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El Dominador Del Viento… Ii Parte

El Dominador Del Viento… Ii Parte - Deporte

 

“Me considero un jugador más”; 

“El dinero es un elemento necesario para la vida cotidiana 

del hombre porque si no hay dinero no se vive”; 

“Todavía me queda salir campeón con el Valencia 

de Liga y de Copa de Europa”; 

“Como Pelé no se puede comparar a nadie, 

porque rey uno solo”; 

“Cuando estoy vestido de pantalón corto, el fútbol es lo principal,

después de salir del terreno, el fútbol queda al margen”.

 

La temporada 1980/81 fue la de la Supercopa de Europa ante el Nottingham Forest, el club reforzó el equipo con el uruguayo Fernando Morena, para asociarle en tándem con Kempes, que tan solo marco nueve goles. El equipo dijo adiós a falta de cuatro jornada, el cálculo de posibilidades por el título de campeón se esfumaban. El 21 de enero hizo lo propio en la Copa ante el Sevilla y anteriormente el 5 de noviembre caía en la Recopa.

Precisamente en esta eliminatoria, en el minuto 15 del partido de ida de octavos de final, frente al Carl Zeiss Jena, celebrado el 22 de octubre, una entrada tremenda, espantosa y desmesurada del defensa y capitán alemán Weise, que no recibió ni tan siquiera tarjeta amarilla, y hecha a tan solo un metro del arbitro belga Roger Schoeters, lesionaba en el hombro derecho a Kempes.

A partir de aquí empezó un rosario de reapariciones con precipitación, tratamientos de todo tipo, infiltraciones… sus facultades empezaron a mermar… Siempre quiso jugar, siempre quiso ayudar al equipo, siempre estuvo ahí, pero ya no volvió a ser el Kempes que había sido. El público le trató con severidad, al acabar cada partido se encontraba con gente en la puerta que le insultaba, y que incluso a su mujer la llamaban por teléfono para insultarla.

El 15 de febrero de 1981 marcaría el último gol en el Santiago Bernabeu, antes de marcharse a jugar con River, en el minuto 31’, que sería el definitivo 2-1, tras un penalti hecho a Carrete. Parecía mentira, tras cinco temporadas, Kempes dejaba el Valencia, y sus ultimas palabras en el aeropuerto de Manises, dedicadas a la afición del Valencia fueron “A la afición valenciana lo único que le puedo decir es que agradezco toda la amabilidad que han tenido conmigo, el aliento que han tenido para conmigo para cuando he andado bien, y agradezco que me han hecho abrir los ojos en el momento que andado mal, y quizás no han podido o no han querido ayudarme cuando he estado lesionado con su aliento y con su apoyo”.

El 8 de marzo de 1981 tras empatar a cero, en Mestalla ante el Athletic de Bilbao, Kempes dijo adiós, por algo más de 310 millones de pesetas. El River Plate, según el acuerdo a que llegó con el Valencia, pagó 500.000 dólares, más de 45 millones de pesetas, al contado, y el resto, tres millones de dólares, en un año, en doce plazos. Su fichaje por el River Plate sería el segundo traspaso más importante que se había producido en el fútbol argentino, ya que el Boca Juniors pagó ochocientos millones de pesetas por Maradona.

Esa misma temporada el Millonario de Alfredo Di Stéfano fue campeón en la final del Torneo Nacional ante Ferro Carril Oeste de Carlos Timoteo Griguol, el 20 de diciembre, en el Estadio Arquitecto Echeverri, fue el mejor de Mario Alberto Kempes con la camiseta de River.  El matador marcó de cabeza el único gol del encuentro. El gol que le dio a River su titulo 20.

Una devaluación de la moneda nacional, el peso, que hizo que el dólar se disparara hasta diez veces más de su valor, generó una profunda crisis en el país y por ende en los clubes de fútbol. River Plate no encontraba la forma de pagarle al Valencia lo acordado por el traspaso de Kempes a principios de 1981, cuando la moneda estadounidense equivalía a 2000 pesos. En agosto de 1982 el dólar había trepado hasta los 30.000 pesos argentinos por unidad. Una desproporción que hizo que el Matador regresara a Mestalla.

El presidente Rafael Aragón Cabrera le fue inútil las gestiones que realizó en España para tratar de retener al jugador, y fue incapaz de abonar los 2.060.000 dólares que le debía al Valencia. River sólo abonó 1.440.000 del total de 3.500.000 que costó el traspaso.

Tras aceptar River las seis cuotas atrasadas de 70.000 dólares, los dirigentes del Valencia aceptaron la devolución del Matador. Mario no tuvo ningún inconveniente en vestir de nuevo la camiseta valencianista, pero esa temporada la de 1982/83 sería recordada por los malos resultados y la salvación del descenso a Segunda División en la última jornada.

En febrero de 1983 se despedía de su cargo Ramos Costa, asumiendo el mismo interinamente Vicente Tormo, con un gran endeudamiento de la entidad. Tres entrenadores fueron necesarios en esa campaña; Mestre, Miljan Miljanic y Koldo Aguirre. Kempes volvió a ser el máximo goleador con 13 goles, a siete del pichichi, el bético Rincón.

La temporada 1983/84 Kempes sólo jugo 15 partidos, la última en Valencia, y marcó ocho goles, que así y todo, junto a Roberto volvió a ser el máximo goleador del equipo. En el Bernabéu, donde ganó 0-1, gol del Matador de penalti en el 39’, se volvería a lesionar en el hombro, era el 18 de septiembre y entraría Subirats por él en el 50’. En Copa el Castilla lo eliminaba el 8 de febrero de 1984, en 1/16 de final, tras diez jornadas seguidas sin ganar un partido en el Campeonato de la regularidad.

El 29 de abril de 1984 marcaba su último gol liguero, en el empate a tres goles contra el Murcia, en la Condomina, en un córner que lanzó desde la derecha y con efecto, y el portero Mora no pudo impedir que el balón se colara en su portería… Ya no se volvería a escuchar gritando los goles, dejando un recuerdo imborrable y unas estadísticas difíciles de superar.

“Mi regreso al Valencia después de River fue una etapa diferente. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Fisicamente andaba muy bien pero no me ponían mucho y al final me dieron la carta de libertad. Estuve seis meses parado. Fue algo muy raro porque no me llamaba nadie. Supongo que alguien habrá hablado mal de mí y pasó informes negativos”.

Para mantener su forma física, estuvo tres meses jugando a fútbol sala, en el Autocares Luz, donde solo puso una condición al presidente Manuel Martínez, que si algún club se interesaba por él, le diera la baja… Era sorprendente ver aun jugador de su nivel en el fútbol sala, allá donde iba el lleno estaba más que asegurado.

Y llegó el Hercules de Alicante, que lo contrató para los últimos seis meses de la temporada 1984/85, donde se convirtió en el motor, en el alma de un equipo que peleaba por no descender a Segunda División. Jugó 17 partidos, debutando el 30 de diciembre de 1984, en un empate a cero frente al Zaragoza, marcando su primer gol ante el Málaga, en una falta soberbiamente ejecutada.

En la última jornada se jugó la permanencia en el Bernabéu y volvió a ser el Matador, haciendo un grandísimo partido sumando los dos puntos y salvando la categoría. La fiesta desatada en Alicante duró hasta bien entrada la noche.

La temporada 1985/86, sería su segunda temporada en el club alicantino y mete nueve goles, una cifra notable, sus goles son muy importantes para el Hercules, destacar uno de los goles más bonitos de su carrera marcado al Barcelona, desde unos treinta metros de distancia con su pierna zurda, así como otro al Atlético de Madrid, desde el córner, “gol olímpico”, que significo el empate a dos, sobre el final del partido.

Tras finalizar la temporada recibió varias ofertas, entre ellas del Tottenham inglés y del Grasshopper suizo, pero al final se decanto por el First Vienna de Austria, que firmó por dos y medio y se quedó seis en el país (Saint Polsten y Kremser). Para el crack fue un futbol cómodo, distinto, era como jugar entre amigos, lo pasó fenomenal, tanto él como su familia, donde sus hijas aprendieron varios idiomas.

Se retiro definitivamente a los 38 años en el Kremser, el 14 de junio de 1994 ante el Admira Wacker, aunque volvió brevemente al fútbol para jugar en el Fernández Vial, de la Segunda División chilena. El domingo 25 de abril de 1993 la afición valencianista le rindió homenaje, en un partido lleno de goles, como no podía ser de otra manera en la despedida del gran goleador. El rival el PSV Eindhoven de Romario, el resultado 6-5, con tres goles del Matador.

Saltó al césped de Mestalla por última vez con el uniforme blanco, con el numero 10 a la espalda y el brazalete de capitán. Mario había prometido jugar 50 minutos de partido, pero continuó diez más. A los 60’ hizo una señal al arbitro y se detuvo el juego… Miró al cielo y levanto los brazos, los gritos de… ¡Kempes! ¡Kempes! ¡Kempes!… resonaron en Mestalla como en sus tiempos de gloria.

En aquel primer partido por el Trofeu Taronja alguien se había atrevido a llamarlo burro, en esté último nadie podía hablar porque la emoción empañaba los ojos y paralizaba la garganta. En el estadio miles de nostálgicos recordaban su melena al viento, del que fue el gran dominador. 

El gran Mario Alberto Kempes Chiodi nació el 15 de julio de 1954, en Bell Ville, provincia de Córdoba, Argentina, tuvo varios apodos, “La pierna izquierda de Dios”, “Guaso”… pero siempre será recordado como “El Matador”, que le puso el periodista José María Muñoz, durante la narración de un gol suyo a Boca Juniors. “No diga Kempes, diga gol” es una de las frases más conocidas del mundo futbolístico y de la historia del Valencia C.F.

Los de mi generación tuvimos la fortuna de ver al mejor jugador del mundo sobre el césped de Mestalla, de él siempre podías esperar cualquier cosa, eslalon increíbles, jugadas geniales, goles de bellísima factura, zurdazos impresionantes… La sensación que transmitía es que con él, el Valencia podía ganar a cualquiera.

Los rivales sufrieron su brío, su potencia, su esbeltez y su instinto letal… el gol. Fue un jugador elegante, estético, perfecto a la hora de conducir el balón a galope tendido, sorteando todos y cada uno de los obstáculos que se le presentaban por el camino, un juego que alegraba la vista.

 

“Kempes está y estará en el corazón de los valencianistas, 

está es su casa, está es su familia… Mil gracias Mario”.

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Corso

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