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El Grave problema de la Gravedad. Segunda Parte. Cuando la física raya en la metafísica.

El Grave problema de la Gravedad. Segunda Parte. Cuando la física raya en la metafísica. - Ciencia

Es sorprendente como los cuerpos del sistema solar, según la mecánica relativista, se hunden y mueven por los canales del “tejido del espacio”, de modo muy a similar a como los astros de Aristóteles cabalgaban cada uno en sus esferas compuestas de Éter: “El Éter es el que arrastra o pone en movimiento circular a la Esfera, porque, según Aristóteles, al Éter corresponde como una propiedad el tipo de movimiento  perfecto que es el circular”. (García, “Fragmentos Filosóficos de los Presocráticos”, pág. 275).  Al parecer, Nikola Tesla retomó este mismo “Éter” de los antiguos, pero le confirió propiedades electromagnéticas:

“El Éter de Tesla es un gas enrarecido que tiene elasticidad extrema. Permite a la materia ponderable pasar casi libremente a través de él, las olas en ella son ondas electromagnéticas y las fuerzas electrostáticas, gravitatorias y magnéticas están directamente relacionados con el éter”. (Munsey).

Incluso Tesla creía haber descubierto un “principio” muy importante, según el cual: “No hay energía en la materia que no sea recibida del medio ambiente” (ibídem). O sea, del mismo Éter. Tal principio coincide con las propiedades energéticas del espacio, al que la cuántica denomina “energía de vacío”:

“El espacio del universo, que se nos presenta como si estuviera vacío, en realidad es una fermentación de partículas sub-atómicas existentes hasta en forma potencial solamente…En última instancia, a su nivel más reducido, el universo es una aglomeración de campos cuánticos de energía”. (Davies, “La Súper-Fuerza”, 1988).

Se especula que la “energía de vacío” sea responsable de la “energía oscura” y que esta, a su vez, se convierta en “materia oscura”. Pero en realidad desconocemos la naturaleza de esta “energía-materia no másica” (por eso se llaman oscuras), y la verdad es que sólo se detectan fuerzas gravitacionales, que en ciertas regiones contraen a las galaxias (materia oscura), pero otra fuerza invisible (energía oscura) expande aceleradamente al mismo espacio, provocando que las galaxias se alejen. Otros físicos teóricos asumen que no existen tales entes oscuros y que pueden existir otras explicaciones (Ver 1ra Parte). Pero ese espacio y su fuerza, -concebido en la antigüedad como Éter y luego como un “tejido” flexible-, son todavía de naturaleza desconocida, salvo algunas explicaciones cuánticas como la “Gravedad cuántica de bucles” o la “Teoría de cuerdas”.

Debido a que el espacio está lleno en un 95 % de energía y materia “oscuras”, desconocidas, (que producen fuerzas atractivas y repulsivas), éste sigue siendo para el hombre lo que siempre ha sido: un ente metafísico. Cuando lo física llega a esos límites extremos llamados “Singularidades”, donde las leyes existentes ya no sirven y los físicos no tienen la menor idea de lo que sucede, entonces se llega a territorios metafísicos, extra-dimensionales, y la misma física se vuelve metafísica. El mismo Tesla, que lidiaba con ideas metafísicas como el Éter, llegó a decir que los defensores de la Relatividad de Einstein “no son más que metafísicos disfrazados de científicos”. El caso es que mientras estas hipótesis cuánticas no se comprueben experimentalmente, se convierten en lo mismo que la gravedad, en una ilusión.

El físico Stephen Hawking afirmaba que “no existe una teoría de la gravedad”, lo que equivale a decir que, al existir varios modelos, no hay un consenso científico sobre lo que la gravedad, en esencia, es. Es decir, no se sabe exactamente porque se produce y sólo hay teorías que explican su comportamiento. Al cabo de 332 años de la declaración de Newton, (en el epígrafe de la 1ra Parte), y  a pesar de todas las teorías, “todavía no hemos asignado la causa de este poder” y no está claro que la gravedad sea una fuerza “fundamental”; por consiguiente, continúa siendo un fenómeno misterioso, una fuerza extraña, metafísica, o, si se prefiere, una  ilusión.

Mientras no se sepa que es la gravedad, la causa de su fuerza, no se hallará la “Teoría del Todo”, la unificación de las cuatro fuerzas. Por la misma razón, el mismo Einstein no la consiguió, porque su teoría no explica la causa, sino los efectos macroscópicos y cósmicos de ésta. Sí, por ejemplo, la gravedad fuese de naturaleza cuántica, como las otras fuerzas fundamentales, ya se habría conseguido dicha unificación. Entonces no sería necesario conciliar la Mecánica Cuántica con la Relatividad General, y cada modelo se limitaría a explicar, respectivamente, los fenómenos atómicos y los macroscópicos.

Einstein dijo una vez que: “El mejor destino que le puede tocar a una teoría es pasar a ser considerada como un caso particular de otra teoría más general”. Pues bien, lo más probable es que todas estas hipótesis y modelos de la gravedad, incluidos los de Newton y Einstein, no sean sino casos particulares de una mecánica general de la gravedad, que debe convertirse, algún día, en una Teoría General de la Gravedad, que abarque tanto la gravedad másica, como a la no másica. Los físicos presentes y futuros tienen mucho material teórico para trabajar, y quizás resolver, este grave problema.

Menudo reto.

 Referencias Bibliográficas.

-En libros:

Charon, J. (1967), De la física al hombre, Madrid, Ediciones Guadarrama S.A.

Davies, P. (1988), La Súper-Fuerza, Barcelona, Salvat Editores, S.A.

Einstein, A. (1995) Mi visión del mundo, Editorial Fabula Tusquets.

García Bacca, J. (1955), Fragmentos Filosóficos de los Presocráticos, Traducción y selección. Caracas: Universidad Central de Venezuela.

Newton, I. (1687), Principios matemáticos de la filosofía natural.

 

 

 

 

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Wilmerfilo19

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