué tipo de sociedad hemos construido, donde lo más importante es un concepto denominado dinero, que en la práctica es algo estrictamente imaginario? ¿No es acaso más de locos que de entidades que representan lo más sublime? No lo sé. Tal vez me hago demasiadas preguntas. Al fin y al cabo, todos formamos parte de este juego, incluso aunque no queramos jugar. Pero no puedo evitar, cuando me paro a meditar un poco el asunto y aún claudicando a la posibilidad de que en verdad éste hombre tuviera razón, no puedo evitar desear que ojalá si algún día existe un ser más evolucionado, su leit motiv sea la cooperación, para que el mundo sea un lugar mejor. Quizás peco de ingenuo o tal vez con el tiempo me estoy volviendo más sensible. Tampoco lo sé; pero me viene a la mente una frase de Saint Exupéry que lo resume todo: «Si queremos un mundo de paz y de justicia, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.»

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Acerca del autor

Carlos Lumer

2 comentarios

  • Estoy de acuerdo con la cita con la que inicias tu comentario. Las ideas que llevan implícito un juicio, suelen llevar impregnado un matiz emocional, cuya información se pierde en el abismo del inconsciente que abarca un transgeneracional casi infinito, por eso cualquier idea merece al menos ser escuchada y porqué no, analizada y estudiada, ya el discernir de cada cual se ocupará de acoger o desechar, según su inteligencia y voluntad le aconseje la idea expuesta.
    Te agradezco el comentario. Las ideas y afirmaciones que expones, me parecen interesantes algunas, peculiares otras, pero todas en definitiva dignas de atención y estudio. Además, configurar una perspectiva más amplia de la realidad es siempre enriquecedor, por eso es de agradecer que alguien comparta en negro sobre blanco sus opiniones, o sus más íntimas ideas y conocimientos.

    Saludos.

  • Como diría Baruch Espinosa, ninguna idea es totalmente falsa o totalmente verdadera, sino que son comprensiones más o menos completas del objeto. El objeto de la Evolución es complicado; ya que, como ocurrió con las demás ciencias, cayó en manos de las sectas masónicas. Los masones son luciferinos, y aspiran a crear un mundo al margen de la Naturaleza en el que sean inmortales y cada vez más poderosos. En este sentido, Lucifer en cuanto aspecto inmanente de Dios es su aliado. El resultado es una Ciencia mefistofélica, o faustiana, en la que la espiritualidad está separada de la tecnología en manos de dios inmanente, y la religión prescinde de la razón para mayor provecho de su hermano trascendente.

    Es cierto que el ser humano es el culmen (terrestre) de la evolución; ya que manifiesta una consciencia mayor que los caracoles, o los chimpancés por ejemplo. Muy superior de hecho. Sin embargo, el error es considerar a la Naturaleza como dividida en especies. Esa taxonomía es inventada y mental, y no corresponde con los hechos objetivos.
    El verdadero sujeto de la evolución es el propio Universo; ya que es la cosa que cambia y acumula memoria y complejidad. La Tierra es sólo una parte ínfima de este proceso, que no es dirigido sino que ocurre de forma necesaria, por las leyes físicas. Pero si tomamos la Tierra como sujeto evolutivo parcial, tenemos que tras casi cinco mil millones de años ha sido capaz de producir un nivel de consciencia humano. La consciencia del humano no es humana, es terraquea; el planeta piensa a través de nosotros, como nosotros pensamos con el cerebro, y no es el cerebro el que piensa. También como nosotros, el pensamiento y la consciencia no empiezan y terminan en el fenómeno estrictamente antrópico, sino que somos «el cerebro consciente» de una máquina de pensar, o procesar información, que corresponde a todo el planeta.
    No es el ser humano el que está enfermo; es el propio planeta. Nosotros como red humana no somos más culpables, que lo son las neuronas del cerebro de sufrir una adicción a la cafeína o una neurosis; pero sí somos responsables, es decir: corresponde a nuestro nivel de procesamiento o consciencia, el aportar la parte crítica para curar al organismo. Necesitamos nuevos «dioses» ideológicos que sean capaces de reconocer nuestra identidad planetaria, que no contradice la individual y específica; y que «nos enseñen» a combatir a las ideologías luciferinas por un lado y a las religiones demoníacas por otro. Necesitamos una masa crítica de personas que entiendan lo que está pasando; y para llegar a ese punto, tanto la idea de que somos «malos» como de que somos «la destilación superior» son obstáculos insalvables, porque supone no comprender que el ser humano no sólo existe en un nivel de complejidad sino en muchos simultáneos.

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