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El libro de Enoch y la revelación de Gabriel



El libro de Enoch y la revelación de Gabriel - Ciencia

El libro de Enoch y la revelación de Gabriel. El libro de Enoch es un apócrifo hebreo escrito, según algunos, unos 300 años antes de Cristo. No fue aceptado en el canon bíblico pero era bastante respetado. Fragmentos de él se hallan en los rollos del mar Muerto. Complementa el misterioso pasaje bíblico de la unión entre los hijos de Dios y mujeres humanas que dio origen a la aparición de gigantes. Del capítulo 6 al 36 habla de los vigilantes (ángeles) y la forma en que se unen con las mujeres. Sus descendientes, los gigantes (nephilim) se dedican a destruir a los hombres, mientras que otra parte de los vigilantes enseñan a los humanos artes como la brujería, la fabricación de armas… Esto llena la tierra de sangre y Dios decide enviar el diluvio para limpiarla. De allí también la decisión de reducir la vida del hombre a 120 años. Sin duda, habría sido un libro difícil de adecuar con las interpretaciones teológicas de ángeles puramente espirituales. Uno de sus pasajes más interesantes es el capítulo 40, donde usa la expresión hijo del hombre para referirse al mesías. El libro de Daniel también llama así al elegido de Dios (que no es jamás el logos divino como supuso el Concilio de Nicea, sino un ser distinto a Dios). Sin duda, cuando Jesús se autodenomina hijo del hombre, se está identificando con este texto tan conocido y aceptado de Enoch y con el de Daniel, que habla de un Mesías triunfante; los pasajes usan muchas imágenes que retomará el Apocalipsis: 1 Allí vi a alguien que tenía una Cabeza de los Días y su cabeza era blanca como lana; con Él había otro, cuya figura tenía la apariencia de un hombre y su cara era llena de gracia como la de los santos ángeles.(Dn 7:9,13; Ap 1:13,14) 2 Le pregunté al ángel que iba conmigo y que me mostraba todas las cosas secretas con respecto a este Hijo del Hombre: «¿Quién es éste, de dónde viene y por qué va con la Cabeza de los Días?». 3 Me respondió y me dijo: «Este es el Hijo del Hombre, que posee la justicia y con quien vive la justicia y que revelará todos los tesoros ocultos, porque el Señor de los espíritus lo ha escogido y tiene como destino la mayor dignidad ante el Señor de los espíritus, justamente y por siempre. (Dn 7:14; Mt 24:30, 26:64; Mc 13:26, 14:52; Lc 21:27, 22:69) 4 «El Hijo del Hombre que has visto, levantará a los reyes y a los poderosos de sus lechos y a los fuertes de sus tronos; desatará los frenos de los fuertes y les partirá los dientes a los pecadores; (Sal 110:5) 5 derrocará a los reyes de sus tronos y reinos, porque ellos no le han ensalzado y alabado ni reconocieron humildemente de dónde les fue otorgada la realeza. (Lc 1:52) 6 «Le cambiará la cara a los fuertes llenándolos de temor; las tinieblas serán su morada y los gusanos su cama, y no tendrán esperanza de levantarse de esa cama, porque no exaltaron el nombre del Señor de los espíritus.

En cambio, cuando Jesús habla de que el mesías tenía que sufrir, morir y ser resucitado se identifica con La revelación de Gabriel, la misteriosa piedra hallada recientemente. En ella se lee, línea 80, “en tres días, yo, Gabriel” y una palabra que muchos creen ilegible, pero que otros aseguran que es “vivirás”, clara alusión a alguien que ha muerto y vuelve a la vida, dirigida, según Israel Knohl, uno de los traductores, a un Mesías hijo de José, asesinado durante una rebelión judía, probablemente la del año 6 d.C., provocada por el censo ordenado por Augusto. Definitivamente, la literatura apócrifa nos da una nueva perspectiva sobre el origen del cristianismo.

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Acerca del autor

Luis Alberto Solórzano Sojo

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