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El duelo en los bebés por muerte o separación del adulto significativo como ayudar al bebé



El duelo en los bebés por muerte o separación del adulto significativo como ayudar al bebé - Sociedad

Los bebés crean un vínculo afectivo muy fuerte con la persona que les cuida y protege, normalmente, crean este vínculo con la madre, quien es la figura que en la mayoría de los casos cuida del bebé. También pueden desarrollar ese apego con la persona que pasa más tiempo con ellos después de la madre, bien sea la figura paterna, si se ha involucrado de manera positiva al cuidado del bebe, o con cualquier otro adulto que pase tiempo con él. Este contacto les proporciona seguridad emocional, aceptación y protección.
Al no estar cualquiera de estas figuras, o lo que llamamos adulto significativo, sea por la razón que sea, bien llámese fallecimiento de ese adulto significativo o separación, ocurre una sensación de des protección en el bebé, que puede ser evidente por un cambio en su estado de ánimo y su conducta habitual.
La inmensa mayoría de los adultos, ignoran este tema y menosprecian por desconocimiento, el impacto emocional que tiene la separación de un adulto significativo, sobre el desarrollo emocional del bebé, y ante la muerte de un ser querido significativo, o la separación del mismo, no abordan de manera asertiva ese duelo que experimenta el bebé, por pensar que a su cortísima edad, no ha generado vínculos afectivos con ese adulto significativo.
Es muy común escuchar frases como; no te preocupes, ese bebe ni se da cuenta de lo que está pasando, ellos se acostumbran rápido, mientras más pequeños la separación es mejor.
Todos estos comentarios que evidentemente no son mal intencionados, solo hablan del grado de ignorancia que culturalmente tienen la mayoría de las personas en nuestra cultura occidental sobre el tema.
Lamentablemente, no somos entrenados en el ámbito familiar sobre este tipo de temas y como abordarlos, pues las familias suelen tener poco o ningún conocimiento al respecto y en la mayoría de los casos, no tenemos una cultura de asistir al terapeuta emocional, al igual que asistimos a los especialistas médicos cuando requerimos atención por alguna enfermedad. Tampoco recibimos orientación adecuada en el ámbito escolar, porque a nuestro sistema educativo todavía le falta visión sobre la importancia de los espacios escolares que propicien la contención emocional de las familias ante un evento como este, tristemente desde el ámbito escolar no se refiere al grupo familiar a la respectiva y pertinente terapia, por lo que la familia resuelve y aborda su situación como mejor puede y sin herramientas adecuadas en la inmensa mayoría de los casos.
Los bebés, siempre muestran conductas diferentes a sus hábitos durante un duelo de separación. Estas conductas, suelen ser ignoradas por los adultos, porque los sentimientos de los niños en nuestra cultura son percibidos como un asunto de menor importancia que en comparación a los sentimientos de los adultos, y se concibe al bebé como un ser que se acostumbra a cualquier cambio y separación sin requerir de mucha contención emocional.
Veamos cuales son las conductas que reportan los bebés en duelo y que deben ser muy tomadas en cuenta por el adulto significativo con quien queda el bebé después del fallecimiento de un adulto significativo o separación que debe tomar en cuenta toda la familia tanto materna como paterna con muchísima seriedad.

La primera sensación que el bebé siente es la de abandono. En este caso es común observar en los bebés comportamientos como:
• Búsqueda de la figura protectora.
• Llantos inconsolables.
• Rechazos a nuevas figuras protectoras.
• Alteración del sueño.
• Problemas en la alimentación.
• Irascibilidad
• Rabietas.
La ausencia de un adulto significativo o figura protectora ocasiona al bebé sentimientos y emociones de abandono, indefensión y des protección.
Lo principal es que cuanto antes el bebé vuelva a sentirse querido , y que el resto de la familia siga teniendo contacto afectivo con el bebé ya que es muy común que el niño sea distanciado, o el grupo familiar materno o paterno, se distancie del bebé, tanto en los casos de fallecimiento, como en los casos de separación por situaciones de índole personal o de pareja.
Se debe tener muy claro, que está demostrado en estudios de casos, que el bebé espera durante bastante tiempo la aparición de la persona con la que había creado ese vínculo afectivo. Por esto, es muy importante que cada miembro de la familia tanto materna como paterna, siga en contacto con el bebé para brindarle contención emocional que le ayude a elaborar con mejor éxito esa separación si es por la muerte de uno de los padres.
En caso de separación familiar, es importante, que el adulto que se va del hogar, siga visitando al bebé para que ese vínculo no se afecte, y este siga compartiendo afectiva-mente con el pequeño, pues no tiene sentido, que una persona viva, desaparezca de la vida de su hijo como si estuviese muerto, pues el daño emocional es peor, que el que se origina cuando la persona fallece.
Este bebé al crecer no podrá comprender porque estando vivo, una persona tan importante en su vida emocional luce como un semáforo intermitente y le ignora.
Es aquí donde aplica, que nos separamos de la pareja pero no de los hijos, que son los que más sufren en estos procesos sufriendo maltratos psicológicos irreversibles que afectan la salud emocional de los niños y su adecuado manejo emocional en su vida futura ante situaciones adversas de la vida a las que se enfrentará en la vida adulta.

A nadie le agrada ser ignorado y menos por sus seres queridos, lamentablemente nuestros niños en los procesos de separación son los más ignorados y maltratados en sentido emocional y psicológico y sistemáticamente el número de separaciones familiares sigue en aumento aunado a la realidad de que los padres y madres suelen continuar sus vidas con nuevas parejas y curiosamente, son las nuevas parejas en su mayoría las pertenecientes al sexo femenino quienes en la mayoría de los casos, no dan espacio afectivo adecuado a los hijos de la pareja de sus relaciones anteriores.
Curiosamente son las mujeres las que sufren el mayor índice de abandono por parte de los hombres y precisamente las mujeres son las que tienen mayor dificultad para aceptar a los hijos de su pareja producto de sus relaciones anteriores, y dato particular es que son los hombres quienes estadística-mente en mayor número abandonan a las mujeres y se desvinculan en la mayoría de los casos de sus hijos de sangre, para acoger afectiva-mente y con más éxito a los hijos de las mujeres con quien emprenden nueva vida .
En conclusión los hombres son más efectivos en abandonar a sus hijos de sangre y desvincularse de ellos en la mayoría de los casos, y acoger con más afecto a los hijos de la nueva pareja, y hacer por los nuevos hijos adoptivos lo que no hacen por los hijos de sangre y caso curioso es que son las mujeres quienes sufren la mayoría de los abandonos y quienes muestran más dificultad para acoger a los hijos de la pareja producto de anteriores relaciones acaparando la atención de la pareja para ella y sus hijos y obviando a los hijos de sangre de la pareja.
Al parecer los adultos desean recomenzar sus nuevas vidas sentimentales cual personas solteras sin pasado emocional para no tener inconvenientes maritales y de celos en su nueva relación afectando a los más indefensos y vulnerables los hijos que dejan atrás. Esta es una de las razones por las que podemos apreciar a tantos niños agresivos, y rebeldes o con poca capacidad para socializar, inseguros o tímidos que luego serán adolescentes rebeldes incontrolables o seres adultos con tendencia a la depresión y al suicidio.
Cabe la reflexión… La sociedad que tenemos es solo un reflejo del tipo de familias que tenemos y si no tenemos el tipo de sociedad que queremos, es que no estamos siendo el tipo de familia que se necesita tener una sociedad mejor.
Por eso es importante aprender que es vital para el adecuado desarrollo del niño desarrollar un El vínculo de apego positivo con el adulto significativo en caso de separación por problemas familiares o de pareja.
El apego es la palabra que ayuda a describir el vínculo afectivo existente entre el niño y el adulto. Ese adulto se convierte en su figura de referencia y apoyo, el que le da la seguridad suficiente para crecer. El apego se suele asociar a la relación con los padres, pero no solo se produce con los progenitores, sino que puede llevarse a cabo también con otros adultos como los educadores, cuidadores y familiares más próximos.
El vínculo de apego es un hilo invisible pero imprescindible que se forja de manera decisiva en los primeros años de vida del niño, cuando aún el razonamiento ocupa un segundo plano. Y de él depende en parte el desarrollo posterior de la personalidad. Eso es el apego, un elemento tan necesario como difícil de describir, que cimienta las bases sobre las que se construye el edificio de la educación y la formación en valores.

Un apego seguro y positivo es aquel que permite que el bebé se sienta seguro al mismo tiempo que adquiere cotas de independencia que le permitan crecer y madurar. ¿Por qué es tan importante que los niños sientan un apego seguro hacia sus padres? El niño nace totalmente desprotegido en cuanto a recursos propios. Lo que significa que necesita el apoyo de un adulto para sobrevivir. No tener ese apoyo de modo incondicional y afectivo derivará en sentirse desprotegido e indefenso ante cualquier situación de la vida que tenga que resolver. Desde la más básica, como puede ser la alimentación, hasta cualquier otra de mayor complejidad.
Construir un apego seguro desde que es muy bebé le irá ayudando a desarrollar su personalidad de modo sólido. Esto le permitirá ser capaz de tener iniciativa, de arriesgar ante situaciones nuevas, de intentar cualquier reto que tenga por delante porque sabrá que, pase lo que pase, tendrá el apoyo y la fuerza de sus padres cerca y en caso de que ambos fallezcan o uno de ellos ya no este físicamente para apoyarlo cuenta con la contención emocional de sus ramas familiares tanto materna como paterna para seguir adelante, aprender valores como la solidaridad, aprender a apoyar y sentirse apoyado y ser en el futuro de esos seres extraordinarios capaces de hacer de las dificultades de la vida el mejor momento para convertirse en mejores seres humanos.

Por este motivo es fundamental prestar atención, como padres o adultos significativos a la creación de estos vínculos afectivos sólidos y en caso de que los padres o alguno de los padres fallezca o se separe, seguir el contacto y vínculo afectivo con el bebé, de modo que consigamos llegar a un equilibrio en la crianza de los hijos y quizás en vez de estar apostando a la separación familiar y verla como una solución a los problemas de pareja y que estemos apostando al divorcio apostemos a la cultura de la terapia familiar para tratar de salvar la relación de pareja y no introducir personas extrañas y con poco sentido humano de sensibilidad y capacidad de acoger afectiva mente al bebé,
No puede existir un país próspero si las familias no son estables, de hecho los países con mejores índices de desarrollo económico son las que tienen el menor índice de divorcios familiares.
No podemos centrarnos solo en el afecto y las muestras de cariño, sino que también debemos establecer pautas de autonomía para ayudarles a crecer. No se les debe sustituir, pero tampoco exigirles que realicen ellos todo sin nuestra ayuda o presencia. El equilibrio está en darles pautas, ser un buen modelo para ellos y dejarles hacer estando siempre cerca por si precisan de nuestra ayuda.

Cuando no se produce un apego basado en la inseguridad y la inestabilidad, el niño desarrolla una serie de miedos e inseguridades que le harán actuar de modo desadaptado provocando situaciones de bloqueo emocional o reacciones de rebeldía importantes. Se generan personalidades débiles e inseguras que pueden llegar a remontar en la edad adulta cuando descubren, por sí mismos, herramientas para desenvolverse en la vida. Pero, generalmente, durante la niñez suelen crecer con esa carencia emocional provocada por la falta de apego.
Además, al no haberse sentido querido y no haber recibido muestras de cariño suelen ser niños más ariscos, introvertidos, oscuros emocionalmente puesto que no saben querer o mostrar ese cariño. Esto suele desembocar en dificultades en las relaciones sociales.
En el caso de familias separadas es importante actuar pensando siempre en el niño por encima de los intereses personales e individuales. Esto significa que es muy importante facilitar que ambos padres puedan tener situaciones de contacto y convivencia con cierta regularidad como para poder crear un buen vínculo de apego con cada uno de ellos.
El estar tiempo con los niños es una condición necesaria para poder desarrollar un apego, pero el tiempo no produce directamente apego. Es importante algo más. El comportamiento por parte del adulto es crucial para generar un tipo de apego u otro. Por lo tanto, en casos de separación es importante ciertos momentos de convivencia pero, además, la actitud de los padres debe ir orientada a lograr el apego.
Otro aspecto interesante que hay que resaltar en estas situaciones es que los padres deben respetar y potenciar el apego del otro padre. Al existir desavenencias y tensiones entre ambos, resulta común criticar o hablar mal de la ex pareja y, por tanto, alejar al niño de uno de sus padres. Esto perjudica directamente al niño, puesto que influye en los vínculos de apego provocando las consecuencias negativas de su carencia.
El apego no se produce exclusivamente con los padres, sino que se desarrolla con todas las personas adultas que generan una seguridad y estabilidad emocional en el niño de modo continuado en el tiempo, ayudando esta seguridad a un buen crecimiento y desarrollo personal.
Por este motivo, es vital una toma de conciencia de los padre y la familia en general y que en las escuelas infantiles, los profesores, especialmente aquellos que asumen un papel protagonista, como pueden ser los tutores y que suelen desarrollar vínculos muy grandes de apego con los niños colaboren en la orientación y contención emocional de los padres en ese entorno, y sea el profesor una figura de referencia. Lo mismo sucede con una cuidadora o cualquier otro adulto que asuma un cierto protagonismo con los niños cargado de afecto, apoyo y ayuda.
De esta manera tendremos mejores adultos en el futuro, familias más equilibradas y madurez en sentido emocional e instituciones mejor dotadas de herramientas para orientar a la familia y en consecuencia tener la sociedad y el país que deseamos.

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lisbeth rodriguez

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