Política

El lenguaje es importante en política y las formas también



El lenguaje es importante en política y las formas también - Política

Hay que aprender de los fallos y no seguir caminos erráticos, ya que estos llevan siempre a gigantescos fracasos, favoreciendo el malestar general.

Quizás es verdad que el poder no está interesado en que el pueblo acceda a un buen nivel de formación intelectual. Tal vez por eso se instala un modelo de plan de estudios a dos velocidades, para formar una élite económica dirigente y una masa proletaria destinada a trabajar y producir para el sistema. Una masa que no piense, que no cuestione, que no interprete.

Se están cerrando las puertas a muchos jóvenes negándoles el acceso a la cultura que encierran ciencias como la filosofía, las artes, la literatura o la historia, por citar algunas, conocimientos que facilitan el pensamiento crítico y el desarrollo libre de esa creatividad tan peligrosa para esos poderes enraizados en el tejido social.El sistema económico capitalista y la ideología que lo sustenta son la clave.

El poder trata de hacer una defensa férrea de disciplinas de conducta trasnochada que tratan de restringir el uso al conocimiento por parte de todos los ciudadanos, precisamente para apartarles de esos instrumentos básicos que les permitan la defensa frente a los engaños del mismo poder.

El empobrecimiento de recursos conlleva un empobrecimiento en acciones, en pensamiento. Como dice Nietzsche, “verdad y mentira partiendo de un sentido extramoral, son como monedas que de tan usadas, han perdido su troquel”. Ellos, los que ostentan el poder, utilizan un lenguaje impreciso, confuso, ambiguo. Y lo hacen con toda intención. Entonces, si el lenguaje es el instrumento con el que construimos el pensamiento, ¿cómo piensan estas gentes que se dicen nuestros representantes? El empobrecimiento del lenguaje comporta el empobrecimiento del pensamiento. De ello depende que lleguemos o no a entender claramente el comportamiento real de estos dirigentes con toda exactitud.

Porque el uso incorrecto del lenguaje entorpece el rigor de la interpretación. Al mismo tiempo puede hacer que la expresión sea ambigua, incoherente y obscena. Y esto repercute en la comunicación entre políticos y sociedad, lo que es particularmente perjudicial en situaciones donde la fluidez de palabra y la claridad del lenguaje tienen una importancia capital. Como sucede en estos momentos.

Francisco Serrano, por ejemplo, líder de Vox en Andalucía, ataca muy duramente al feminismo y a la dignidad de las mujeres tras el fallo del Tribunal Supremo que condena por violación a “La Manada”. El político publica un mensaje corrosivo, machista y homófobo donde cada frase podría ser un ejemplo claro de esto que describo.

«Desde ahora, la diferencia entre tener sexo gratis y pagando, es que gratis puede salir más caro.«

«Es un torpedo directo contra la heterosexualidad, contra las relaciones libres entre hombres y mujeres.»

Hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer, podría terminar con el impotente en prisión.»

Todas estas barbaridades, salvajadas y brutalidades lingüísticas son muestra de un lenguaje inicuo, cafre e infame.

Otro ejemplo significativo nos lo da el portavoz de Vox en la Asamblea Regional de Murcia, Juan José Liarte, quien llamó “puta y tiparraca” a la ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado. La borricada la realiza en su cuenta de Facebook.

Liarte escribió, “la tiparraca ésta es una embustera, y sus socios filoetarras así lo proclaman”. El texto concluye así, «Un inspector de policía al que conocí, que bien pudiera ser un personaje de Pérez Reverte, pero de hecho no lo es, ya me lo advirtió hace muchos años: De una p*** sólo puedes esperar putadas.»

Esta es la nueva forma de hacer política, y está basada en la injuria, en el insulto. Se trata, por consiguiente, de erradicar este sistema soez de enfrentamiento. Hacer política es interesarse por los problemas del país, y hacerlo en conjunto, como representantes que son todos, trabajar para solucionarlos y mejorar la calidad de vida de toda la sociedad. Y se puede hacer política con una crítica dura, pero sin insultos, sin recurrir al lenguaje ordinario, grosero, bajo, vil, ofensivo e insultante y por supuesto con la altura intelectual que se les supone, porque para hacer lo que algunos hacen, mejor estarían barriendo las calles o vendiendo encurtidos en un mercadillo local.

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Aicrag

2 comentarios

  • Señor Aicrag, estoy de acuerdo con la primera mitad de su articulo, no asi con la parte que se refiere a la Ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado, pues el respeto es algo que hay que ganarselo, y si ella llama «maricon» y «nenaza» a su compañero de gabinete, el tambien ministro en funciones, aunque, en este caso de Interior, Grande Marlaska, no puede, luego, pedir mucho respeto para ella.
    Ademas le recuerdo que esta señora era conocedora del hecho de que el excomisario Villarejo utilizaba a prostitutas como confidentes y que fue testigo de compañeros suyos que, en Colombia creo recordar, se fueron con menores de edad, sin que denunciara ese comportamiento.
    Tampoco puede quejarse Pablo Iglesias si lo llaman «el chepas» o «el coletas», cuando el, en un debate televisivo, llamo a eduardo Inda «don Pantuflo».
    Como le digo, el respeto hay que ganarselo; asi tratas, asi te tratan.
    Un saludo.

    • La cortesía es el uso de las buenas maneras en el ambiente social y sobre todo en el político que es a lo que nos referimos aquí. Los actos de amabilidad, gentileza, buen trato y respeto son fundamentales. Y no legitima a alguien insultar a otro porque este otro lo haya hecho antes en alguna ocasión. Lo cortés no quita lo valiente. La buena educación no riñe con el carácter valiente ni con la verdad. Es imprescindible, y sobre todo por parte de aquellos que nos representan y que pagamos, hacer ver el valor de la conveniencia de las formas del trato cordial y agradable, independientemente de todo lo demás. Sobre lo de Iglesias, no tengo nada que decirle, es volver a reiterar lo mismo. Eso sí, sobre inda jamás pondré ni una coma en su defensa, este señor es la mentira personalizada y el mal periodismo, el periodismo más sucio y asqueroso. Y recuerde lo que decía San Andrés, «quien tiene cara de tonto es que lo es.»
      Un saludo, gracias por su comentario.

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