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El jardín inverso



El jardín inverso - Literatura

El jardín inverso

Un día deambulaba en medio de mis sueños. A mi lado caminaba un hombre alto y viejo. Su barba blanca y su semblante poblado de arrugas le daban el aspecto de un anciano venerable. Comprendí que era el fantasma de mis sueños, ese otro yo que es más sabio que yo. Juntos llegamos a una especie de jardín. Había flores de muchas clases y árboles frutales. Tanto los frutos como las flores nacían, algunos, marchitos, otros erizados de espinas y unos con aspecto amenazador. Pero rápidamente se iban transformando en flores hermosas y magníficos frutos, que invitaban con su sabor o sus colores. Le pregunté al viejo el porqué del extraño fenómeno. Me contestó: “Estos frutos y flores que ves son las dificultades y retos de la vida: amargos cuando los vives, dulces cuando los has superado y solo existen en tu memoria”.
Al escribir esto, pensé en tantas personas que conozco, que están pasando por situaciones muy penosas o han sufrido la pérdida de seres muy queridos y cercanos. No hay palabras de consuelo en casos así. Voltaire lo sabía cuando escribió un pequeño relato. Una mujer había sufrido la muerte de su hijo y visitó a un sacerdote. Este trató de consolarla con ejemplos cristianos y estoicos. Nada sirvió. Al tiempo el cura sufrió la pérdida de una sobrina a la que quería mucho. Esta vez la mujer trató de consolarlo y no pudo. Pasaron años y ambos se encontraron. No se dijeron mayor cosa. Colocaron un ramo de flores a los pies de una estatua dedicada al tiempo. El ramo tenía una tarjeta: “Para el único que consuela”. También recuerdo a Antonio Machado: “Anoche cuando dormía, soñé, bendita ilusión, que una colmena tenía dentro del corazón. Y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas, blanca cera y dulce miel. Anoche cuando dormía, soñé, bendita ilusión, que era a Dios lo que tenía, dentro del corazón”. Que el tiempo transforme en blanca cera y dulce miel las amarguras de estos amigos que están sufriendo. Un día todos seremos una ausencia para alguien. Nadie quiere que los seres queridos que quedan en este mundo vean en el lugar de nuestra ausencia un vacío, sino una plenitud.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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