Política

El peligro de jugar con las palabras



El peligro de jugar con las palabras - Política

De todos las herramientas de que disfruta un representante público, ninguna es tan crucial como la manipulación de las palabras. Un arma poderosa para el control de la ciudadanía. Porque se utiliza con descaro en el sentido de todo aquello que crea pensamientos falsos y que genera verdades artificiales con la única finalidad de engañar y manipular al pueblo. Precisamente aquello que desagarra la conciencia y la enajena de la verdad primordial. El lenguaje, utilizado como la ultraderecha y la urtra-ultraderecha lo hace, no es precisamente una herramienta para desvelar la verdad sino para ocultarla.

La palabra es el instrumento fundamental para comunicarnos, y su manipulación solo refleja incultura, intransigencia, provecho interesado. Según Goebbels, al que supongo estas derechas admiran, “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, por eso quizás lo ponen en práctica. Personalmente prefiero citar a Anatole France, “una necedad repetida por mil bocas no deja de ser una necedad, pero una mentira repetida mil veces en un medio de comunicación se eleva a la condición de creencia”.

Para manipular personas primero hay que reducirlas a la condición de meros objetos, es decir, votantes sin otra finalidad que acudir con su voto a urnas cada convocatoria electoral. Así, cuando la política debería ser el arte de simplificar la vida social, favorecer el desarrollo de los ciudadanos, la realidad es que es más bien el arte para engañar y seducir con frases y slogans creados para mermar la capacidad crítica. Ya no hay pensamiento libre, individual, articulado. La mentira manda.

Lo vemos sobre todo en el Congreso de los Diputados, bien con motivo del debate sobre la Ley de Eutanasia, donde las derechas, como de costumbre, venden la idea de que la muerte digna es un instrumento de la izquierda para solucionar las pensiones, vamos, una condena más que un bien necesario para muchas personas que sufren; y también lo vemos cuando en lugar de ocuparse de temas verdaderamente importantes para el país, se dedican a soltar mierda sobre sobre el Gobierno a costa de Venezuela, del narcotráfico y de mil inconsistencias más. Penoso. Vergonzoso.

El caso es que esta gente sigue persiguiendo ese fin de dudosa licitud, ese ideal del manipulador de influir en sus víctimas con descaro e interés. Y es que no hay que olvidar nunca que, cuando estos reaccionarios ponderan sus falacias, es que algo planean en su más recóndito y malintencionado haber manipulativo. Y es que ya se sabe que el más astuto ardid del diablo consiste precisamente en persuadirnos de que no existe.

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Aicrag

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