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El Madrid Chocó Contra El Iceberg

El Madrid Chocó Contra El Iceberg - Deporte

Para los millenials, el Titanic fue el transatlántico más orgulloso de su época, diseñado para ser prácticamente insumergible, pero un iceberg lo hundió en su primera travesía entre Inglaterra y EEUU. Se fue al fondo del mar llevándose consigo a más de 1300 personas. Fue la mayor tragedia naval civil de su época. Tanto, que hoy se sigue recordando con dolor. Valga este recordatorio como homenaje.

El Real Madrid es el Titanic de nuestro tiempo, en el mundo del fútbol. Navega orgulloso por los mares de la Fifa creyéndose insumergible. Pero hete aquí, Sancho querido, que ha chocado contra el iceberg y se ha ido a pique, a pesar de toda su ingeniería, de toda su grandeza. Y de qué manera… No hay paliativos para este naufragio. No hay excusas para la debacle.

El iceberg no es el Barcelona. No, ¡qué va…! El iceberg es su propia estupidez y su propio orgullo. El Real Madrid se ha golpeado contra su propio puerto, contra las bases graníticas de su propio muelle, de su espigón, el mismo que lo protege de las tempestades. Esa dársena, ese fondeadero seguro es su seguridad en sí mismo. Porque si por algo se identifica y distingue el Real Madrid es precisamente por creer, con una fe inquebrantable, en su capacidad para superar cualquier obstáculo. Pero esa seguridad, esa fe, le han fallado esta vez.

Le han fallado porque un entrenador ahíto de victorias y asustado ante la más que posible derrota se bajó del barco antes de iniciar la nueva travesía, cuando estaba llamado a ser el capitán que lo guiara de nuevo hacia el estuario del éxito. Y lo peor es que lo hizo cuando sin previo aviso, y sin aceptar argumento alguno, sintiéndose completamente desligado del club, como si no fuera responsable de lo que pasara a partir de entonces. Zidane ya se fue precipitadamente una vez cuando era jugador, y no le importó dejar tirado al Real Madrid. Se inició entonces una era de varios años de travesía por el desierto en que el equipo sufrió hasta encontrar de nuevo la senda del éxito. Y Zidane lo volvió a hacer como entrenador. Él es el primer responsable del hundimiento.

Le han fallado porque su mejor jugador decidió que ya era hora de pensar en el equipo y decidió pensar sólo en él. Y se marchó al mayo competidor en Europa que el Real Madrid ha tenido en los últimos años. Y se quedó tan ancho. Seguramente llevaba mucho tiempo tramándolo. Seguramente llevaba mucho tiempo mintiéndose a sí mismo, diciéndose que ya estaba bien de pensar sólo en el equipo. Pero Cristiano siempre pensó en él. Sólo en él. Pensó en él cuando subió a recibir sus premios, cuando marcó sus goles, cuando forzó expulsiones por su estupidez. Pensó sólo en él cuando creyó que el Real Madrid le debía algo por su problema con Hacienda. Y pensó sólo en él cuando decidió forzar su salida hacia la Juve. Es el segundo responsable de la catástrofe.

Le han fallado porque su mejor presidente, después de don Santiago Bernabéu, se ha vuelto roñoso y excesivamente prudente. Ha visto probablemente el derroche de los clubes cuyos fondos proceden de los dictatoriales regímenes del petróleo, que han inflado los precios hasta límites que hace poco parecían imposibles, en una inflación que supera toda razonabilidad. Y ha sido incapaz de igualar la apuesta. Ha decidido jugar a la chica, fichar talentos jóvenes a bajo precio, mientras se iban a escapando uno a uno los grandes jugadores que poblaban la plantilla: James, Pepe, Kovacic, Morata… y finalmente Cristiano, para quien la afición pedía a gritos un recambio de garantías… que no vino. Y la plantilla (aminorada, casi asustada) comenzó al temporada mientras su presidente recitaba el mantra de “hemos traído a grandes promesas”. Pero las promesas se incumplen. Las esperanzas se rompen. Las ilusiones se frustran. Y el Real Madrid de Florentino ha vuelto a caer en su autocomplacencia. Porque el presidente creyó haber encontrado al nuevo Cristiano en Asensio. ¡Ay qué error! Asensio es Asensio. Brillante a veces, pero incompleto, insuficiente para llevar a sus espaldas el peso del ciclópeo barco blanco.

Le han fallado finalmente porque la plantilla y el entrenador no están para ser campeones. Lopetegui es un entrenador superado. Ha sido incapaz de emocionar y motivar a sus hombres. Y éstos han sido incapaces de dejar atrás los laureles y volver a enfundarse las armaduras. Están demasiado hartos de victoria. Nada puede ser igual cuando se ha ganado tanto y con tanta gloria. Ya no se entrena igual. Ya no se juega igual. Todo tiene menos valor. Todo está mucho más gastado. El caramelo ha perdido su sabor. En una situación así, hay que empezar de nuevo, ponerse de nuevo a prueba, arrancarse las seguridades y lanzarse otra vez al coliseo sin posibilidad de escapar y sin coronas de campeón. Justamente esto es lo que ha hecho Cristiano yéndose a la Juve. Es en lo único que ha acertado.

El caso es que el Titanic madridista se ha hundido. ¿Quién rescatará a los supervivientes? Por cierto, ¿hay supervivientes? Bueno, quizás… Marcelo (aún es el lateral izquierdo más peligroso del mundo, un poco por delante de Alba, que está también muy bien). Quizás Casemiro (poco pudo hacer ante la inasistencia de sus compañeros), poseedor de una honra torera que le lleva a asumir el “mea culpa” ante los aficionados. Quizás Lucas Vázquez, que hizo lo que tenía que hacer, aunque no le tocara a él hacerlo. El resto están deportivamente muertos.

¿Resurgirán de sus cenizas, como otras veces? Ya veremos. El Real Madrid es el único pecio del océano capaz de volver a flote por sus propias fuerzas. Sólo el tiempo dará y quitará razones.

 

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