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El mensaje de Klaatu

El mensaje de Klaatu - Cine y Televisión

La excelente película de 2008 “El día que la tierra se detuvo”, protagonizada por el gran actor Keanu Reeves y la bella actriz Jennifer Connelly, contiene un mensaje muy importante tanto en lo individual como para la humanidad entera.

En el año de 1951 se filmó una primera versión de ésta historia. Es decir que desde esos años se tenía conciencia del deterioro moral y social por el que la humanidad atravesaba. En aquel momento la guerra aún era una amenaza así como el comunismo. La respuesta fue esta historia en la que se menciona el peligro de crear armas de destrucción masiva. Si los humanos insisten en crear tales armas, los extraterrestres se verán obligados a destruir el planeta por considerarlo una amenaza intergaláctica.

Cabe mencionar que hubo un premio Globo de oro honorífico para ésta cinta a la mejor película que promovió el entendimiento internacional. Esto nos dice mucho de la mentalidad que existía en aquellos años en cuanto a la oportunidad de salvarse la humanidad a sí misma, debido a los peligros latentes del momento.

Peligros que han aumentado al paso del tiempo y que hoy contemplamos con temor a la vez que nos hemos acostumbrado a vivir entre malas noticias e incertidumbre. Hoy el mensaje de “El día que la tierra se detuvo”, es más real e importante que nunca antes. Más que una historia de Ciencia ficción es un llamado a la humanidad a cambiar su mentalidad y estilo de vida.

El personaje principal de la película es el extraterrestre de nombre Klaatu. Él es un representante de un grupo de civilizaciones que han decidido enviar un mensaje, un ultimátum a la tierra. El ser humano no ha sido responsable en su forma de administrar el planeta. Y ésta es una situación real en nuestro mundo. Por todos lados vemos guerras sin sentido debido al interés de unos pocos, el clima se deteriora por la explotación excesiva de los recursos naturales y la moral se desmorona. Muchas especies animales están extinguiéndose y la política es un gran espectáculo mediático.

El uso desmedido de la tecnología nos ha hecho olvidar nuestra parte humana, el verdadero espíritu de la humanidad. La contaminación del ambiente, los mares súper poblados de basura plástica, los crímenes atroces, la falta de amor y de unidad, las enfermedades que cobran miles de vidas cada día, tal parece que somos primeramente una amenaza para nosotros mismos antes que para otras civilizaciones estelares.

En la película el reclamo que llama la atención es la mención de Klaatu: “este no es su planeta” (del ser humano). Por esta razón se ha decidido la destrucción de la humanidad y de todo lo que ha creado e inventado, ese estilo de vida artificial y deshumanizado, mecánico y automático que nos ha llevado al borde del precipicio, al borde de la destrucción e inutilización del planeta. Seguramente no hemos merecido la inclusión a ese grupo de civilizaciones avanzadas y pacíficas por maltratar el mundo que se nos había confiado.

Klaatu dice que hay pocos planetas capaces de desarrollar y albergar vida, por esta razón es que esas civilizaciones quieren recuperar la tierra. No vienen a salvar a la humanidad, sino a la tierra, eliminando la causa de su decadencia, que son los seres humanos.

No hay más remedio, pues se intentó hablar con los líderes mundiales, representantes de la humanidad, pero como siempre, el hombre tiene miedo a lo desconocido y en lugar de dialogar, ataca, destruye, elimina o esclaviza lo que no entiende. Así que comienza la recolección de especies animales alrededor del planeta, un arca de Noé cósmica pues la destrucción es irreversible.

La actriz Jennifer Connelly en el papel de la doctora Helen Benson es la persona privilegiada que puede acercarse y dialogar con Klaatu, pues es consciente de las implicaciones de su llegada al planeta. Cuando el extraterrestre le revela sus intenciones, ella intenta hacerlo razonar para evitar la destrucción. Klaatu menciona que intento dialogar con los líderes y estos no accedieron. Demostraron su falta de interés y su primitivo instinto del dominio por la fuerza sobre el diálogo y la razón. Helen lo lleva con un verdadero líder de la humanidad, un premio nobel de sencillo corazón y gran inteligencia, el profesor Barnhardt, protagonizado por John Cleese, con quien razona en el lenguaje de las ciencias matemáticas y quien le dice la frase más importante de la película: “es solo al borde del precipicio donde se encuentra la voluntad de cambiar… este es nuestro momento, no nos lo quites…” refiriéndose a que la humanidad se encuentra realmente al borde de la auto destrucción pero que quizá es el momento del despertar de la conciencia colectiva, el momento del verdadero cambio, uno que viene no de las emociones, sino del corazón, de la reflexión, de mirar alrededor y preguntarnos: “¿para qué?”

Y esta es nuestra reflexión vital de esta película. La humanidad ha demostrado cambiar incluso en el precipicio por muy poco tiempo. Es un cambio emocional y temporal. Cuando un terremoto arrasa con una ciudad o población, la gente se solidariza, se ayuda mutuamente, pero al cabo de pocas semanas del acontecimiento, vuelve a dividirse, a pelear, a odiarse y a existir artificialmente.

Cuando hay amenaza de guerra, cuando la violencia se desata, cuando el terrorismo ataca, los seres humanos se indignan, se manifiestan, razonan y sienten el deseo de hacer un mundo mejor, más unido, más comprensivo y cooperativo, sin fronteras, sin racismo… pero muy poco tiempo después vuelve el rencor, los celos, la indiferencia y todas las buenas intenciones caen por el precipicio.

Es aquí donde debemos recordar la reflexión última de Klaatu: “en el precipicio cambiamos…” lo dice después de observar ciertas conductas humanas llenas de amor, temor y esperanza a la vez. Se da cuenta que dentro del ser humano aún yace el potencial del cambio, de la reflexión, del amor verdadero. Quizá vio la chispa divina latente pero débil, que casi se ha apagado. Todo ser humano quiere vivir en paz, pero no sabe cómo hallar esa paz.

El cambio verdadero implica una transformación total de nuestro de vida actual. Finalmente Klaatu accede a “perdonar” y a otorgar otra oportunidad a la humanidad, aunque la destrucción ya ha comenzado. Le dijo a la Dra. Benson que el precio será muy alto.

Y así es en nuestra vida. Si queremos cambiar y mejorar, esto significa un cambio de hábitos, de mentalidad, de costumbres; un cambio desde el interior. La mayor parte de la humanidad está condicionada y habituada a un estilo de existir sin metas, sin objetivo, sin mayor preocupación que sobrevivir sin importar que pasa con el planeta, con el ambiente, con los demás.

La destrucción es interrumpida por Klaatu, quien repite para sí: “en el precipicio cambiamos”. La oportunidad está aquí de nuevo. El precio es la desaparición de los avances tecnológicos. Los relojes se detienen, la electricidad se apaga. Ya no hay luz ni energía artificial. Por tanto no habrá televisión, internet, bancos, dinero circulando, puertas y escaleras y cajeros automáticos, grandes corporaciones acaparando mercados, automóviles ni armas. La humanidad tendrá que vivir sin apegos materiales y regresar a vivir de forma natural. La destrucción ceso, pero también el ritmo alocado en que avanzaba frenéticamente el ser humano.

Hoy requerimos de la voz que nadie quiso escuchar de Klaatu. En la actualidad contamos con una gran cantidad de voces que se han alzado en medio de la hecatombe mundial y a través de los siglos. Líderes religiosos, políticos, filósofos, pensadores, artistas… muchos nos han advertido del peligro de continuar viviendo como hasta hoy.

¿Sería mucho pedir en nombre de la tierra que reflexionemos y nos decidamos a cambiar nuestro gastado estilo de vida? ¿Sería mucho sacrificio transformar nuestra mente por el bien de la humanidad venidera? Tú también puedes ser la voz de Klaatu, de Buda, de Cristo, de Gandhi, de Mandela, de tu propio corazón.

Necesitamos vivir más naturalmente. No que vaya a suceder tal y como en la película. Pero la humanidad necesita reposar, detenerse y considerar hacia donde llegará de continuar como hasta hoy. No hablamos de conformismo, sino de valorar lo verdaderamente valioso de la existencia.

Recordemos las palabras de Francisco de Asís, gran filósofo de la vida, hermano del universo, alma alegre y luminosa:

“Yo necesito poco. Y lo poco que necesito, lo necesito poco”

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Acerca del autor

REIVAJ CAL

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