Historia

El origen del humano



El origen del humano - Historia

EL ORIGEN DEL HUMANO
Ante la pregunta de cómo eran las personas antes, parece un tanto equivocado pensar que el tiempo de antes y con él, las personas pertenecientes a él, era un tema parte, de otro mundo, y por eso, se cree que todo era diferente. Y si, mucho de lo que hoy acostumbramos, era diferente… Excepto el humano.
La necesidad más grande que nos ha movido desde que éramos células sin núcleo, era una sola, y la más importante de todas – seguir con vida
Pocos millones de años luego, esta necesidad fue asociada con respirar, y después, modesta y sigilosamente llego – amar.
Solo en nuestros genes llevamos lo que aprendimos y pensábamos entonces, eso casi indistinguible, junto con millones de años de experiencia posterior, hasta que Prometeo nos dio el regalo con el cual teníamos luz y calor de noche, y ya no tendríamos que desarrollar mandíbulas tan fuertes. Para entonces ya éramos bípedos, y podíamos ahorrar más de la mitad de la energía con cada paso, y así fue como conquistamos la noche, grandes distancias sin acalorarse demasiado, y un poco de seguridad al dormir.
Por favor, estimados lectores, hagan el esfuerzo de imaginar el poder que esto represento luego de comer crudo, entibiado solo por la sangre fresca, y sentirse privilegiado en las mañanas, tan solo por haber sobrevivido una noche más. El hecho de valorar lo que ya tenemos nos ahorra las distracciones, ansiedades y estrés aun hoy – porque seguimos siendo humanos.
Hoy vemos en televisión a los animales que pierden crías o camadas enteras, lanzándoles una última mirada, curtida, pero dolorosa al oír los últimos sonidos desesperados de con quién estaban compartiendo la existencia hace poco.
Justo así fuimos nosotros – antes del fuego en nuestras vidas. Antes de saber encenderlo era sagrado, y su extinción significaba el castigo con muerte del responsable que dejo que se apagara, y también podía significar fácilmente la extinción del clan – mientras dormían en la oscuridad.
Se garbo con hierro candente en nuestros genes, ya que fue crucial. Sin el fuego no habría arcos ni flechas, con los que continuamos nuestra conquista. Ahora, equipados con manos, energía, sigilosas armas de proyectil, como jabalinas, flechas y hondas, hongo yesquero y el paso que rendía más del doble que cualquier otro animal, estábamos listos para saciar aun mas nuestra curiosidad y perseguir el sol, cada vez más lejos, hasta alcanzarlo.
Le dimos vuelta al mundo por el derecho y por el revés, le dimos forma y significado en nuestra mente, y cuidamos con celo los cuentos de los ancestros, contados a la luz de la fogata. ¿Se recuerda muy bien lo que se dijo junto al fuego, no es así?
Respirando, desplazándonos en clanes cada vez más grandes, buscando comida cada vez más al este, persiguiendo el sol, y multiplicando nuestro amor por la vida, llegamos tan lejos como nuestra mente inquieta y desbordante imaginación nos lo permitieron.
Así fue como nos hicimos humanos. Éramos naturalmente salvajes, recursivos e ingenuos, humanos tal como somos hoy.

EL ORIGEN DEL HUMANO
Parte II

Un día, seguramente antes de anotarse el génesis en alguna tablilla o roca solida, alguien comió una fruta y tiro la semilla. Una vez, otra… hasta que broto un árbol que daba aquella fruta en ese lugar. Ahí el humano se convirtió en Creador. No solo del lenguaje y de la necesidad de agradecerle a la Naturaleza por lo que brinda, sino creador de su espacio, tiempo y mundo. Entonces no teníamos distracciones como hoy, en nuestras “cajas felices” (apología al “Mundo Feliz de Aldous Huxley), teníamos nuestras almas y corazones para seguir las ambiciones y el diario vivir del trabajo artesanal, nuestras creaciones, y por supuesto, nuestros estómagos y espaldas.
Cuanto más comida, sabiduría y fe hubiera, más tiempo teníamos para la creatividad, un espacio para detenerse un momento y contemplar. Entonces había tiempo para eso. Las personas no huían, no se hastiaban unas de otras, sino de lo contrario, se buscaban para enriquecer sus vivencias y poner leña y cosas más inflamables al fuego de la imaginación.
“La libertad, igualdad y fraternidad eran las reglas vividas y cumplidas día a día sin una sola ley escrita” – describió Engels en “El origen de la familia, propiedad privada y el estado”, citando a un investigador, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, pues leí el libro hace ya casi veinte años. Aquel investigador fue a convivir con la tribu de los iroqueses, indígenas norteamericanos, gente que, en mi opinión, llego hasta la cúspide de la comunidad humana. Así se supone que deberían ser las cosas con nosotros, utilizando nuestra inteligencia, con seguridad y humildad, ya que si no valorabas las cosas correctas – aquellas, las inmateriales que se intuyen y se perciben – te podías dar por muerto. Así es como vivimos hoy – muertos y estériles, acostumbrados al pantano de la distracción y la quietud del no estimulo y cero esfuerzo, ya que podemos darnos el lujo de vegetar como gusanos en un cadáver. ¿Era eso lo que queríamos?
Al pasar el tiempo (recurso valiosísimo que nunca desperdiciábamos intencionalmente) la comodidad dio paso al olvido – el peor enemigo del humano. Jesús hizo un heroico intento de hacer que entráramos en conciencia, no en razón material, sino asomarnos a la idea de él para que vivamos. Ya no teníamos la urgencia de de dedicar toda o gran parte de nuestra energía a abastecernos de alimento, o tener crías por cantidad, para poder distraer a los depredadores mientras la cría mas sana y avispada se salve. Ya teníamos las comodidades, y el ocio creativo, solo que este último fue dejando de ser creativo para convertirse en la actividad de buscar placer más que provecho (y no, no estoy siendo utilitarista), y para buscar distracción más que creación. La energía creadora del ser humano si no se materializa en una obra, o acción constructiva (o hasta destructiva también), se descompone como fruta sin comer en un plato, o un cadáver, y todos aquellos humanos sensibles conocemos este hedor, la pestilencia del aburrimiento, el sinsentido y el desperdicio.
La hora de los paroxismos hoy está más cerca que nunca.

EL ORIGEN DEL HUMANO
Parte III

Mientras en el oriente valoraban su sabiduría, filosofia y tradición, resistiéndose implacablemente al olvido, al otro lado del planeta se creaba una suerte de pozo séptico, al principio sutil y agradable, pero decidido a legitimarse. Encontró su máxima expresión en las herencias paganas del catolicismo occidental, con el placer fatuo, doctrina del paraíso (concepto de lo mas desequilibrado en donde no existía el mal) y apariencias por verdades. La cereza del pastel la coloco el papa Urbano, no sé bien si era Urbano IV, pero él tuvo la brillante idea de hacinar y concentrar a la gente en urbes, que bautizo en su honor. Ya no era la gente con su tierra y clan familiar, ya estábamos todos en un mismo costal. Las ventajas solo las tenía el gobernante, mientras sus gobernados padecían odio social y enfermedades por contaminar los ríos. Ahí fue cuando dejamos de ver el horizonte, y así fue que el alma nuestra comenzó a quedarse en el olvido. Los conceptos más sutiles y básicos, como la sinceridad, bondad, y lo más importante, la humildad ante el mundo, la vida y su magnificencia antes comprendidas, comenzaron a osificarse. Como si nuestra imaginación y capacidad de amar y mejorar de repente padeciera del trastorno FOP (trastorno que consiste en reparar cualquier herida con tejido óseo, sin importar en que tejido se produce la herida).
La existencia material se afianzaba, al tiempo que las angustias espirituales eran cada vez mas horrorosas e inexplicables para el humano medieval, y renacentista.
Llegando al punto del racionalismo, y su directa consecuencia – el romanticismo, nos fuimos del extremo de negar las emociones humanas mas naturales al paroxismo explosivo de los sentimientos y pasiones acumuladas durante varias generaciones.
“El humano, creyéndose el más bajo de los ángeles, en vez del más alto de los animales” – señalo Thomas Hobbes en su Leviatán.
Expandimos nuestro poder desentendiéndonos de la responsabilidad inherente a él, dando origen a un siglo de continuo desastre…. Un siglo o más, ya que yo también, humana y madre, soy víctima del olvido.
Pero basta de pesimismo, olvidémonos más bien de la gente que vive a costa del, y utilicemos nuestro poder creador – el que agranda y magnifica todo aquello a lo que le prestamos atención. Ya entienden hacia donde voy? Al igual que el boson de Hicks, que solo “está ahí” cuando lo vemos, en cuanto le enviamos de nuestra energía – creamos materia.
Esto es tan fascinante y abrumador como natural y hermosos. El amor es vida y el miedo es muerte, y arriesgándome a sonar en exceso romántica – el dolor es vital y necesario. No hay que huir de él, ni tampoco buscarlo, creyendo que es la justa penitencia que merecemos, ya que todo en la vida debe tener equilibrio; es como desplazarse por el borde del andén, o un separador de una doble calzada, en donde caerse hacia cualquier lado es igual de peligroso. Las faltas o carencias casi necesariamente nos llevan a excesos, hasta el punto en donde nuestra mesura y conciencia nos devuelven el equilibrio, el cual es luchado a cada instante de nuestras vidas.
Luego de mucho mal, frio, dolor o incomodidad, se valoran mucho más el bien, el calor, la comodidad y el alivio. Ahí se encuentra la felicidad de Buda, Confucio, y otros filósofos muy mencionados hoy día, quienes llegaron hace miles de años a las mismas conclusiones – la felicidad esta en el sentido del equilibrio (Confucio), y “la infelicidad se siente por los apegos desmedidos y la búsqueda de la ilusión de control” Siddhartha Gautama (Buda). Este último, como lo sabrán algunos, fue príncipe de cuna dorada, que se volvió asceta.
El olvido, nocivo en extremo para el humano, no nos permite seguir en el separador, sino que nos lleva a rodar dando tumbos, igual que los barriles de Donkey Kong, sin retener nada, con tal de mantenerse entretenido y distraído.
Propongo la cura del “Mundo feliz” de Aldous Huxley, en el que estamos aun sumergidos, buscando, con honestidad brutal hacia nosotros mismos, en que fallamos, que no sentimos, y que negamos con terquedad por alguna razón, la cual es en realidad de poca importancia.
Los invito a dar un primer paso hacia el amor y la valentía de vivir la experiencia, y abandonar para siempre la posición cobardemente dependiente de lo que el otro hace, y aceptar el hecho que nada pasa sin una razón, sin un “para que”, y esta razón siempre, sin excepción, es la de hacer de nosotros mejores personas, no por fastidiarnos para la diversión del anciano barbado que juega los dados en el cielo.
Los invito a ser libres, a no lamentar nada, salvo si es para mejorar. La libertad supone valentía para quien osa conquistarla, y la victoria más importante, es la victoria sobre nosotros mismos. Así que no existe nadie que no la merezca.
Los invito a concentrar los bosones de Hicks en el poder humano de la creación de lo bueno, lo optimista, lo luminoso y lo correcto.
Así que, estimados lectores, les aconsejo que coman bien, duerman bien, y jamás, jamás dejen de agradecer todo lo bueno y lo malo en su vida, y no olviden que todo esto llamado ocurrencias de la vida nos encamina hacia una mejor versión de nosotros mismos, los humanos.

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DanaSforza

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