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El Luchador Enmascarado (Proyecto Ángel: Genus)

El Luchador Enmascarado (Proyecto Ángel: Genus) - Literatura

 El Luchador Enmascarado

En su quince cumpleaños, David le pidió a su madre, como regalo por su madurez energética, que le llevara a ver un combate en la arena de Caos, en Borath, el continente de los bárbaros. Lidia negó rotunda aquella petición, pero el padre de David, lleno de orgullo por la vocación de su hijo, accedió de todas formas al regalo, de manera clandestina.

David había tenido su madurez energética unos meses antes de cumplir los quince años, pero por tradición, el regalo y la correspondiente fiesta se habían hecho el día de su cumpleaños, casi seis meses después, el 20 de Quinte, mes en que los bárbaros aprovechaban el breve verano de su tierra para llevar a cabo celebraciones que atraían cinans de ambos planetas.

El viaje a través del portal de reflexión, fue un mal comienzo para la aventura, pues, había que esperar una hora cada vez que tres personas utilizaban el portal, además de eso, era imposible atravesarlo con armas u otros objetos que tuvieran energía propia y en la cola había al menos cincuenta cinans delante de David y su padre.

Había pasado mucho tiempo entrenando. Mucho antes de tener su madurez energética ya preparaba su cuerpo y mente cada día. Leía sobre los estudios de la esgrima y los diversos estilos que la dividían. Buscaba de acuerdo a su constitución cual sería el más adecuado para él. Después de su madurez energética experimentó cada día con su cuerpo para descubrir sus límites y hasta tuvo duelos amistosos con algunos guerreros. Estaba emocionado con la posibilidad de participar en un combate y aquella cola le parecía eterna.

Tuvo una idea. Tenía algo de dinero que le había regalado Raphe por su cumpleaños. Eran veinte monedas de aluminio. Con cinco sería fácil sobornar al encargado del portal para que le cediera a él y su padre el próximo turno. Esperó hasta la próxima reflexión. Estudió los movimientos del guardia y vio cómo se alejaba hacia una silla después de pasar a tres personas. El portal no estaría activo hasta dentro de una hora.

Sesenta minutos después David esperaba a  que el hombre repitiera la ruta y después de pasar a otras tres personas, así lo hizo. Fue la ocnfirmación que esperaba y salió tal y como lo había imaginado. Aprovechó que el encargado se alejaba del portal para interceptarlo y efectuar el soborno. Raphe lo detuvo agarrándole el brazo con discreción.

-¿A dónde vas?- preguntó. David se acercó al oído de su padre y susurró.

-Voy a hablar con el encargado para…

-No hace falta- interrumpió Raphe. Espera unos minutos.

David vio como otro empleado del centro se acercaba al encargado y le decía algo. El encargado miró a Raphe y a David y les hizo una seña para que se acercaran.

Cuando el portal estuvo activo los tres cinans siguientes en la cola se pararon dispuestos frente al espejo azul que los llevaría a Borath, pero el encargado los detuvo.

-Tenemos un pequeño asunto de gobierno. Tendrá que esperar.

David y Raphe pasaron el portal

No sé cómo sentirme. Al principio pensé que  esto estaba bien hecho, pero después de ver las caras de los demás en la cola dudé un poco. Aunque, ellos tienen dinero y boca ¿Era tan difícil sobornar al empleado? Llegará primero el más rápido, es así de simple, eso fue lo que pasó con mi padre. Imaginó que iba a haber una cola tremenda por la fama que tiene la arena y ya había hecho su soborno siquiera antes de entrar al centro de reflexión. Esa es la manera de hacer las cosas.

 

Borath estaba hermoso adornado por las festividades, y la ciudad donde se hallaba la arena, Brion, era la cúspide de la belleza del continente. El estadio de la arena era una magistral estructura en forma de flor abierta. Por fuera, los pétalos negros y blancos que armaban la obra de arte, estaban adornados con nombres escritos en un tamaño que hacía posible su observación desde el suelo; blancos en los pétalos negros los nombres de los ganadores, negros en pétalos blancos los de los fallecidos en combate a lo largo de la historia del lugar. El centro de dicha flor se apreciaba marrón, era el terreno, rodeado por doce pisos de pasillos que serpenteaban desde la planta baja hasta el punto más alto, para formar una espiral desde dónde el público observaba los enfrentamientos más famosos de Ciel.

Las calles, tupidas de turistas y negocios abarrotados, brillaban de emoción bajo los pasos de decenas de miles de cinans repletos de sueños de gloria, tanto hombres como mujeres.

David tenía la edad, aunque los gobiernos de Edén y Caos hubieran acusado de salvajes las leyes de Borath, por permitir participantes tan jóvenes. Pero más que eso tenía, y su padre bien lo sabía y se regodeaba de ello, una talento increíble para el combate, y una dedicación que lo impulsó a querer aprender estilos y técnicas, mucho antes de su madurez energética. No imaginaba David Gance, que su padre le tenía preparada una sorpresa que haría de él el adolescente más feliz del mundo, y de su madre una mujer fallecida por un ataque cardíaco, si llegara a enterarse algún día.

En otra parte de Brion

Un hombre cojo y una radiante mujer caminaban cogidos de la mano, por una de las anchas calles de Brion, escoltados por un joven de tez trigueña y cabello alborotado. Los tres llevaban máscaras conmemorativas, de las que costaban dos o tres fares en cualquier tienda de recuerdos.

—Procura que no te maten— dijo el hombre cojo con un atuendo  carmesí de dos piezas.

—¿Qué forma es esa de hablar?— le reprochó la mujer, de vestido blanco y en extremo pulcro, de cabellos dorados y sedosos, y ojos de un color tan intenso, que su verde obviaba la careta que cubría su rostro.

— ¿Tan poco aprecio te tienes como maestro?— preguntó el joven en un tono altanero que pretendía  ocultar los nervios. Agarró el arma enfundada a su derecha, eso lo hacía sentir más seguro.

Su entrenamiento había sido bastante fuera de lo común. Ya que casi ningún cinan tiene la madurez energética a los nueve años. Lídel había comenzado a entrenar desde los diez. Era bueno controlando energía alrededor de su cuerpo y tenía capacidad para controlar mucha. Pero para exteriorizar energía era un desastre. Al principio Enrico pensó que se debía a su juventud, así que lo siguió entrenando. Cuando Enrico estuvo seguro de que no podía seguir en los combates por su minusvalía, decidió que cedería su tiempo y sus sueños a un muchacho con grandes ambiciones. Lo preparó junto a los mejores maestros y despertó rivalidad entre él y Kamil para motivarlos a ambos a entrenar.  Cumplidos los catorce Lídel seguía teniendo el mismo defecto, era un inútil para lanzar ataques de energía. Pero lo compensaba con dedicación. Jugaba por palacio con Jenna y con Niebla, pero cada día entrenaba unas horas junto a Kamil y Enrico. El esfuerzo había pagado su deuda, como siempre, después de mucho tiempo debiéndola. Enrico descubrió que su alumno podía manipular la energía de su cuerpo con tanta efectividad como un guerrero profesional. Podía fortalecer su piel y músculos para resistir ataques y moverse rápido .Aún así, luchar en la arena de Borath era un desafío temible.

—Tú procura no morirte, no vaya a ser que Alaina me deje cojo de la otra pierna— agregó Enrico.

En las gradas de la arena…

Una chica alegre, una joven hermosa de alegres gestos, de labios finos y firmes que parecían artificiales, de nariz pequeña y  cabellos dorados y débiles que se agitaban con la brisa más efímera, esperaba de pie junto a los miles de espectadores de la arena. Tenía una gracia juguetona en el andar y ademanes y palabras tan nobles que la hacían  merecedora de su título, la princesa Jenna, la Dama de Oro.

Según las costumbres de Borath, en las que la igualdad no era una medida impuesta sino un valor voluntario, no había palco real, ni mejores ni peores asientos, el lugar tenía cabida para veinte mil cinans, y todos los asientos costaban lo mismo.  El mejor o peor disfrute del espectáculo era cuestión de quién llegaba primero y quién último. Un hexaedro enorme colgaba del techo de la arena, justo en el medio. Cada una de las caras de la figura era una pantalla. Dos tubos de cristal perseguían a cada combatiente y la imagen que captaban era amplificada y mostrada al público en la parte superior del espiral a través de las caras del hexaedro.

La primera contienda comenzó, Jenna agarró inconscientemente la mano de Jade, un Luma, un hombre de rasgos tan finos que pudiera haber sido confundido con una mujer. Su aura de guerrero era omnipresente, e incluso cuando sonreía, algo que solo hacía en compañía de la princesa Jenna, se notaba que el dolor encontraba hogar en algún profundo lugar de su ser.

— ¿No sientes como un temblor por dentro?— le preguntó Jenna.

—Si…— respondió vagamente. Jade no estaba acostumbrado a clientes tan joviales, y sabía que sociabilizar con “lo que debía proteger” podía distraerlo de sus obligaciones.

La multitud aulló de emoción a la salida de los primeros contendientes, dos hombres de largas espadas, uno de ellos, el más bajo de los dos, además portaba un escudo cuadrado.

Los dos eran usuarios de energía oscura, y los bárbaros de Borath, nacidos en Caos y de similar energía, lanzaban gritos semi-animales de la emoción.

—Se puede sentir la emoción en las vibraciones de  la estructura, tan intensas que me enervan, me dan deseos de arrojarme al campo de batalla— dijo Jade y su comentario se perdió entre la bulla del ambiente, Jenna solo lo vio moviendo los labios, con los ojos brillosos repletos de deseo.

El combate comenzó con la ceremonia de presentación de las armas. Cuando un arma se diseña el herrero que la hace pone en ella una cantidad de energía correspondiente con la fuerza del usuario, algo que la roca Lily extrae por sí sola, mientras más energía haya condensada en la hoja mayor será el peso de la espada o arma resultante.

Ambos hombres elevaron sus armas apuntando al cielo, y las dejaron caer. El silencio fue absoluto en esos segundos,  diez mil almas se concentraron en el hecho de que dos objetos impactaran el suelo.

Y el choque fue maravilloso, y rajó gargantas emocionadas en todo Brion, pues el marna autorreparable del que estaba hecho el suelo de la arena sufrió un impacto terrible de parte de las dos espadas, la lucha a punto de comenzar prometía ser digna de la inauguración de los juegos.

Tras los bastidores

—¿Por qué ese tipo le dice a Lídel sacrificio?— preguntó la mujer de pulcro vestido al hombre cojo.

—Shhh, no digas su nombre— dijo en un susurro— Es una broma común en la arena de Borath, a los novatos les dicen sacrificios, porque antes les ponían en la misma categoría que los demás guerreros, y casi siempre morían— la mujer se llevó la mano a la boca— Cálmate, ya eso no es así, ahora los ponen con otros de su edad, incluso los bárbaros encontraron aberrante el hecho de que murieran adolescentes en sus festividades de verano.

—Y menos, niños de catorce años— reprochó ella.

—Dentro de unos mese cumplirá quince— se defendió.

—Ustedes dos— gritó el organizador— Vengan aquí, en cuanto termine la batalla saldrán al terreno, lucharán los dos contra Llogo, van a formar equipo así que les recomiendo que se vayan conociendo.

El trigueño enmascarado le extendió la mano a David, cuyo rostro estaba cubierto por una visera blanca de combate con forma de pico de águila.

—Hola, me llamo… Javier— dijo Lídel.

—Ya, yo también me llamo Javier— haciéndole entender a Lídel que era obvia la falsedad de su nombre.

—¿Sabes quién es ese tal Llogo?— preguntó Lídel.

—Es un soldado de Lipra, muy famoso por sus altas capacidades defensivas, es un hombre bastante grande pero a pesar de eso se mueve a tremenda velocidad porque se ha hecho experto en el estilo Machida- dijo David.

—¿Cómo quieres proceder?— le preguntó Lídel.

Diez minutos después…

El organizador los llamó y accedieron a la arena, el equipamiento de ambos les cubría el rostro, Llogo les sonrió desde el otro lado del campo a modo de saludo.

Comenzó la presentación de las armas. El espadón de Llogo agrietó el marna autorreparable de tal manera, que el área de daño alcanzó casi diez pasos de diámetro. Los sacrificios alzaron sus armas al cielo, ambas eran delgadas y algo cortas, el arma de Lídel, Brisa, era un sable blanco, la de David era una espada regalada por su padre, que no era producto de una necesidad impregnada en una roca lilith, sino simplemente energía condensada, fabricada en estimación de la fuerza del cliente. Ante aquella imagen el público se desbarató en carcajadas.

Lídel era zurdo y David derecho, así  que cuando soltaron las espadas cayeron una muy cerca de la otra, el estruendo de aquellas armas  fue comparable con el del espadón de Llogo. La sorpresa sumió al público en total silencio, que se transformó enseguida en una gigante ovación. Nada gustaba tanto a los bárbaros de Borath como un buen combate.

David rodeó a Llogo por el flanco izquierdo, Lídel por el derecho, tal y como habían planeado. Llogo esperó a sus contrincantes, y cuando estaban lo suficientemente cerca agitó el espadón en horizontal, lo que produjo una onda de energía blanca a imitación de una media luna. Lídel apuró su carrera para salir del rango del ataque y retomar la embestida, David dio un salto por encima de la onda.

Llogo se centró en Lídel, y un grueso rayo de energía salió de su mano, denso y uniforme, rápido y certero, el ataque de un profesional. Lídel logró esquivarlo a medias pero le impactó en el brazo izquierdo y la energía hostil le desgarró los músculos y la piel. El daño de un ataque de energía siempre es interno, la energía enemiga se introduce en el cuerpo objetivo y mientras lo atraviesa ataca todo a su paso, como si mil agujas lo traspasaran. El dolor era hirviente, y empuñar su arma se le hizo más difícil, pero Lídel siguió corriendo hacia Llogo.

El soldado preparó otro rayo de energía, justo en el momento en el que David lanzó una estocada por la espalda. Llogo se anticipó al ataque  de un giro rápido y le dio un planazo con el espadón que lo mandó a volar y lo incrustó contra el muro de la arena. David cayó casi inocente al suelo, su padre miraba desde las gradas, ahora arrepentido de haberle permitido participar, sabía que Llogo no le había partido en dos por simple clemencia.

Lídel aprovechó la distracción creada por su compañero, y su espada estuvo a milímetros de alcanzar a Llogo, cuando el soldado hizo muestra de su famosa agilidad, y en un movimiento imperceptible para el muchacho se situó detrás de él.

El golpe de Llogo con su mano desnuda arrojó a Lídel contra el muro, pero el híbrido había utilizado energía oscura a nivel de su piel para disminuir el impacto de aquel ataque. Aun  así el dolor en la espalda fue tremendo, cuando le habló a David malamente podía respirar.

—Tu plan es una mierda— dijo Lídel sonriendo. Sabía que no era culpa de David.  El problema era que Llogo se encontraba muy por encima de su nivel.

—Bueno, escuchemos el tuyo— respondió David con sarcasmo.

—Estoy bromeando, ponte de pie, vamos a joder a este tipo.

—¿Qué dices, si no hemos acertado ni un golpe? Este combate está perdido—

— ¡No te rindas! Todavía me quedan fuerzas, todavía puedes pararte y todavía podemos vencer— David miró incrédulo a aquel muchacho que parecía demente, él era una persona demasiado lógica como para ignorar la situación, pero había algo en aquel cinan que lo embullaba a ignorar la realidad, lo alentaba a soñar aunque fuera un deseo imposible.

—Pal carajo, vamos a atacarlo con energía— dijo David.

—Haz eso, yo voy a atacarlo de cerca— Lídel era demasiado malo exteriorizando energía así que atacar desde lejos no era una opción para él.

—¡Jódete!— gritó Lídel y embistió como un loco. Zigzagueaba hacia su oponente convertido en un destello negro, mientras David lanzaba incontables esferas de energía blanca. Llogo anulaba los ataques de David lanzando esferas idénticas, no se concentraba en aumentar el poder de los ataques de energía para no perder rastro de Lídel, que le rodeó, Llogo materializó una semi-cúpula de energía que le sirvió como escudo de los ataques de David. Se giró para encarar a Lídel con su espadón, otro planazo llegó en horizontal, Lídel lo esquivó con Brisa, perdió el equilibrio, giró en el aire pero enseguida se recompuso y lo volvió a intentar. David aprovechó que su enemigo lo ignoraba y preparó una esfera de energía bien concentrada que destrozaría sin duda la cúpula de Llogo. Lídel tomó un último impulso, que dejó dañado el suelo de marna, y atacó el pecho del soldado. Llogo detuvo la agresión con el espadón. La esfera de energía blanca lanzada por David atravesó la cúpula y le impactó en la espalda, Lídel atacó otra vez, ahora que Llogo se recuperaba había perdido el equilibrio. El espadón de Llogo comenzó a refulgir energía. Efectuó dos ataques al mismo tiempo, uno fue una esfera enorme que se dirigía a David, el otro fue un ataque en vertical. La esfera de energía se deshizo frente a un David que ya había aceptado su muerte y el filo del espadón frenó justo a medio paso de la cabeza de Lídel. Jenna, que había reconocido la espada de su hermano desde las gradas, se cubrió el rostro con las manos.

—Eres muy bueno— le dijo Llogo— Pocos jóvenes pueden moverse con esa rapidez, pero ten cuidado, si quieres que todo ese talento sirva para algo en el futuro, primero tienes que preocuparte por estar vivo, Lídel.

El combate terminó a pedido de los muchachos, que comprendieron que el soldado se encontraba a otro nivel, por el momento inalcanzable para ellos.

David y Lídel se reunieron en la enfermería, donde los sanadores les curaron varios huesos resquebrajados y heridas internas, una vez terminado el tratamiento se dirigieron a encontrarse con sus tutores.

—Oye, nunca me dijiste tu nombre real— dijo Lídel.

—Tú tampoco me has dicho el tuyo—

—Porque no puedo— dijo Lídel

—Lo siento chico— intervino Enrico— Pero tenemos que irnos— mientras se alejaba le dedicó una mirada a David— Por cierto, eres un magnifico luchador

En las calles de Brión

—No me habías dicho que era un combate amañado— le reprochó Lídel a Enrico.

— Y no lo era, solo le pedí a Llogo que no te matara, ya está—

—¿Ya está?— se insultó Lídel— Sin el peligro de la muerte, un combate no es real.

—Lídel, un duelo entre dos cinans no es siempre una lucha por la supervivencia, tienes que entender que los combates, sobre todo los sucedidos en la arena, no se hacen con el objetivo de buscar la muerte.

— ¿Y de qué sirve ganar?—

—La gloria, la fama, el orgullo de derrotar a un cruento oponente— dijo Enrico.

—No le enseñes esas cosas al muchacho— intervino Kliara— Déjalo que elija su propio camino.

—Lídel tiene una aptitud innata para la esgrima y el manejo de energía dentro de su cuerpo, además— Enrico se giró hacia Kliara para que su sobrino no oyera el comentario, algo que logró a medias— Él es demasiado distinto, él necesita saber defenderse.

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Acerca del autor

Javier

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