Historia

El hombre que descifró los geroglíficos



El hombre que descifró los geroglíficos - Historia

El 23 de diciembre de 1790, nació el séptimo y último hijo de la familia Champollion, Jean-Francois. Muy pronto demostró ser un niño prodigio, especialmente dotado para los idiomas: a los 16 años ya dominaba 6 lenguas orientales antiguas, además del latín y el griego.

Sus origenes eran humildes, su madre era analfabeta y su padre librero. Pero pronto, siguiendo los consejos de Jacques-Joseph, su hermano mayor y padrino, Champollion encauzó sus extraordinarias virtudes.

Mediante los contactos de aquél, ingresó en 1807 en la Escuela Especial de Lenguas Orientales de París.

Víctima de los vaivenes políticos de la época, Champollion (ferviente defensor de Napoleón) se encontró en una posición difícil luego del exilio del emperador francés. Sus influyentes amigos fueron quienes lograron restablecer, pacientemente, su antigua posición. En todo este tiempo, Champollion mantuvo una idea fija: descifrar la escritura egipcia. Para ello, desde 1809 comenzó a trabajar con la famosa piedra de Rosetta (encontrada en 1799), que contenía un mismo texto en caracteres griegos, jeroglíficos y escritura hierática (una versión cursiva del egipcio).

Pero otros estudiosos también competían para ser los primeros en descifrar la escritura jeroglífica, entre ellos el inglés Thomas Young (quien a los 14 años conocía una docena de idiomas) y que ya había descifrado algunos nombres de la piedra.

Pero el joven Champollion se adelantó a todos: descubrió que la escritura jeroglífica de los egipcios no era puramente ideográfica ( en la que un signo representa una palabra) sino también fonética, en la cual unos signos se leen y otros no. Así, el 27 de septiembre de 1822, Champollion hizo público su descubrimiento en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras: había nacido la egiptología.

Los cientos de ejemplos de escritura egipcia disponibles (Champollion pasó 8 años editando reproducciones de frescos, murales y «cartuchos», los recuadros con nombres propios incluidos en cada obra) podían ser leídos y entendidos después de un silencio de 15 siglos. El primer uso que se hizo de la nueva técnica fue el de entender el complejo panteón de dioses egipcios. Pudiendo leer los jeroglíficos que acompañan a las representaciones, se pudo determinar nombre y posición. En 1828, por fin Champollion pudo cumplir su sueño de viajar a Egipto. Las prolongadas travesías por el implacable desierto, y sus extenuantes trabajos deterioraron su salud, a tal punto que tuvo que dejar sus puestos académicos.

Finalmente, luego de un ataque cardíaco, Champollion murió el 4 de marzo de 1832. Su extensa obra fue editada por su hermano y mentor Jacques-Joseph, usando la por entonces famosa técnica de la cromolitografía, que permitía publicar ilustraciones de buena calidad en colores. La gran obra se titulaba Monumentos de Egipto y Nubia, y se editó firmada, con toda simpleza, «por Champollion el joven».

Egipto guardaba aún grandes misterios, pero Champollion había descubierto la llave para abrirlos.

 

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