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El eclipse del sujeto



El eclipse del sujeto - Ciencia

El eclipse del sujeto. Durante la Edad Media y la Moderna, especialmente con Descartes y Locke, el individuo fue dominante. Es tan fuerte esta tendencia que para el pensamiento católico el ser humano es persona desde la concepción y continúa siéndolo como alma separada, aunque haya perdido todo lo corporal (solo para el tomismo el alma separada no es persona sino que vuelve a serlo al unirse a su cuerpo en la resurrección). John Locke, padre del liberalismo político, defenderá los derechos individuales y el cartesianismo declara que de lo único que tenemos certeza es de la existencia del yo.

Pero ya en el siglo XIX Hegel desconfía de ese yo: “Únicamente la colectividad es el verdadero hombre concreto. El individuo es una abstracción hipostasiada por el entendimiento. La realidad humana es supraindividual y total… En una palabra, el espíritu de un pueblo, la historia, la religión, el grado de libertad política no pueden considerarse aisladamente, están unidos de manera indisoluble”. Marx agregaría que el individuo es el conjunto de relaciones sociales y que es el ser social quien determina la conciencia, no la conciencia al ser social.

Para Nietzsche no hay ningún yo en el sentido usual de la filosofía tradicional que planifique por detrás de las resoluciones y decisiones. Nietzsche habla de la falsa substancialización del yo. De nuevo va en pos de las huellas doctrinales de Schopenhauer y de nuevo se muestra aquél como alumno independiente, con personalidad propia. Ya para Schopenhauer el «yo» es una cosa sospechosa. Desconfía sobre todo de la unidad del yo que normalmente se acepta y afirma

como obvia. Su desconfianza lo conduce a un descubrimiento filosófico. Schopenhauer se precia de ser el primero en haber visto que el yo es algo divisible. No es una unidad originaria, sino que consta de dos componentes, a saber, voluntad y conocimiento.

En el siglo XX, la filosofía continúa deconstruyendo al yo. Traduzco unos textos sobre el tema de la obra La Philosophie, de EDMA: “El estructuralismo, que parece haber invadido bruscamente el campo del pensamiento filosófico, había sido preparado, por una parte, por la psicología de la Gestalt, la cual establece que los organismos vivos no regulan su comportamiento mediante estímulos aislados, sino a partir de relaciones que estructuran su campo perceptivo (no se percibe una nota, sino la melodía), por otra parte, por los lingüistas (Ferdinand de Saussure, el Círculo de Praga) para quienes la lengua es un sistema cerrado, en que ninguno de sus términos tiene sentido más que por sus relaciones con el conjunto.

Lo más importante en esta perspectiva es que el sistema de la lengua es una estructura admirablemente ordenada, pero que no debe nada a la invención humana. El lenguaje siempre ha estado allí para el hombre y se le impone. A la pregunta, ¿quién habla?, es preciso responder: no el hombre, sino el lenguaje.

Sobre este modelo, el etnólogo Claude Lévi-Strauss va a construir su explicación de los sistemas de parentela en las sociedades arcaicas. Tras descartar toda interpretación psicológica o sociológica, busca las estructuras, es decir, va a considerar el conjunto de comportamientos humanos como un sistema cuyos elementos (costumbres, instituciones, creencias…) no tienen significado más que en sus relaciones y oposiciones. Estas estructuras de la parentela, mitos, alimentación, etc. que regulan las conductas de los individuos y los grupos, no son conscientes ni directamente observables. Al igual que el lenguaje, se imponen a los hombres desde fuera, pero como el lenguaje, son combinaciones lógicamente ordenadas. Se llega, con Claude Lévi-Strauss, a la noción de estructuras lógicas preexistentes, a un pensamiento que piensa fuera de la conciencia y que el cerebro humano recibe como si fuese un ordenador que recoge un programa.

El eclipse del sujeto se confirma con la interpretación que da Jacques Lacan a Freud. Para él, el psicoanálisis no trata con fenómenos biológicos o psicológicos individuales. Versa enteramente sobre el lenguaje del inconsciente. Sueños, lapsus, neurosis, actos fallidos… son los significantes que es preciso descifrar.

En 1968, Michel Foucault publicó Las palabras y las cosas. Foucault se entrega a una indagación sobre el subsuelo impensado de los hombres, que contiene el principio ordenador del saber de una época. La filosofía llama episteme a este campo que determina las condiciones de posibilidad del pensamiento de un tiempo dado. Las epistemes constituyen estructuras, sistemas coherentes. En el renacimiento, las cosas se ordenaban de acuerdo con su semejanza o parecido. En el siglo XIX la historia penetra en el corazón de las cosas…” Para resumir, el pensamiento no es algo privativo de un sujeto dotado de alma racional o de cerebro… Así como a nivel celular hay genes estructurales que dan sus características al organismo, mientras otros genes regulan los procesos de replicación, transcripción y traducción en un sistema ordenado que podríamos calificar como inteligente, así las sociedades y las épocas (así como también lo hacen los rebaños, las bandadas, los cardúmenes e incluso los bosques, según algunos biólogos) se organizan de manera inconsciente, independientemente del pensamiento de cada individuo.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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