Literatura

El jaque y el mate



El jaque y el mate - Literatura

La secuencia ocurre en una oficina del juzgado de faltas. Una infracción se tránsito nos llevo a María Sol y a quien escribe a hacer un descargo por desacuerdo ante una de las autoridades del lugar. La sanción, por estacionamiento no pago en horario central no había sido informada o bien se había desprendido del automóvil por alguna razón, la cuestión es que nunca supimos de la multa hasta cuatro meses después donde un documento vía postal nos informaba que debíamos 2 mil pesos de intereses por una infracción que hubiera costado 90 pesos de haber sido abonada a tiempo.

Nos acercamos a las oficinas municipales con tanta mala suerte que nos atendió un supervisor con aires de grandeza y por lo visto andaba algo aburrido porque nos sacó de paseo dejando en evidencia un perfil altanero y altamente displicente. María Sol y quien escribe andábamos en otra, era medio día y teníamos más apetito que otra cosa. Pero el tiempo dio el puntapié desafiando una partida de ajedrez de índole verbal. De entrada rebajó a la muchacha cachandole de inepta objetando que nuestro comportamiento era de una ignorancia imperante. Ella sólo intentaba explicar que nunca dimos con la sanción en formato físico y que estuvimos desentendidos de lo ocurrido hasta el día de hoy. El buen hombre no carecie de amabilidad y se dirigía con cierto respeto sin dejar de aparentar cierta agudeza en su discurso. En su comportamiento advertí dos características: en principio el tipo leía a Nietzsche porque utilizo dos conceptos del filososofo, en una oportunidad mencionó que nuestro «porque» era poco argumento para su «como» y en en otra aseguró «no eliminar la hipocresía para no ser hipócrita». La segunda característica era su acentuada inclinación al machismo: cada vez que yo intervenía con alguna idea el hombre callaba y prestaba atención, en cambio, cuando la muchacha hablaba el pasaba por encima de sus palabras.

El diálogo entre ellos se tornó algo turbio visto que el descargo que estábamos intentando hacer era retrucado en cada momento por el filósofo contemporáneo y su vocabulario empezó a modular hacia la arrogancia y la soberbia. La muchacha comenzó a inquierarse y decidí intervenir de lleno:

– Oiga señor, poco y nada sabemos de la burocracia que manejan aquí, estamos intentando tramitar nuestro desacuerdo con la sanción y aunque estemos debatiendo todo el día a esto lo decide un juez. Entonces le pido que se limite a hacer su labor –

Mi primer movimiento fue algo agresivo, sabía que mencionando su débil influencia de decisión iba a inquietar al astuto señor, pero para esa altura yo pensaba en el almuerzo pues mi apetito había anulado en mi cualquier interés por discurrir. El hombre intento llevarme a debatir sobre el error que habíamos cometido para estar sentados frente a él tal y como lo hizo con la muchacha y disparó sin titubeo:

– ¿Ustedes son hermanos? – Preguntó – porque pareciera que comparten el mismo don de terquedad –

Su primer movimiento también fue agresivo. No tuve más opción que continuar la partida. Pero como yo estaba en condiciones de profundizar enfoque la partida con una técnica que utilizo cuando el desafiante utiliza el razonamiento absoluto como arma: el absurdo dentro de la lógica. Este mecanismo bloquea cualquier movimiento de razonamiento distrayendo al oponente con delirios que encuadran en la lógica, es decir, que gozan de una ingeniosa estupidez. Entonces respondí:

– Si, somos hermanos y nuestros padres son primos ¿Vio lo que dicen de eso? Que uno nace algo fallado. Así y todo nos llevamos bien, hasta nos enamoramos y formamos pareja. Estamos evaluando la idea de tener hijos, saldrán quizá más ineptos que nosotros –

El hombre entendió la ironía y ya no hubo vuelta atrás, la razón por la que estábamos en una de las oficinas del juzgado de faltas ya no importaba en lo más mínimo. El hombre continuó con su movimiento:

– Tener hijos es un milagro divino, no deben de privarse de dicha felicidad, eso si, que no conduzca automóvil porque va a tener los mismos problemas que ustedes –

Sin pensar un segunda y como en una batalla de raperos hice mi devolución:

– Nuestro único problema aquí es pretender encontrar una solución ante su inoperancia –

Y no le gustó para nada al hombre. Acto seguido impactó en fibras mas íntimas y aceptó el reto filosófico:

– Su solución es no meterse en problemas y esto se logra aceptando su condición ineficaz al intentar pertenecer a un sistema con leyes y normas –

A esa altura el clima era más que tenso y decidí utilizar términos chabacano pero al mismo tiempo elegante para insultar al señor:

– Con el respeto que usted se merece señor, creo interpretar que usted es un cipayo –

El tipo no se echó atrás y lo que hasta el momento parecía altanero se convirtió en puritano:

– Usted cree interpretar muchacho. Yo estoy convencido de que usted es un marica, con mucho respeto se lo digo –

Me puso en jaque. La palabra marica es fuerte, grosera y delicada a la vez. Volví a utilizar el absurdo dentro de la lógica y asegure sin más que agregar:

– Yo no soy ningún marica buen hombre. A mi me gustan las mujeres, mejor diga que soy lesbiano, declarado y orgullosamente lesbiano –

La muchacha largó una carcajada tímida entre vergüenza y burla.

La partida había terminado. El hombre quedó desconcertado y no hubo respuesta. Claramente no hay respuesta a semejante ridiculez, pero yo necesitaba almorzar y no dude en llegar a lo más absurdo para terminar el debate. El hombre tomó declaración  de nuestro descargo, nos dimos la mano y fin de la historia. Quizá era más fácil empezar por ahí o quizás es más fácil aún comprar una bicicleta, visto es más barato y más saludable.

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