Historia

EL MISTERIO DE LA ISLA DE PASCUA



EL MISTERIO DE LA ISLA DE PASCUA - Historia

En medio de la nada, a 3.518 km. de la costa americana y a 2.037 de la isla Picairn, su vecina inmediata, se encuentra esta isla bautizada así por el almirante holandés Roggeween, que la descubrió al atardecer del día de Pascua de Resurrección de 1722, aunque al parecer el primer europeo que la avistó fue el pirata Edward Davis en 1687, sin llegar a desembarcar. Una isla que alberga en sus escasos 170 km2 (la extensión de un término municipal español grande) tantos y tan sugerentes enigmas, que cerca de tres mil autores han caído en la tentación de escribir sobre ellos. También lo haré yo, y lo haré de la primera imagen que nos viene a la cabeza: los moai.

 

La isla de Pascua (llamada Rapa Nui -isla grande- por sus habitantes) tiene poco más de mil moais repartidos por su geografía, casi todos mirando hacia el interior. Fueron erigidos entre los siglos XIII y XVII. Todos ellos tienen las mismas características: arcos superciliares prominentes y unidos, boca recta de labios muy finos que se proyectan hacia delante en un mohín característico y mandíbula desproporcionadamente grande. Los pascuenses esculpían sus estatuas manteniéndolas unidas a la piedra madre por una estrecha quilla en el dorso, que rompían al final, cuando estaban prácticamente terminadas, como hicieron los antiguos egipcios con sus obeliscos.Para la mayoría de los antropólogos, se trata de retratos de caciques y héores locales, aunque bien pudieran divinidades que protegieran a sus habitantes de su fragilidad, conscientes de su aislamiento y testigos de varios terremotos sucedidos en la isla. O retratos de difuntos. El caso es que un afán rayando en la locura empujó a los pascuenses a tallar tantos moais como les diera tiempo, como anticipándose a un anunciado final. De ser así, no les dio tiempo, ya que algo inesperado y súbito interrumpió la tarea. No son pocos los moais que han permanecido en la cantera, a medio esculpir, y otros en el camino, a medio instalar. ¿Luchas tribales? Quizás, pero el caso es que el fin de los moais ocurrió de la noche a la mañana. El fin de aquella cultura no fue un lento ocaso, no se produjo en años, ni siquiera en semanas, sino que sucedió en un instante. Y entre los testigos mudos de aquel suceso, los moai, derrumbados como juguetes a los que se les agotó la batería. Pero aun más misterioso si cabe, y en lo que me centraré a partir de ahora, es en cómo pudieron llevarlos desde la cantera a los lugares de la isla donde iban a ser instalados.

 

Lo que sí sabemos casi con total certeza es cómo NO fueron transportados. Una simple observación descarta el uso de rodillos, ya que de utilizarlos, las estatuas hubieran sido trasladadas boca arriba, y las que quedaron abandonadas están boca abajo. Además, la escasez de árboles debido a la poca fertilidad del suelo volcánico de la isla, también obliga a descartarlo. Algunos investigadores sugeirren un método basado en la utilización de un madero con forma de «Y» en el que encajaban el cuello del moai y de esta forma podían ejercer la tracción de la figura sobre los troncos sin dañarla. O una «X», añadiéndole un soporte en el que descansaba la frente del moai mientras se iba cambiando la posición del aspa, consiguiendo un desplazamiento a costa de dos movimientos de balanceo, uno lateral y otro de frente. Y hay otra hipótesis: el uso de trineos como en el antiguo Egipto, eso está documentado. No se trata de una máquina compleja, así que esa podría ser la respuesta al enigma. Pero no es así.

 

Hay un moai que nos lo impide.

 

Estña a media altura de la ladera, inacabado como tantos otros. Mide 22 metros de largo, con lo que puesto en pie tendría la altura de un edificio de seis plantes y su peso no baja de las 200 toneladas. Está claro que los pascuenses estaban hartos de llevar moais de un lado para otro y conocían sus limitaciones. Pensar que estaban tallando esa monstruosa escultura sin saber cómo iban a transportarla, era una estupidez.

 

La historia de Pascua no es historia tal y como la entendemos, sino un compendio de leyendas y superstriciones transmitidas a través de las generaciones. Así que, a falta de otra fuente, una vieja tradición pascuense nos dice que los moais, simplemente, «iban solos». Si era una energía por encima de lo normal la que hacía moverse a los moai, estamos hablando de un milagro. Habrán quienes lo nieguen, convencidos de que sus creencias son las únicas verdaderas y por tanto capaces de negar el «mana» (así llaman los pascuenses a tal energía sobrenatural) mientras creen a pies juntillas en el mana bíblico. Así pues, ¿podemos afirmar con rotundidad que la respuesta a este misterio fue esta especie de telequinesia? Me temo que no, ya que nadie de quienes pudieron verlo lo pudo escribir para los historiadores del futuro. Aunque para mover el susodicho moai de 22 metros, no se nos ocurre por el momento, ninguna respueta mejor que tan prodigioso sistema.

 

 

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