Ciencia

El Currículo Educativo y su pluralidad conceptual



El Currículo Educativo y su pluralidad conceptual - Ciencia

Hablar e interpretar la realidad, ese aquí y ahora de lo que muchos discuten, es propio del quehacer humano, la búsqueda infinita sobre la explicación de los diversos elementos que conforman el conocimiento, y más aún, estamos en un constante aumento de lo que actualmente se llama “sociedad del conocimiento”, en donde el entorno evoluciona y cada día las personas se vuelven multitasking en el área digital, esto lleva consigo que el currículo educativo busque las maneras de adaptarse a estos cambios.

En el ámbito de las instituciones educativas, se requiere con extrema prontitud que estos cambios tecnológicos, sociales, religiosos y culturales se adapten y se incorporen al currículo, el cual se debe caracterizar como un mecanismo que refleje aquel sujeto que de desea formar e incorporar en una sociedad y en el mercado laboral actual.

En este marco de acción, debemos tener presente que el currículo es una herramienta transformadora, debe responder a la necesidad imperante del ser humano, de transformar continuamente su ambiente, y para poder entender a posterior los elementos vitales que van a contener y contemplar los currículos de esta nueva generación, hay que hacer un paseo virtuoso, no tan profundo, pero sí lo suficientemente explícito y desarrollado sobre un concepto tan misceláneo como lo es el currículo.

Y es que antes de entrar en una discusión teórica que nos ayude a revelar aquellos elementos claves que confabulan para hacernos formar, una imagen en la mente sobre una pequeña definición global, debemos interrogarnos y tratar de responder ¿cuál es el propósito del currículo y su relación con el contexto social y con el desarrollo del ser humano?, pregunta que intentaremos dilucidar, más no con pretensiones de ser una guía exacta para dar una respuesta efectiva.
De esta manera, debemos entender que no existe una única definición sobre currículo, solo la que nosotros mismos determinamos como la más cercana concepción a nuestros ideales socioculturales; esto nos hace posible un paseo activo sobre las argumentaciones definitorias de diferentes autores y explorarlas.


Continuando con nuestra disertación, encontramos a Coricá y Dinerstein (2009) citados por Pérez (2012) quienes afirman que el currículo es una participación activa de los elementos educativos desde cualquier área del sistema, preguntándose de qué trata, a quiénes implica y cuál es su verdadera e inquietante identidad.

Por otra parte, conseguimos a Pánszá (2005) citado por Pérez (2012) que destaca con ejemplar simplicidad las diversas conceptualizaciones que posee el currículo, teniendo en cuenta su carácter policémántico, y se emplea casi siempre para mencionar a los planes de estudios e inclusive, los métodos didácticos; de este modo, podemos apreciar que el autor menciona la perspectiva de algunos autores, cuando destacan a la teoría curricular como un campo disciplinario autónomo.

Así pues, para Taba (1962) citado por Pérez (2012), el currículo resulta ser simplemente un plan de actividades escolares, homogeneizando el proceso de enseñanza-aprendizaje de actividades en el aula; Briggs (1982) citado por Pérez (2012) afirma que el currículo es solo un simple procedimiento de transmisión de conocimientos por parte de las escuelas a los alumnos; Para Káufmán (s.f.) citado por Pérez (2012) el currículo es un sistema desarrollado por la teoría de los sistemas con enfoque lineal, en donde las metas señalan los elementos importantes y sus interrelaciones.

Retomando a Pánszá (2005) citado por Pérez (2012) el currículo refleja estructuradas experiencias significativas del aprendizaje, con el objetivo de fomentar la producción y desarrollo de aprendizajes esperados; para lograr esta meta, se debe tener presente dos elementos importantes, el primero es el diseño, el segundo la acción, los cuales implican una visión de la realidad y conocimiento del mismo aprendizaje impartido a los estudiantes.

Con estas definiciones, Coricá y Dinerstein (2009) citado por Pérez (2012) elaboran una dimensión lineal e histórica, en donde se destaca la propuesta teórica de Gimeno (2010); los mencionados autores expresan que el currículo se convierte en un eslabón entre cultura, sociedad, escuela, educación, conocimiento y el proceso de aprendizaje de los estudiantes, estos aspectos se llevan a cabo entre la teoría y la práctica, cuando existen las condiciones idóneas para este proceso.

Indagando un poco sobre estas definiciones de lo que se considera como currículo, acotamos que el currículo sufre inmensas transformaciones conforme el paradigma educativo se actualiza y busca adaptarse al entorno cambiante.

Siguiendo la postura de Gimeno (2010), quien concuerda con Cásárini, Rátto (2010) citado por Pérez (2012) determinan que hay que pensar el currículo como si fuese un proyecto en donde no se toma solo como un simple plan de estudios, sino como una propuesta certera y fiel de lo que sucede dentro del aula, guiando la práctica docente y generando un proceso retroalimentativo de la propuesta curricular originaria.

Como consideración, el currículo debe poseer un carácter público, en donde se tome en cuenta los aportes significativos que pueden realizar la sociedad y sus invaluables aportes al proceso de aprendizaje-enseñanza que imparten los planteles educativos. Debe ser una guía que refleje el perfil del docente deseado, las metodologías educativas, con altos estándares de flexibilidad, donde su adaptación a la realidad sea factible; además, tiene que fomentar y mantener el desarrollo de la retroalimentación en los elementos orientativos del currículo (Pérez, 2012).

La definición del currículo en la actualidad, se observa más allá de sus simples elementos técnicos-pedagógicos tradicionales, convirtiéndose en un punto principal a discutir en ambientes políticos, cuya confrontación de posturas teórico-prácticas no se suelen consensuar, debido a las diferencias presentes en los diversos sectores sociales claves (Amadio, Opertti y Tedesco, 2014).

Hasta el momento, en América se han llevado a cabo debates sobre el cómo reflejar en el currículo, una representación idónea de cuál es el tipo de sociedad que se desea formar, en donde están implicadas las instituciones y actores claves (Amadio, Opertti y Tedesco, 2014).

El continúo debate sin un fin próximo, ponen en manifiesto las diversas diferencias que caracterizan a la sociedad y su constante proceso de evolución, resultan ser discusiones enriquecedoras que pretenden contribuir a lograr el deseado consenso social, para definir el marco de acción del currículo y determinar su contenido. Esto pone en manifiesto, según Amadio, Opertti y Tedesco (2014) los dos grandes riesgos a evaluar son:

– El significado político que está adoptando el currículo, puede llegar a pasar los límites sobre lo que realmente se puede gestionar por medio de la escuela y no tener los resultados esperados.
– Lograr la participación activa de la sociedad, puede generar grupos con alta influencia que se sobrepongan sobre otros sectores sociales y ejercer presión para alcanzar sus propios objetivos, discriminando a su entorno.

Por ende, Ludgren (1992), citado por Rincón (2009) define al currículo como textos que contienen soluciones a los problemas, en donde una sociedad construye su propia identidad cultural, reproduciendo estos conocimientos y llevándolos a la meta de homogeneización dentro de un sistema cargado de valores y saberes. De este modo, el currículo es el contenedor de conocimientos y habilidades requeridas, las cuales son transmitidas por las instituciones educativas.

Hasta el momento, no existe teoría única que pueda explicar la dinámica del currículo, han nacido dos enfoques que buscan explicar al currículo en función del conocimiento, según Eggleston (1980) citado por Rincón (2009) existe la perspectiva filosófica y perspectiva sociológica; la primera se basa en que “el conocimiento como un cuerpo de entendimiento recibido que no es dado – y aun atribuido- y que, en general no es negociable… es no dialéctico y consensual“ (Eggleston, 1980 citado por Rincón, 2009, p.1); haciendo indispensable que los determinados conocimientos sean clasificados, clarificados y entendibles, para que se puedan ejecutar en el currículo y se logren eficientes experiencias de aprendizajes.

Desde este enfoque, el contenido del currículo debe sujetarse a las diversas formas de los conocimientos y disciplinas epistemológicas, con carácter objetivista, ya que el currículo no debe cumplir con objetivos vacíos de índole político y no estar atado a hechos históricos del pasado (Rincón, 2009).

En segundo término, se encuentra una contraposición con el primer postulado, aquí se busca fomentar la crítica y el análisis histórico y sociológico de la educación, ya que se “demuestra que el poder social esta culturalmente representado y que el conocimiento y la cultura son momentos esenciales en el proceso de dominación social” (Wexler, 1982 citado por Rincón, 2009, p.1).

Según Angulo y Blanco (1994) citado por Rincón (2009) este resulta ser un enfoque marxista, común para la época en la que se desarrolla, destacando al currículo como un producto social, altamente discutible, que debe dejarse influenciar por políticas e incentivar a la participación de grupos sociales para destacar sus posturas en diferentes ámbitos.

Ambos enfoques, buscan dar sentido a los contenidos curriculares, y lo abordan desde diferentes ámbitos, el filosófico se afianza en los contenidos epistemológicos para definir al currículo y los sociológicos se argumentan en los contenidos culturales (Rincón, 2009).

Consideraciones importantes

Se hace de vital importancia apreciar la gran amplitud y versatilidad interpretativa que tiene el concepto de currículo para diversos autores, algunos lo plantean como:

– Una herramienta en donde se plasman los objetivos estratégicos a seguir en una determinada asignatura
– Un método para afianzar e impartir conocimientos previos
– Un sistema presente en el aula
– Un mecanismo que estimula el buen desarrollo de aprendizajes esperados, con dos elementos, diseño y acción
– Es el punto clave entre escuela-sociedad-cultura
– Y se transforma en un proyecto que incita a la retroalimentación

Es menester rescatar unos elementos principales de las definiciones y es la retroalimentación, la cual aporta un importante proceso dentro del currículo, ya que en ella participan activamente los alumnos, docentes, comunidad y la institución educativa, lo que le permite al currículo adaptarse y cambiar sus objetivos de enseñanza-aprendizaje al contexto actual, este sistema incluye opiniones, experiencias y expectativas de lo que se quiere y se necesita realmente aprender y enseñar dentro de un aula.

Por otra parte, el currículo contiene el perfil de un docente, el cual debe estar abierto y dispuesto a la evaluación, cuestionamiento y ejecutar los cambios correspondientes, demandados por quienes son los participantes activos. El docente es quien imparte el conocimiento y es a su vez la vía por la cual, los aspectos tangibles e intangibles del contexto social calán en todo el proceso educativo.

En la actualidad, basándonos en las definiciones anteriores, el currículo debe tener un carácter democrático, que sea capaz de escuchar aquella voz de cambio y adaptación permanente, además de tomar en cuenta lo que realmente se necesita dentro del aula; le es indispensable contar con un sistema operativo, para formalizar de una manera más sistemática y rigurosa los objetivos a lograr.

Asimismo debe contener empatía por la diversidad de conocimientos frescos y actuales; entender y comprender los cambios y empoderarse de ellos para facilitar el proceso de aprendizaje-enseñanza; a su vez, interconectar lo que sucede en y dentro del aula con lo que ocurre en un determinado momento en la comunidad que le rodea; por último debe mantenerse firme ante la retroalimentación y evaluación constante para la aplicación de mejoras.

Rememorando al currículo como un proyecto, en donde su fase inicial comienza con un análisis de las ideas principales, pasa por la planificación, el desarrollo y su ejecución en el aula, realizar un seguimiento y control y luego llegar al cierre este último elemento debe mantenerse como una culminación abierta, ya que se debe considerar como un proyecto continuo que evoluciona en el tiempo y aplica el aprendizaje por experiencias previas, para que puedan cumplirse los objetivos estratégicos que espera la sociedad de sus futuros profesionales.

Por tal motivo, si mencionamos nuevamente la pregunta que nos formulamos al inicio, ¿cuál es el propósito del currículo y su relación con el contexto social y con el desarrollo del ser humano?, el currículo es por llamarlo así, una herramienta que facilita la conexión entre su contenido y la realidad social, cultural, económica y política de una determinada comunidad, el cual siempre está en la búsqueda de conocimientos importantes para un óptimo desarrollo del ser humano y su adecuado funcionamiento dentro de una sociedad.

Referencias Bibliográficas

Amadio, M, Opertti, R, y J.C. Tedesco (2014). Un currículo para el siglo XXI: Desafíos, tensiones y cuestiones abiertas. Investigación y Prospectiva en Educación. UNESCO. Recuperado de: http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/resources/229458s.pdf

Pérez, M. (2012). Conceptos básicos de la teoría curricular. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Recuperado de: https://www.uaeh.edu.mx/docencia/VI_Lectura/LITE/LECT62.pdf

Rincón, I. (2009, diciembre 9). Teoría y desarrollo del curriculum educativo. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/teoria-y-desarrollo-del-curriculum-educativo/

 

Nota importante: información usada y compartida solo con fines exclusivamente educativos

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inesherrera1713

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