Historia

El Galo Brenno Y El Asedio Del Capitolio

El Galo Brenno Y El Asedio Del Capitolio - Historia

La Ciudad Eterna permaneció a salvo de conquistadores extranjeros durante ochocientos años. La última ocasión en la que Roma había sufrido un ataque de los bárbaros había sido el 387 a.C., cuando el jefe galo Brenno incendió Roma. El Capitolio, defendido por las principales familias patricias, resistió un terrible asedio de seis meses. Finalmente, Brenno impuso un fuerte rescate y se retiró.

A inicios del siglo IV a.C., cuando los denominados galos por las fuentes romanas, protagonizaron una invasión en toda regla y comenzaron por arrasar numerosas ciudades etruscas de la zona padana y en el 390 a.C., según la cronología latina tradicional, aunque la griega, que sitúa esta invasión en el 387 a.C., parece ser más acertada.

La tradición romana alude a un relato, que podemos calificar de ficticio, para justificar el ataque galo contra Roma. Según ella, Brenno atravesó los Apeninos y puso sitio a la ciudad de Chiusi que, abandonada por el resto de las ciudades etruscas, pidió ayuda a Roma, y ésta no dudó en concedérselo. No parece creíble, ni que Chiusi solicitara la ayuda de Roma, pues existían numerosos episodios de enemistad entre los etruscos y Roma, ni que Roma se inmiscuyera, en una época tan temprana, en asuntos que estaban tan lejos de su territorio (Chiusi dista más de 150 km de Roma).

Lo cierto es que el ejército de Brenno, probablemente sabedores de la importancia que Roma había adquirido en los últimos años, al ampliar su territorio a costa de Vetes, y someter a otras tribus vecinas, decidieron que aquella era la ciudad a conquistar, por riqueza y poder. Abandonando Chiusi se dirigieron contra Roma. Quinto Sulpicio Longo, tribuno militar con mando consular, salió al encuentro de los invasores con un poderoso ejército, aunque mucho menor que el galo según la tradición. Las tropas romanas sufrieron una derrota sin paliativos, junto a uno de los afluentes del Tíber, el Allia, a poco más de 15 km de Roma. El ejército se dispersó, refugiándose una parte en Veyes, que había sido colonizada por ciudadanos romanos tras su conquista, y otra en la misma Roma.

Las defensas romanas eran insuficientes para contener el asedio, y los ciudadanos se prepararon para defenderse en el Capitolio, abandonando a su suerte el resto de la ciudad, que fue saqueada e incendiada por los galos. La zona del capitolio fue cercada y el asedio duró más de medio año.

Durante este asedio, la tradición señala otro de los hechos que están marcados con letras de oro en la historia de Roma y que ha sido innumerablemente reproducido por el arte. Los galos, deseosos de conquistar el Capitolio, mandaron a un grupo reducido, que de noche logró escalar la montaña silenciosamente, hasta el punto de que ni siquiera los perros se despertaron, pero un grupo de ocas, que vivían en el templo de Juno, les oyeron y dieron el graznido de alarma. El primero en reaccionar fue Marcio Manlio, quien rechazó a los galos mientras llamaba a la lucha a sus compatriotas. Estos unidos desbarataron el peligro.

A pesar de este episodio heroico, cuya veracidad es más que dudable, aunque no del todo improbable, la situación de Roma era muy delicada y solamente lograron levantar el sitio mediante el soborno de mil libras de oro, que entregaron a los galos para que se retiraran de la ciudad y respetaran lo que quedaba de ella, la mayor parte de los templos incluidos.

Marco Furio Camilo pasó este tiempo en Veyes organizando una expedición de socorro para liberar el Capitolio. En el nuevo ejército había conseguido que se integraran un considerable número de aliados, procedentes de las ciudades latinas y de Caere, que también se sentían amenazadas por el peligro galo. Había sido nombrado dictador cuando se enteró de la retirada de los galos hacia el norte, salió a su encuentro para cortarles el paso. La tradición hace de la batalla una important victoria para Roma, en la que hizo numerosos prisioneros y recuperó parte del botín saqueado. Probablemente los galos pensaban más en disfrutar de lo conseguido que en plantear nuevos enfrentamientos, y la supuesta batalla no debió ir más allá de una breve escaramuza, con alguna parte desgajada o retrasada del ejército galo.

No obstante, la ciudad subsistió, y Camilo, si bien no derrotó realmente a los galos, rindió un gran servicio. Con la ciudad en ruinas, los romanos discutieron si no era mejor trasladarse a Veyes y comenzar allí de nuevo, en lugar de permanecer en una ciudad que los sucesos recientes parecía haber convertido en un sitio de mal agüero.

Camilo se opuso a esto con todas sus energías, y su opinión prevaleció. Los romanos permanecieron en Roma y Camilo fue saludado como «el nuevo Rómulo» y segundo fundador de Roma.

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Acerca del autor

Alejandro Vides

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