Historia

¿el Gobierno Miente? Parte 5 (Teléfono Rojo)

¿el Gobierno Miente? Parte 5 (Teléfono Rojo) - Historia

-¿Hola?-En esta ocasión fui el primero en hablar, aunque tardé mi tiempo en contestar, me sentía más seguro, más estable, por decirlo de alguna manera.

-Veo que te has decidido a atender el teléfono, ¿Eh?-Se burlaba de mí.

-¿Quién eres?

-Eso no importa.

-Sí que importa, no hablo con extraños.-Respondía, sin duda estaba más enérgico que de costumbre.

-Dije que no importa.

-Nombre o cuelgo.

Durante un breve periodo sólo se escucharon unos leves sonidos de respiración por el parlante, creía que lo había acorralado, y también sentía que estaba avanzado a pasos agigantados el desarrollo de mi personalidad. ¿Me estoy convirtiendo en un héroe?, no, y espero no empezar a creerlo, de paso, ¿Qué es ese raro olor? seguramente proviene de algún lugar de esta asqueroso habitación, tendré que investigarlo.

-Si te complace, puedes llamarme teléfono rojo.

-¿Teléfono rojo?

-Sí, confórmate con eso, porque eso es todo lo que tendrás, y créeme… (hace una pausa, en la cual puedo escuchar que se ríe) te conviene escucharme.

Ese “Apodo”, ya que sin duda no era un nombre, no me convencía, no me gustaba en absoluto, pero también sabía que no me convenía pasarme de la raya con un sujeto que sabía más que yo.

-Sí, está bien, es mejor que nada.

-Así me  gusta, no te preguntaré tu nombre, de igual manera es sólo cuestión de tiempo para saberlo. Por si no te has dado cuento, te estoy siguiendo, particularmente, sigo ese ordenador.

-¿Por qué el ordenador?

-No te hagas el tonto conmigo, sabes muy bien qué contiene.

No podía discutir contra eso.

-Bien, continúa, dime qué sabes al respecto.-Decía, tratando de demostrar firmeza.

-¿No te interesa saber como fue que te localicé?

-No, ya lo sé. Investigando por el ordenador, me di cuenta de que tiene muchos protectores de seguridad, desactivé todos ellos, pero llegué tarda al más importante, y ese es el que manda una señal cuando se utiliza. Fue bastante astuto, tengo que decirlo, haberlo escondido en una memoria desconectada, como no sabías que tenía, no podías saber que al hacerlo enviarías una señal, y lo fue todavía más, el hecho de que en el preciso momento en el que la conectaras, y encendieras el equipo, sería el momento en que la activarías. He visto ese truco antes, pero generalmente se pone en determinados programas infectados, que el usuario activa desconociendo su procedencia, no en uno que se active solo por conectar una memoria y encender el ordenador. Muy astuto, sin duda.

-¡Vaya!, ya no pareces el mismo tipo que tartamudeaba hace poco. Es bueno que estés al tanto de eso, ya que doy por hecho el que sepas que te estoy observando en este preciso momento.

Intenté hacerme el entendido, pero me tomó por sorpresa.

-¿Por qué yo?

-No te creas especial, realmente esperaba hablar con la mujer dueña original del ordenador. Pero tendré que conformarme contigo.

-Pues parece que sí.

-Bien, me gusta que estés tan dispuesto a tomar riesgos que desconoces.

Algo extraño estaba pasando, ese tipo tenía razón. Qué demonios me estaba pasando, parecía que soltaba la primera palabra que me venía a la cabeza, sin hacer muchas preguntas.

-Mira “Teléfono Rojo”, es hora de que nos entendamos, no estoy diciendo que vaya a hacer nada, pero sí quiero saber qué pasa.

-Si buscas que nos entendamos, deja que te diga una cosa, tú ya estás en un gran lío, y tú, trabajaras a la par conmigo, porque no te queda de otra. Sabes la verdad del asunto, y no es algo que puedas negar, y mucho menos, negociar. Nada de lo que tienes importa lo suficiente para ellos, ni siquiera tu vida, y es lo único con lo que en verdad cuentas, al menos por ahora.

-Y qué si la muerte no es más que otra ilusión creada por ellos.

-¿Quieres arriesgarte?-Me decía.

Para estas alturas ya estaba jodido, cuando digo jodido, me refiero a cagado de miedo. Él sabe que yo estoy acorralado, y lo que es peor, yo lo sé. Como él dice, no es negociable, al menos no si quiero seguir con vida, ya que no quiero jugar a la ruleta rusa, para después, cuando sea muy tarde, darme cuenta que estaba equivocado. La vida no es una ilusión, quizá como mucho, la ilusión sea la interpretación de la misma.

-Entiendo, bien, pero qué quieres que haga.

-Ya te diré, por cierto, no lo preguntaste, pero hay un detalle curioso con el nombre que te di.

-Cuál.

-Te estoy enviando un Teléfono rojo, es pequeño, y si lo sabes ocultar bien, podrás llevarlo puesto todo el tiempo en tu oído y nadie se dará cuenta. Desde ahora en más, recibirás llamadas por ahí, claro, sólo llamadas mías.

-¿Por qué? ¿O para qué?

-Son casi la misma pregunta, y tienen la misma respuesta, te daré información por ahí. Espera ahí, no salgas, y no hables con nadie, llegará pronto. Nos vemos.

-¡Espera!-Fue en vano, había colgado. Y volvía a sentirme como un maldito idiota nuevamente.

 

Final de ¿El gobierno miente?

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