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Literatura

El Pequeño Lee Fue A Dormir (Terror)

El Pequeño Lee Fue A Dormir (Terror) - Literatura

Buena noche mis queridos lectores, acomódense y disfruten esta historia corta, hasta un rato.

 

 

 

El pequeño Lee fue a dormir, con un oso afelpado llamado Chiu, su pijama de dinosaurios hacia juego con su cama, nadie arropo al niño, es solo se fue a la cama en compañía de su oso que para el niño hablaba.

El oso asentía o no dependiendo la pregunta del niño, nunca eran preguntas serias o muy estructuradas, las simples preguntas que puede hacer un pequeño de seis años de edad.

_ ¿Algún día podré volar?_, _ ¿Comeremos hoy?_, _ ¿Puedes hacer mi tarea?_, _ ¿Mamá ya no peleara hoy con mi papi?_

Lo típico que se puede esperar de un niño con apenas comprensión de su propia amarga realidad.

Como todo niño, Lee tiene un temor, el temor de que algún ser lo persiga y mire cando las luces se ausentan, no obstante, en esa cabecita redondeta, siempre miraba por el bordo de su cama a la esquina más cercana, esperando aquel impulso tan ambiguo el ser que jamás deseaba ver en vivo.

Se tapaba con las cobijas cada vez que un ruido sus paredes hacían, pero como cualquier niño que se arropa solo bajaba sus cobijas para ver a aquel ser que emitía curiosos sonidos, miraba de nuevo su esquina, se veía un contorno redondo y unos ruidos intestinales, de nuevo Lee cubrió su rostro.

Rasguños advirtieron al pequeño Lee que entre miedo corriera a la perta del cuarto de sus padres, tocó lo más fuerte que pudo, cuando su padre abrió dicha puerta Lee deseaba ansioso que lo dejara dormir con él. _ No de nuevo mocoso_, “No de nuevo” parecía ser la frase preferida de su papá, el cual lo empujó delicadamente de la espalda hasta su cama, prendió una lucecilla y cerró la puerta de Lee, el niño abrazó a su oso y trato de dormir.

 

El día estaba calmo, la escuela también, la tarea no era un gran reto, por ser un niño bien portado lo premiaron con salir de paseo al zoológico, los sonidos de los animales ahogaban los gritos, que ningún niño debería de escuchar, sobre de quien fue el deseo de que Lee existiera, al parecer no fue de nadie.

 

Su cuarto y cama esperaban impacientes, todos los días Lee trataba de decirles a sus padres que no quería dormir solo, que por favor esa noche dejaran que el durmiera con ellos, como todos los días era de esperarse negaban la petición del niño, decían que ya estaba demasiado grande para ser consentido, el alegaba diciendo que sus amigos dormían con sus padres, obviamente esto hacia que Lee terminara llorando por los regaños severos de ambos padres.

Dentro de su habitación pegado a la puerta con seguro golpeaba con sus pequeños puñitos el rectángulo de madera, gritando, con miedo, mamá y papá, ya que cando giraba su cabeza, llámalo paranoia o realidad, unos ojos blancos luminosos lo veían con gran malicia desde el otro extremo de la habitación, lloraba a tal punto que ambos padres salieron a tomar las paces entre problemas de dinero, trabajo y sexo. Que más se puede esperar de una pareja joven, que ni estudios terminaron, no tenían otra cosa mejor que hacer que repetir el acto que los unió desde un principio.

Lee por otro lado, jalo s manta protectora y durmió en el piso pegado a la puerta…

 

Cando sus padres lo pensaban despertar para que Lee fuera a la escuela, encontraron a su “mocoso” recostado en la perta, se molestaron un poco, lo levantaron a margen de gritos y empujones, listo para ir a su escuela su padre lo llevó en un auto viejo modelo, lo dejó en la escuela y lo recogió al terminar, una maestra habló con él, un dibujo inquietante, que no demostraba nada más que los temores de aquel inocente chiquillo.

Tomando el dibujo lo pego en la nevera, pero no por recompensa si no por una explicación, el niño no respondió nada, sabía que si lo hacía habría consecuencias, por esa decisión Chiu terminó en la basura y Lee todo el día sin alimento encerrado en el baño.

Cando el baño comenzó a oscurecer, Lee temblando no tenía más opción que quedarse cerca de la puerta a llorar, hasta ver aquellos ojos maliciosos verlo fijamente, abrazaba sus pernas, hecho un pequeño ovillo, su madre dijo _es suficiente_, le dio de cenar y le indicó que fuera a su cuarto, ella tenía un color de sombra extraño a los que se ponía, morado con un toque verde, esparcido por sus brazos y piernas, ella tenía una mirada triste.

Lee acostado en s cama, presencio un movimiento extraño, como un pequeño temblor que venía debajo de la cama donde dormía, esta vez ya no tenía a su oso, Lee iba a la puerta porque ahí se sentía más seguro, al bajar un piececillo na mano áspera tocó su talón, rápidamente se cubrió con su manta y se acostó, poniendo la manta debajo de sus pies para así mantenerlos seguros.

La silueta se arrastraba por el suelo, salió debajo de su cama y subía lento por un extremo, haciendo ruidos húmedos, con la misma mirada lasciva y penetrante, que haría hasta a un adulto llorar, la cama se sentía mojada, Lee había orinado, el temor recorría su espina dorsal, temblaba, no podía gritar y sus lágrimas caían por su mejilla, una mano huesuda jalaba la cobija de Lee, una risa maliciosa resonaba suave.

 

Nadie sabía por qué o el cómo de la situación, por supuesto que los padres recibieron su castigo, pudriéndose en la cárcel como bien merecen, y yo aquí escribiendo esta estúpida carta, esperando que alguien la lea, que se enteren de mi pesar y acuda a sus demonios internos, no ocupo que se compadezcan de un pobre loco que escribe desde el manicomio, nadie creerá lo que me pasó, lo que viví, lo que sentí, ¿Tu lo crees?, recuerda esas pútridas sombras tocarte toda la noche, porque cuando ya no tenías opción de escapar, ellas hacían con tu cuerpo lo que querían, juro que cuando salga de aquí yo haré lo que quiera con el tuyo, repitiendo así mi fantasía.

 

Con amor, Lee

 

 

 

 

 

Espero que lo hayan disfrutado, sin mas que decir… buenas noches.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca del autor

Ritsu Alcazar

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