Historia

El individuo frente al Estado



El individuo frente al Estado - Historia

En la creación de los derechos humanos intervinieron varios factores. Son herederos del concepto cristiano de persona, del individualismo burgués, de la necesidad de un derecho internacional debido a la aparición de estados nacionales con legislaciones diferentes, de la Reforma protestante… En toda la época, desde el Renacimiento hasta el final de la Edad Moderna en 1789, se respira un predominio del individualismo acorde con el triunfo de los emprendedores. Los artistas pintan innumerables autorretratos, Descartes funda su filosofía en el yo, Lutero establece una relación personal con Dios y la libre interpretación de las Escrituras, Leibniz enuncia el principio de la identidad de los indiscernibles (dos cosas no pueden tener las mismas cualidades, si las tuvieran, sería solo una). Pero paralelamente a ese individualismo, los estados se están consolidando y compitiendo. Muchos siglos antes Aristóteles había dicho que un individuo separado del Estado es como una mano separada del cuerpo, que solo puede llamarse mano equívocamente porque no ejerce sus funciones como miembro de un organismo. El individuo fuera del Estado, para el Estagirita, es un loco o un dios, pero no un hombre. Rousseau dirá que si la sociedad o el Estado nos dan todo –educación, protección, comodidades- tienen derecho a pedirnos todo, incluso la vida en defensa de la patria. Con eso quedaba justificado el servicio militar. Ya Maquiavelo había descrito varias características que distinguen a un Estado, entre ellas, la facultad de defenderse a sí mismo, por lo que cada uno debía tener una fuerza militar competente, lista para matar o morir por su patria.

Hoy esas ideas nos suenan obsoletas. Ya no tenemos tanta fidelidad por la patria. Tal vez sea bueno recordar que el individualismo creció con la globalización. Cuando este fenómeno apareció tras la caída de la URSS y el final de la guerra fría, los estudiosos predijeron el fin del Estado-nación. Era lógico. Había una economía globalizada, los movimientos y protestas que se hacían en unas partes se repetían en otras al igual que las políticas económicas, dictadas por organismos internacionales; la gente era más fiel a una transnacional que le diera empleo que a su país. Por eso nuestro individualismo es el más acentuado de la historia y no queremos límites al desarrollo personal.

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Luis Alberto Solórzano Sojo

2 comentarios

  • Me suena que lo de «el Hombre no tiene naturaleza, sino sólo Historia» no es del barbudo comunista, sino de Ortega y Gasset.

    Tiene usted razón en argumentar que la noción de libertad individual viene de la herencia cristiana; esto es importante para entender que otras civilizaciones como la islámica o la china, o no la tienen o está muy supeditada al Colectivo. Esta es la razón por la que la cultura de los Derechos Humanos, es minimizada o incluso rechazada (en el caso de los islámicos o chinos es rechazada de forma explícita) como incompatible con sus sociedades.
    Ahora bien, el individualismo vino encauzado por el cristianismo (como toda la Cultura) pero viene de atrás; ya que la religión de Osiris (que extendió la idea de resurrección a toda la población), la ciudadanía griega y romana, o las sectas filosóficas como la de Pitágoras todas iban en la dirección de promover el nivel personal del fenómeno humano, con su valor intrínseco.

    El cristianismo tiene un aspecto individualista (la salvación es individual, como el alma) pero también colectivista (la Iglesia es el Cuerpo de Cristo). Lo que ocurre con la Ilustración es una acentuación exagerada, salida de madre, del individuo como algo separado, como una firma aparte. Esto tiene que ver con la pujanza de mercaderes, prestamistas y otras profesiones liberales, en las que las personas instruídas ya no se concebían a sí mismas como parte de un «organismo» o comunidad social, el feudo, en el que son su cabeza pero no el cuerpo entero.

    También tiene que ver con la extensión de las logias masónicas, que de por sí son luciferinas, es decir intensamente individualistas y, hoy en día, transhumanistas.
    El exceso de individualismo ayuda a crear movimientos de reacción en el nivel suprapersonal, que al disponer de masas de población inmensas y bien comunicadas, permitió crear los nacionalismos, socialismos, fascismos e islamismos modernos. Que no son el antídoto contra el individualismo feroz sino su culminación mística, como egos colectivos totalitarios.

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