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El falso feminismo por bandera



El falso feminismo por bandera - Sociedad

Tenía una amiga de esas que no te planteas por qué lo es. Esas amistades que surgen en la infancia a base de primeras vivencias en común. Un primer amor, un primer suspenso, una escapada de casa, el primer pintalabios, el primer hurto, el primer cigarro… Ese tipo de amistades en las que conoces bien la parte oscura de la persona, pero está implantado en ti el quererla, no te cuestionas su presencia en tu vida como algo bueno o malo, simplemente siempre estuvo ahí. Pero, mirando atrás, nada me sorprende. Y es que yo la conocí en el patio del colegio precisamente…porque me pegó.
Siempre fue de carácter difícil. Traviesa de niña, caprichosa de adolescente y manipuladora de adulta. Siempre apuntó maneras. Era de esas personas que buscaban conflicto pero también conquistaba a todos con su humor y esa seguridad que, solo yo como mejor amiga, sabía fingida.
Comenzó una relación en la adolescencia que duró unos quince años. Desde bien jóvenes a menudo presencié escenas de celos infundados, reproches infantiles, chantajes emocionales y manipulaciones. Recuerdo que en aquella época nos parecían tonterías, recuerdo la frase ‘Es que ella es así’. Recuerdo no darle importancia, parecerme el comportamiento normal de una mujer en aquellas edades; caprichosa, juguetona y volátil. Además él ya era un hombre cuando ella aún era adolescente por la pequeña diferencia de edad que tanto se nota en la adolescencia.
Durante unos años perdimos el contacto y, al retomarlo, ellos estaban infelizmente casados. Encerrados en una relación construida, año tras año, en base a un cariño más parecido al fraternal que al conyugal y a una dependencia mutua. Ella dependía emocional y económicamente de él. Era una situación en la que siempre se sintió demasiado cómoda al mismo tiempo que le impedía crecer como persona con las trabas habituales que te presenta la vida. Se sentía protegida por él, cobijada en algo que ella misma controlaba. Él dependía del cariño y el sentimiento arraigado de protección que siempre tuvo hacia ella. Pero, sobretodo, era el miedo a las posibles represalias a través del hijo en común lo que le encadenaban, empapado de miedo.
¿En qué desencadenó todo esto? En una infidelidad. Injustificada, por supuesto. No existe motivo que justifique algo así. Pero ocurrió. Porque por miedo a decir “Ya no te quiero” terminó teniendo que decir “Quiero a otra”. Fue fatal.
Imaginad la escena. Esta mujer recibió la noticia de muy malas formas. Tan malas que terminó en agresión. Bueno, después de más de una década de matrimonio podría comprender el momento de ira de “Me has engañado”, nadie sabe cómo reaccionaría ante algo así hasta que se lo encuentra. Pero el caso es que hubo agresión y un breve forcejeo por ambas partes cuando él intentó salir de casa. Tras ese pequeño momento, ella simplemente contactó con las autoridades, cerró con llave y lo retuvo allí hasta que llegaron.
No, no estuve allí. Pero le creo. Le creo porque ya la había visto aprovecharse de otras personas. Era una cría y ya ejercía maltrato psicológico a su alrededor, una servidora incluida. Siempre abusó de los demás. Le creo porque la he visto agredirle desde que éramos unos chavales. Insultarle, ridiculizarle, broma aquí broma allá… tan chiquitita ella, tan grandote él… Todo era un juego. Y nosotros nos reíamos. Hace veinte años, con apenas quince, nos reíamos con su actitud infantil y caprichosa, y con la sumisión de él. ‘Anda que Fulanito tiene el cielo ganado con Menganita’, decíamos.
Se lo llevaron detenido y pasó el fin de semana en el calabozo. Ella denunció por violencia de género y recibió todo el soporte gubernamental que esto supone, incluido seguir viviendo en una casa que pagaba él además de un trabajo (sin tener experiencia de absolutamente nada, por cierto) en el que apenas se presentó unos días. Porque ella no quería trabajar; le parecía muy injusto que porque él se hubiera largado con otra ahora a ella le tocara trabajar. Tal cual.
No sé que habrá sido de ella hoy, cuatro años después de esto. Tras este episodio corté relación. Y decidí hacerlo cuando los policías que la escoltaron a comisaría declararon en el juicio haberla escuchado decir en el coche “Se va a cagar ese cabrón, por ponerme los cuernos, por hijo de puta, se va a cagar…”. Incluso declaró que en una ocasión la había forzado a tener relaciones sexuales.
Durante los meses de espera por el juicio, ella salía por el pequeño pueblo en el que vivían a rondar por las zonas de trabajo de él para, cuando se lo cruzaba, poder llamar a las autoridades y acusarlo de infringir la orden de alejamiento. Eso dicho por ella, tal cual, convencida de que obraba bien en su venganza, de que me parecería lo más lógico del mundo.
Consiguió su venganza que, por otro lado, ya había planeado desde la frialdad. Porque ella ya lo sabía. Solo esperó el momento perfecto hasta que un viernes lo instigó a confesar sabiendo que, si se lo llevaban preso un viernes, pasaría el máximo de tiempo posible en el calabozo. Así, desde la frialdad.
Finalmente la verdad fue demostrada y él pudo ver a su hija. Pero, conociendo a la que fue mi amiga, seguro que ni eso le pone fácil, por mucho que un juez la obligue. Y es que, si quieren, tienen el poder. Y existen, si, chicas, no lo neguemos, existen ese tipo de mujeres, y muchas más de las que nos gustaría admitir. No interesa, claro. Y son este tipo de mujeres las que realmente están jodiendo a los demás. A ti, que te maltratan o a ti, que temes dejarla por las represalias que pueda tomar. Esas mujeres que se valoran tan poco en el fondo que lo único que saben hacer es vivir de unos y de otros, cual garrapata. Y, si se acaba el chollo, siempre se puede vivir del Estado. Gracias, chicas, habéis hecho de la lucha por la igualdad y de la larga batalla de la violencia de género un juego, una herramienta más en vuestra patética existencia.
Lo que más lamento es el ejemplo que esa niña va a tener y al pobre muchacho al que le toque pagarlo. Y es que, por ser su madre, pese a todo, demostrada la falsa denuncia y las buenas intenciones de él, pese a su trabajo estable y su vida tranquila… ese hombre sigue viendo a la cría apenas un par de veces al mes mientras ella la envenena contra él.

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Acerca del autor

Elia Rios

1 comentario

  • Eso no es falso feminismo por desgracia, sino feminismo a secas. El fuego no empieza a ser fuego cuando arde toda la casa, sino que es fuego desde que está en la punta de una cerilla. El feminismo lleva casi doscientos años encendiendo cerillas y esparciéndolas; y el incendio ha ido a más al tener condiciones favorables. Te invito a que leas cómo pensaban las primeras feministas, y verás que ya en sus discursos estaba la demonización de los hombres, los dobles raseros, la idealización de las mujeres como mártires inocentes, o el impulso de «cambiar el mundo», es decir, hacer que el mundo cambie a su gusto, con violencia si es necesario como predicaba la Pankhurst. El feminismo nunca fue bueno, en ninguna variante. Los logros favorables a las mujeres son consecuencia del pensamiento post-cristiano e ilustrado y de las transformaciones derivadas de la revolución industrial. Las feministas no han contribuido positivamente a ese proceso; sólo lo han parasitado y transformado en caballo de Troya de los lobbies e intereses anti-democráticos y anti-civilizados.

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