Historia

El lugar en que te ame

El lugar en que te ame - Historia
Hay tanto por recordar y por más que quiera olvidar es imposible, caminar por la calle es un homenaje a lo que fuimos y aunque suena loco cada cuadra, cada avenida lleva tu nombre, tu recuerdo, mi memoria.
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Un domingo de fútbol, cuando aún hinchabas por mi, tuvimos el encuentro más cercano que jamás imaginamos pero por esa circunstancias de la vida y necesidades del cuerpo se dió, una casa vacía sin espías cerca, fueron el escenario donde intente usurpar tu cuerpo, esa piel que entre mezclaba temor y deseo, tu boca pegada a la mía nos transportaba a los más profundo de nuestras pasiones, no había sentido esa sensación, esa lucha entre el temor y el deseo frenó ese momento de locura e impidió que llegara al más allá, había dejado de quererte para desearte por primera vez.
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Los intentos se hicieron en silencio con pleno secreto, con la mirada fija por la ventana, agudizando los oídos, tu olfato frenó mi ímpetu para detenerme, alguien se acerca a tu puerta, una rápida acción y volvemos a la normalidad, tus padres entran y me saludan (aún recuerdo) con cariño, nos miramos tímidos, sin saber que decirte, sonrojada y recuperando el aliento, saludas a tus padres que parecen no darse cuenta de lo afortunada que es su hija para no ser sometida en ese sillón de terciopelo rojo, testigo fiel de sucesos y eventos ocurridos en esa casa, preferimos esperar.
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Pero al salir de tu casa, en ese pasaje armonioso de múltiples familias, retomamos lo que dejamos dentro y me pides que te espere.
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La adolescencia en nuestra sangre corriendo apresurada se densa en un momento y te sonrió aceptando tu posición, me miras sabiendo que lo intentare, que estas segura de mi amor, de que te deseo.
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Los días siguientes la misma historia, tu mano en mi cuello, tu boca en la mía, mi mano en tu espalda, las piernas entrelazadas, los gemidos intensos y la obstrucción de algún visitante, hasta que un día, volviéndolo a intentar nos encerramos en el baño, haciendo lo más loco de nuestras vidas, sin quitarnos la ropa sentí que me dabas lo mejor de ti, tu máximo de placer, dejaste de ser una niña para convertirte en la mujer, mi mujer.
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Los días pasaron, los meses volaron, y comencé a trabajar en un almacén, el poco tiempo que nos veíamos compartíamos los gratos momentos de larga conversación, la eterna tertulia de carcajadas contagiosas, de chistes repetidos, de sueños a tu lado, los besos en las noches, los besos en tu puerta, los besos cada esquina, los besos en el bus, los besos en el paradero, bailando contigo, los besos en el cine, comiendo pop corn, viendo alguna película, de todo un poco, hasta que te convencí, de que fueras mía de una vez por todas, y nos embarcamos en un hostal simple de la carretera, donde nos pidieron documentos y con solo presentar una identificación falsa tuvimos un lugar donde pueda caber nuestro amor, descubrí tu cuerpo frágil y tierno, cada forma, cada palmo, hecha a la medida de mis pensamientos.
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Fuimos creciendo juntos, apoyándonos en nuestras dificultades, siendo más amigos que amantes y cada vez que encontraba mi lujuria en tu cuerpo encontraba el consuelo, la armonía, la paz, el llanto, la risa, tu sonrisa, tus ojos, acariciando tu cuerpo mientras me hablabas de diseños y bocetos, mirándote mientras contemplaba la forma de tus curvas, mientras dormías desnuda sobre mi.
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Y superamos los momentos tanto así que cambiamos de lugar una y otra vez, lo que había empezado en aquel hotelucho en una cama rustica, con una ventana donde filtraba el aire frío, en esa covacha donde escuchábamos a los demás amantes tiritar de placer, nos trasladamos a un hotel un par de estrellas más, optima para la mujer que tenia cerca y pernoctamos ese viernes, donde te envolvías entre la sabanas fatigada por la energía derrochada durante la noche, y a primera luz del día amanecíamos nuevamente enlazados, tus labios frescos me acariciaban en la ducha, haciendo subir la temperatura del agua tibia y tu cuerpo enjabonado, cargándote fuera de la ducha envuelta en una toalla, para volvernos amar una vez más.
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Fines de semana sin termino que nos volvía a encerrarnos en otro lugar, ahora con una botella de champagne o un vino borgoña, música de por medio, tu danza, más mujer, y tu cuerpo, siempre tu cuerpo atrayéndome a ti.
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La ultima noche que estuvimos juntos prometimos nunca más, cerramos una etapa llena de fantasía y realidad, causa y efecto, sin embargo volvimos a lo mismo o mejorado y aunque me has dicho que la química se mantiene, presiento y temo se acabe y esa química se entregue a otro, aunque habrán lugares en los que te ame… porque cuando te tuve eras la mujer de mi vida y cuando no te tenga serás mi amor platónico porque en cada parte de tu cuerpo lleva mi firma.
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Acerca del autor

Oscar Martins

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