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Política

El Gigante En Su Laberinto

El Gigante En Su Laberinto - Política
La probable victoria de la ultraderecha en los comicios de este domingo en Brasil significa el incómodo reencuentro del país consigo mismo

Según pronostican todas las encuestas, el candidato ultraderechista Jair Bolsonaro se impondrá en la votación de este domingo en Brasil. Si se cumplen todas sus amenazas autoritarias, el gigante latinoamericano se verá sumergido en una era de gran incertidumbre, con consecuencias imaginables para su joven democracia, de poco más de tres décadas.

Lo que está ocurriendo en Brasil es complejo. Grosso modo, sus raíces más profundas hay que buscarlas en la esquizofrenia de una sociedad que siempre se ha visto a sí misma como cordial y amable, pero que nació para el mundo como una formación brutalmente violenta, la última nación occidental en abolir la lacra de la esclavitud. El peso de la herencia esclavista ha marcado profundamente la psique colectiva nacional y ha resistido de manera extraordinaria a todos los avances que ha tenido el país en el transcurso de su historia, naturalizando y convirtiendo la inequidad, la violencia, el racismo y la intolerancia en el pan de cada día. En estos días, los que se asombran frente al apoyo que viene cosechando Bolsonaro con su discurso extremista deberían recordar el barro del que fue forjado Brasil, y cuán vivas están las profundas inercias históricas de una sociedad tan desigual e injusta.

Pero el laberinto al que Brasil está a punto de ingresar tiene también razones más inmediatas y menos sutiles. En una carta divulgada recientemente, el ex presidente brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva revela que no comprende las razones de tanto odio hacia su partido, el PT. Y escribe: “Soy consciente de que hemos hecho lo mejor para Brasil y para nuestro pueblo”. El ex mandatario sigue empecinado en negarse a reconocer que Bolsonaro es una costilla de su partido, y que su probable éxito electoral es una consecuencia nefasta de los anticuerpos que fue generando el PT en la sociedad brasileña a lo largo de sus años en el poder. En lugar de una autocrítica, Lula insiste en la idea de una conspiración organizada con el fin de destruir su imagen y la de su partido, con tal de “reescribir la historia y borrar la memoria del pueblo”. Según esa lógica, todo está perfectamente encajado como un gran rompecabezas en el que están mancomunados todos y cada uno de los que se prestan a criticar el PT: los grandes medios de prensa, el Ministerio Público, la Justicia, el gran capital, en suma, la “derecha”.ag

Condenado en primera y segunda instancia, Lula tuvo varios pedidos de libertad negados por los altos tribunales brasileños, que una y otra vez reafirmaron su condena por corrupción. Aún así, al ex presidente le cuesta comprender cómo el rechazo a su figura y a su partido se convirtieron en la fuerza política más poderosa e imbatible de estos comicios de 2018, y que según todos los pronósticos será responsable por llevar al poder a la derecha más estúpida, necia y rastrera. No puede comprender, por ejemplo, por qué el pueblo se resiste a aceptar el hecho de que en su gobierno el gigante petrolero Petrobras fue entregado a una colusión de delincuentes de cuello blanco que reunió a burócratas, políticos y contratistas en un pillaje jamás visto en la historia del país. O que en su gobierno se puso en marcha un engranaje inédito de compra de votos en el Parlamento brasileño a cambio de apoyo político. Porque sí, corruptos los hay de derechas y de izquierdas, y el PT se comportó en el poder como un prototipo cuasi ideal de maquinaria política al servicio de la corrupción.

Los errores de un partido y su líder que durante mucho tiempo fueron identificados como voceros de las grandes esperanzas de Brasil se agrandan al ser cotejados con la responsabilidad histórica que se adjudicó el PT como un defensor intransigente de la democracia y de la ética en la política, pero que una vez en el poder hizo mella de su discurso, se mofó de las instituciones y se corrompió a diestra y siniestra. Al revivir y pactar con lo más nefasto y pernicioso de la tradición brasileña –tanto por la vía de la acción como de la omisión– el PT incubó el huevo de la serpiente que está a punto de romper el cascarón este domingo.

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HELBERT LOPEZ SANGUINO

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