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El Dia Que Keylor Navas Se Hizo Grande



El Dia Que Keylor Navas Se Hizo Grande - Deporte

Hay historias que se quedan en la memoria para siempre y esta es una que relata la vez que vi al actual portero del Real Madrid. Se jugaba el minuto 55 del segundo tiempo entre el deportivo Saprissa y la Liga deportiva Alajuelense, ambos equipos del balompié costarricense. Un clima árido y seco en la caliente provincia manuda. Los hinchas entre serpentinas y juegos de luces daban vida a aquella noche que se quedaría en la memoria de aquellos aficionados, en la del portero y sin ser egoísta, en mi corazón.
Los segundos más largos que jamás había vivido desde que nació mi primer hijo Saul , mis ojos estaban fijos ante el movimiento corporal del sílbatero, los rojinegros cruzaban los dedos y la “12” (afición alajuelense) pitoreaba con gran algarabía, el suceso que se quedo suspendido en el tiempo. El balón mojado en sus costuras, uno de los últimos estadios costarricenses, que conservaban césped natural en aquellos días, el gesto técnico, el remate esperanzado de Oviedo, quien decía ser especialista en ese tipo de acciones. Colocación absoluta, el balón que se dirigía hacia el palo derecho, luego de acurrucarse entre el botín del artillero. ¿Qué quedaba por hacer?
Mis ojos se exaltaron con asombro, mi cuerpo daba luces de escalofríos y la entrepierna me indicaba, el deseo insatisfecho por ir al baño. No tenía opción en aquel momento. Ya no había 22 jugadores en el terreno de juego. El estadio entero se comía las uñas del éxtasis. Miré al preparador de porteros del Saprissa que con una mirada segura seguía muy ceñido el palo largo del arquero de la selección de Costa Rica, perdiéndome en el brillo de su mirada, cual embrujo fuera se activó telepáticamente una reacción casi inconsciente que en fracción de segundos me hizo seguir de manera sinérgica el mismo costado del arco que resguardaba Navas.
Vaya divinidad de fotografía aquella que electrizo a niveles poco identificables la adrenalina de aquella mi afición, no quedaba mas por hacer que levantarse en mi caso con las piernas casi insostenibles de la sorpresa, de la admiración que tenía por aquel jugador que usaba el N#1 en su espalda. Único portero en toda mi historia de aficionado que le he visto sacar un balón que se colaba directo al ángulo del palo izquierdo.
Fue aquella la vez que Keylor Navas, él vecino de la comunidad de Pérez Zeledón ubicada al sur de la Provincia de San José, Costa Rica, le mostraba sus alas de alcón al mundo, luego de una tapada voraz que se extendía a casi 2 metros de su posición en el momento del disparo ejecutado por Oviedo. Un cañonazo certero y que ya se cantaba entre las cuerdas bucales del difundo José Manuel “Pilo “Obando.
Una final para nunca olvidar. Ultima que disputó el postero de Dios como es conocido Navas, antes de vivir su sueño de infarto en Europa y en el equipo de los blancos.

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Acerca del autor

Robert Gerardo Montero Chacon

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