Política

El Judas Tirano: La Tragedia Revolucionaria.



El Judas Tirano: La Tragedia Revolucionaria. - Política

Luego de seis años de su desaparición física, parece mentira no ver ni percibir una sola muestra de dolor ni respeto por quien logró uno de los liderazgos más grandes de la historia contemporánea venezolana. Ya no se habla de una desaparición física, pues al parecer hasta su ideología ha sido olvidada por el pueblo que hoy más que nunca está determinada a ser ciudadanía en señal de crecimiento social y moral. Ya su discurso patriótico fue enterrado junto a su proyecto utópico dando claras muestras de la peor de las causas mortales para un líder; La Traición. No me refiero a las personas que lo siguieron bajo la necesidad de creer en alguien o en algo, peor aún, me refiero a su propio entorno que como Judas Iscariotes avivaron las llamas del septimo infierno donde van a dar todos los malvados de la historia.

Desde la madrugada escandalosa de un amanecer entre tanques y bombas, en medio de boinas rojas y camuflajes de infamias y con un «Por Ahora», los que lo vieron le reconocieron como un comandante del ejército de los pobres, y encontrándose el país en una pobreza  extrema, la mayoría comenzó a ser absoluta. Y no se trataba de gente ignorante y personalidades cultas, se trataba de necesidades y carencias que sufrían los que debían alimentarse en la miseria polvorienta del barrio, del campo, del país entero, una población que pedía a gritos cambios que los orientara a un destino mejor, así como hoy se escuchan los gritos de los recién nacidos pidiendo fórmulas y medicinas entre su desnutrida corpulencia, víctimas de la corrupción y la maldad enrojecida.

Muchos venezolanos dicen no haberle apoyado nunca, como dándose consuelo ante el terror de la debacle social, económica y cultural del país, otros tantos con una mirada responsable ante sus hijos y familiares, dicen haberse dado cuenta a tiempo y albersarle ante su totalitarismo socialistas, pero una gran mayoría vive la pesadilla de la traición del idealismo, de sueños de libertades que les ataba con cadenas fuertes a una esclavitud sin sentido, vendiendo sus almas a los demonios de la ignorancia. Aquel 5 de marzo de 2013 comenzaba a morir un líder y hoy seis años más tarde, se puede decir que fue asesinado a manos de sus propios adulantes quienes con hipocresía lo citan para ver si consiguen algo de su liderazgo entre La Tragedia Revolucionaria.

Durante varios días, largas e interminables colas de personas vestidos con el más raro de los lutos conocidos por la humanidad, abrazaron su retrato y cantaban arengas revolucionarias jurando lealtad total y absoluta, plena como la luna llena, dando testimonio que desde su corazón sería cumplida su última petición de moribundo. Presidentes de naciones, primeros ministros, reyes y príncipes asistieron a las honras fúnebres y junto al ataúd, hicieron guardia en señal de respeto convirtiéndose en  testigos de la traición al ideario revolucionario de un líder, fraguado por sus acólitos sádicos enfermos de poder. Aquel viejo cuartel donde por primera vez se formaron profesionalmente los militares del siglo XX, ese mismo cuartel que corona  la meseta de la histórica ciudad de Caracas y testigo del fracaso militar de un teniente coronel. Hoy, presencia la hipocresía maligna, de la desidia demagógica, de la más repugnante usurpación tiránica jamás vista, como condena del destino, fue escogida para darle reposo a los restos mortales del socialismo del siglo XXI.

Pasado el tiempo, ya nadie hizo colas para visitarlo en El Cuartel de la Montaña, las colas, esta vez se hacen para comprar harina, leche, carne, pollo, azúcar, papel higiénico, pan, aceite vegetal, huevos, medicinas y pare usted de contar. Ahora son interminables y muy largos los caminos de los inmigrantes venezolanos que caminan días y semanas enteras en busca de sueños de libertad que les permita dar algo de sustento a sus familiares que se quedan en la Venezuela derrumbada. Ya no son lagrimas de luto por un líder, ahora son lágrimas de dolor derramadas por las madres que ven morir a sus hijos en las calles. El tricolor que vestía el luto de aquel 5 de marzo de 2013 es hoy en día la esperanza y la alegría, esa alegría,que le da pánico y miedo a los judas usurpadores, pues aquellos que se despojaron de la vestimenta de pueblo, hoy son ciudadanos exigiendo libertad y tratando de recuperar lo que perdieron por el engaño de la tiranía.

Como en aquel amanecer de tanques y bombas, hay un nuevo amanecer tal vez con mas hambre y mas polvo, pero tambien con mas dignidad. En aquella oportunidad, se buscaba un destino mejor, hoy ya sabemos que nuestro destino es ser plenamente libres y la solución se basa en tres pasos principales; cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres. Venezuela es reconocida a nivel mundial por su gente mas que por las fatídicas causas de su desgobierno corrupto. Hoy Venezuela no es visitadas por presidentes de naciones, primeros ministros, reyes o príncipes, pero es reconocida de norte a sur de este a oeste por su lucha y gran aprendizaje. Hoy 6 años después de aquel 5 de marzo, los engañados y estafados por los falsos idealismos se limpian las lágrimas y toman a sus hijos de la mano jurándose lealtad a ellos mismos para mas nunca traicionarse a sí mismos.

El Judas Tirano que ayer derramó lágrimas de enfermizas traiciones, se sabe perdido, el temor lo arrulla en las noches y la amargura del dinero mal habido le a comprado un boleto al séptimo infierno donde van a dar los malvados de la historia. Seremos nosotros los testigos de una amanecer tricolor y nuestras mesas tendrán la madera de la moral para que más nunca exista un venezolano con hambre. Ya no habrá más judas, solo estaremos los fieles patriotas vacunados contra la ignorancia y las demagogias. No temas Venezuela… «Vamos Bien».

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Acerca del autor

Carlos Colmenares

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