Literatura

El Esbozo Del Diablo

El Esbozo Del Diablo - Literatura

Está es la historia de Caleb Sawyer afamado y reconocido pintor de un estilo barroco, oriundo de Boston, Massachusetts. Sus servicios fueron requeridos por un presbítero en la ciudad de Salem —ciudad ampliamente conocida por la cacería de brujas— para un trabajo.
Caleb viajo hasta esa ciudad. A su llegada se hospedó en una posada e inmediatamente se dirigió a la dirección que le habían proporcionado. Arribo a la capilla de “San Miguel Arcángel», ahí ya le esperaba el padre James Fitzgerald. Quien le dio indicaciones del trabajo que deseaba.
Así fue que le pidió hiciera una pintura al óleo de San Miguel Arcángel siempre victorioso, blandiendo su reluciente espada contra un Satanás; vencido, humillado y en una postura de cobardía. Rehuyendo temeroso del soldado de Dios. El padre termino de dar sus respectivas indicaciones y se marcho, Caleb preparo su instrumental; extendió el lienzo sobre el bastidor, para posteriormente montarlo al caballete. Pues bien, comenzó a realizar sus trazos pero cuando llego el momento de pintar a un Satanás débil y con una aparente cobardía, Caleb decidió pintarlo muy diferente —a como lo había encargado el sacerdote— y por el contrario, lo pinto con una gallarda bravura dándole una feroz batalla a su contrincante. El trabajo estaba terminado, fue a por el padre Fitzgerald. Pero aquel clérigo no esperaba lo que sus ojos verían, en la pintura se apreciaba al Diablo; valiente, altivo y portentoso. El padre le hizo ver los errores, sin embargo, y muy a su pesar le pago lo convenido y le instó a que se marchara.
En las prisas guardo todo su material, a excepción de un pincel que dejo olvidado allí.
Caminando por la negra espesura de la noche —con rumbo a la posada donde se había hospedado, de manera repentina salió a su camino una mujer que vociferando e increpando a Caleb, lo señalo como un vulgar ladrón. Los gritos de aquella infame fémina no tardaron en hacer eco entre los habitantes de Salem. Una turba enardecida se dejo ir contra el pintor a quien sujetaron y sometieron; sin siquiera darle el beneficio de la duda, se internaron en el bosque, en donde planeaban quemarlo vivo por su fechoría. Aquella mujer que lo acusaba se empezó a apartar de la caterva de energúmenos, sonriendo y agitando en su mano dinero que pertenecía al pintor. Los suplicios de Caleb fueron en vano, ya se disponían a prenderle fuego cuando de entre la espesura de aquel bosque emergió un hombre… Un hombre ataviado elegantemente, con una gabardina y un Homburg sobre la cabeza, vestía todo de negro. Aquel misterioso hombre les explico que la única culpable era la misma mujer que los instigó en contra del pintor. Con un poder de convencimiento increíble los rijosos creyeron en las palabras de aquel hombre —salido de entre las tinieblas—, y se marcharon en busca de la maquiavélica mujer.
Quedándose solos Caleb y su inesperado salvador, a quien agradeció por salvar su vida de una muerte segura. El hombre misterioso le dijo algo que dejo pétreo al pintor —soy yo quien te agradece por pintarme de manera fiera ante Miguel Arcángel—, acto seguido extendió su mano hacia Caleb y le entrego el pincel que había dejado olvidado en la capilla… Y antes de esfumarse le esbozo una sonrisa.

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Acerca del autor

Edgar Philips King

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