Sociedad

El Mensaje Oculto de la Televisión



El Mensaje Oculto de la Televisión - Sociedad

          Seamos sinceros.  La televisión en general sin importar su procedencia, nos ofrece escasas alternativas, pero sin duda lo que hoy sí podremos disfrutar es como:

  • Impulsa la promiscuidad y la ambivalencia sexual, trivializando las relaciones sexuales promoviéndolas entre adolescentes cada vez más jóvenes, eliminando cualquier condición ética o moral.

  • Disminuye la importancia que los padres tienen en la educación, reduciéndolos a simples proveedores y espectadores del andar de los hijos quienes funcionan como centro de la dinámica familiar alrededor de los cuales, los demás deben girar.

  • Debilita la importancia que la madurez y experiencia tienen para fortalecer la personalidad y el carácter, haciendo de la juventud, un falso valor y no una etapa de la vida.

  • Exalta fantasiosamente las amistades que sustituyen a los lazos familiares restándoles importancia y reforzando la idea de colocar a la familia en segundo plano.

  • Impone la imagen de una mujer que es sexualmente objetivada, y al mismo tiempo en actitudes violentas y en constante competencia con el hombre, eliminando la feminidad como atributo propio de ella.

          Las diferencias entre uno y otro programa son simples matices.  Algunos estarán mejor o peor producidos que otros, con mayor o menor presupuesto, con mejores o no tan buenos actores pero la temática es básicamente la misma.

          Más que contar historias, la televisión actual nos lanza mensajes doctrinales que pretenden influenciar nuestro entendimiento y por desgracia, son siempre las mentes jóvenes las más vulnerables.

          El resultado de la alineación que hoy observamos en la programación es que nos han eliminado las alternativas.  Sin alternativas no hay contraste, sin contraste no hay discusión y sin discusión solo queda el adoctrinamiento.

          Basta ver algunos capítulos de cualquier serie dirigida a los jóvenes adolescentes para comprobar que una ideología sexualizada, está presente y en control de la programación intentando hacer que la sociedad, cambie sus valores.

          Sin importar de que trate el programa, el sexo se nos muestra en forma subyacente al tema principal y sin embargo, es inherente a todos los personajes centrales de modo que adquiere un protagonismo permanente en la trama.  Los protagonistas, sucumben a las pasiones como si este fuera el resultado natural y único posible de las interacciones con otros personajes.

          Las relaciones amorosas adolescentes, se nos muestran además de transformadas en intensas pasiones sexuales, atravesadas por una serie de infidelidades en las que los protagonistas, sin importar si es con la pareja del mejor amigo o del rival en turno, se entregan a una relación pasajera, superficial y carente de ética o moral.  La traición forma parte del carácter de nuestros héroes, quienes van cambiando sus gustos de hombres a mujeres y viceversa como si esto fuera natural.

          A lo largo de la trama, podemos observar como las lealtades de los personajes van cambiando de un lado a otro y las traiciones se van concretando para acabar todos, tan amigos como siempre.  La línea de lo bueno y lo malo se borra y los personajes van pasando de un bando a otro para conseguir un fin.  En pocas palabras, “el fin justifica los medios”.

          Por supuesto que nuestros héroes adolescentes, tienen la rebeldía como denominador común pues si bien es una característica propia de esta etapa de la vida, los adolescentes en la televisión, son personajes que a muy corta edad son prácticamente autosuficientes, capaces de resolver aquello que los adultos más experimentados no pueden.

          Y si de acción se trata.  Las heroínas de la televisión moderna, son mujeres capaces de pelear cuerpo a cuerpo con hombres que doblan su peso y fuerza sin mayor problema.  Reciben una andanada de golpes que no vemos ni en las más intensas peleas de box.  La feminidad como la conocemos se ha perdido dando paso a una actitud agresiva que la sustituye.

          Es evidente que a través de la televisión, se lanzan mensajes a nuestros jóvenes con objetivos claros y muy lejos de ser inocentes.  De nosotros depende darnos cuenta del veneno que la programación trae consigo y evitar absorberlo.  La televisión ha dejado de ser un instrumento simple de entretenimiento y se ha convertido en una herramienta poderosa para la manipulación.  ¡Cuidado!

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