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El Hombre Mas Fuerte, Dejo De Serlo

El Hombre Mas Fuerte, Dejo De Serlo - Sociedad

Hola, queridos lectores Setenáis, hoy les vengo a relatar “El hombre más fuerte, que se volvió débil” todo comenzó así:

En el junio de 1978 una cálida tarde de verano, el viento soplaba, el sol resplandina, era un día perfecto para estar en el parque, donde yo estaba con mi familia, mi mama de nombre Dora, una mujer un poco dura e inflexible, sumergida en los vicios del alcohol y cigarro, día a día veía como la persona que me dio la vida, ella misma se la quitaba lentamente, mi padre de nombre Manuel, el hombre más fuerte del mundo, le decía yo, saben por qué? Porque me había demostrado que podía superar cualquier obstáculo que se le presentaba, me sorprendía como levantaba sacos de comida, rocas enormes, hasta el sofá de la casa. era un militar de un rango deseable, muchos soldados estaban a sus órdenes, tenía el respeto de toda esa comisión, se la había ganado gracias al fruto de años de dedicación y esfuerzos, era mi mayor ejemplo a seguir de niño y hasta una edad madura, el ayudaba a muchas familias que Vivian a nuestro alrededor, nos contaba que el de pequeño sufrió mucho porque su familia era muy pobre, nadie les tendía la mano, decía que sus cumpleaños no eran diferentes a los días de crisis que pasaban, pero sus padres siempre mantenían una sonrisa, le pedían que agradeciera por lo poco que tenían, cosa que de niño no entendía bien, ¿ Por qué agradecer por vivir en la miseria? Años después lo entendió, sus padres no le pedían que agradeciera por la miseria, sino por la vida que tenía que era una oportunidad para luchar, otro día para ser mejor, otro día de superación. Contaba cuando se enlisto en el ejercito que fueron días duros, los maltratos y disciplina abundaban en ese cuartel, dijo “Tienes que saborear el lodo, para que sepas disfrutar la gloria” entendí que soportaba esos abusos y maltratos porque sabía que algún estaría donde él quería, haría lo que nadie pensaría, al fin podría ayudar a su familia, cuando llego al rango  que una vez deseo, se imaginaba a sus padres juntos celebrando lo que había logrado, para cosa del destino solo su madre pudo acompañarlo, mi abuelo murió en un accidente de trabajo del cual mi padre nunca se olvidaría, fue triunfo seco explico, era lo que quería, pero no como lo quería, después de eso conoció a mi madre, una mujer que le llamo demasiado su atención, una morena cabello negro de ojos penetrantes, dijo que al verla supo que era la mujer que necesitaba, después que se casaron tuvieron a mi hermana,(Si, tengo una hermana) Yanira, una chica muy fanática del libertinaje, nunca le gustaron las reglas, siempre andaba por lo suyo, no pensaba en nadie. Después llegue yo, el hijo menor que mi padre ansiaba, siempre salía con él, me enseñaba su mundo, quería que fuera como el, cosa que nunca me llamo la atención la milicia, pero mi admiración hacia el nunca cambio, nunca olvidare los fines de semana que llevábamos comida a los más necesitados, decía que como hubiera deseado que personas como él lo hubieran ayudado, a él le gustaba dar lo que nunca recibió, compasión y bondad, supo ayudar a muchas personas. Años más tarde, cuando todos ya teníamos familias, nuestras vidas ya estaban hechas por así decirlo, mi padre empezó a decaer, se le olvidaban las cosas, perdía nociones del tiempo, su estado físico empeoraba, se me olvido acotar que padecía de diabetes, después se le diagnostico el Alzheimer, mis padres era un hombre religioso, nos hablaba que hay que hacer buenas obras para tener un puesto en el cielo y que nos vaya bien, nos habló del infierno lugar donde vas los malvados, seres viles, personas que desgracian la vida de otros, pero cuando empecé a verlo como decaía, entendí que había más de un infierno, era horrible ver a mi padre, el hombre que nada lo tumbaba, caer súbito a su condición, no recordaba mi nombre, le decía: “Papa, sabes quién soy? Soy tu hijo, prometiste que saldríamos al parque este mes, perdón por no poder ir, el trabajo me tenía hasta el cuello, ¿si quieres vamos hoy, te parece?” lo único que hacía era ver al vacío, no respondía, andaba como en trance, desde ese momento pensaba que había perdido a mi padre, lágrimas en ojos, dolor en pecho, culpa que gobernaba mi ser, desperdicie tiempo por no poder estar con él, ahora solo sentía remordimiento. Semanas después mi padre estaba postrado en una cama, no podía caminar, sus necesidades fisiológicas las hacia sobre la cama, había que limpiarlo, pase semanas sin verlo, solo ayudaba financieramente, no quería perder la imagen “Del hombre más fuerte del mundo” que tenia de mi padre, ¡no podía! Solamente quería preservar su buen recuerdo, pero mi madre insistía de que fuera a verlo, que era su  hijo, que debía estar con él, le decía lo que sentía, me dijo que no importaba, que fuera a verlo, reuní fuerzas y llegue a aquella casa, en la que viví y tuve las mejores experiencias de mi vida, esa casa perdió su brillo, se sentía un ambiente deprimente, no sentía felicidad al entrar, sino coraje, impotencia al no saber cómo ayudar a mi padre, llegue al cuarto donde se encontraba, ahí estaba, postrado como todo enfermo, sin expresión en su cara, pero cuando me vio, fue como si me reconociera, así que me dirige hacia él y le pregunte que como estaba, que si me recordaba, que había hecho, pasaron varios minutos en silencio, ya estaba dispuesto a irme, pero levanto su mano al closet, apuntando a una caja vieja, llena de mis libros de colegio, la baje y visualice un libro que siempre leíamos mi padre y yo, muy famoso “El Principito” me explicaba su significado y muchas de sus metáforas, pero había algo diferente en él, tenía un sobre, al sacarlo, mi padre emitió un sonido y apunto con su mano hacia el sobre, lo vi bien y decía “ Para el hijo del hombre más fuerte del mundo” me llegaron unas lágrimas a los ojos, entonces me senté al lado de mi padre, abrí el sobre, empezaba así:

“Hola hijo, si estás leyendo esta carta estaré en un estado de salud critico o ya abre muerto para su fortuna, mi intención con esto es recordarte muchas cosas, recuerdas que de pequeño me apodabas “El hombre más fuerte del mundo” cuando me veías haciendo cosas increíbles, que con mi físico era posible, quiero que no me quites ese apodo, aunque me veas postrado en una cama, aunque no pueda ni controlar mi propio cuerpo, en ese momento estaré inmerso en la mayor lucha de mi vida, una lucha contra mí mismo, así que te pido que cuides de mí, cuida “Del hombre más fuerte del mundo” y te pido este inmenso favor porque sé que lo harás, eres mi hijo, eso te convierte en mi sucesor, sé que podrá ser una carga para ti, pero sé que podrás con ella. Hijo recuerdas cuando te decía que una persona vales más por lo que lleva dentro que por lo que exterioriza, quiero que recuerdes el valor que me dabas y me lo demuestres hasta que vaya a otro plano, no sientas lastima por mí, no quiero eso, admira como sigo vivo a pesar de cada golpe, fascínate como tengo otro día de vida, después que cumplas con todo lo que te pedí en esta carta, podrás ser llamado “EL hombre más fuerte del mundo” espero que mantengas mi legado y que jamás olvides mi historia, te amo hijo!”

Llore como nunca, en ese momento supe que no debía perder más tiempo, así que lo abrace y le decía cuanto lo amaba y que me perdonara por el tiempo que no estuvo junto a él, solamente deseaba estar con el todo el tiempo, entonces empecé a ir todos los días, pero murió una semana después. Esta fue la historia de mi padre, un gran hombre, que en su tumba está  escrito, “Aquí reposa el hombre más fuerte del mundo”.

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Acerca del autor

Manuel67

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