Cine y Televisión

El Placer Grotesco, La Soga

El Placer Grotesco, La Soga - Cine y Televisión

Se abren las cortinas, se abre el telón. La introducción comienza, el espectáculo aguarda, la mirada del público se encuentra lastrada por la atención que Brandom y Phillip merecen. Una fiesta, el escenario perfecto para la película, alcohol caro, cigarrillos, peinados engominados y vestidos extravagantes acompañaban la morfología de la imagen. Solo dos habitaciones, solo 8 paredes y una puerta. La película no trascurre más allá, su opulento mensaje se esconde en un minúsculo escenario con recursos contados, pero el diálogo y la cronología harán de este film una hora y veintitrés  minutos de estrés.

La película, debido a sus ajustados marcos y a la abundancia planos principales, tendría muchas posibilidades de caer en lo aburrido, sería una película muy poco dinámica. No obstante, Hitchcock mantiene los nervios del espectador hasta el final, jugando con ellos hasta acabar con un sosiego significativo después de romper el climax de la manera más funesta y con ello, un fundido a negro anuncia el fin de la cinta.

El hilo conductivo de La Soga se instala entorno a la arrogancia de Brandom, como este intenta manipular, con un barato estilo maquiavélico, la relación entre Janet y Kenneth. Y por supuesto, goza de la forma más salvaje cuando teatraliza la cena comiendo encima del difunto David. Phillip humaniza el carácter más dócil y sumiso, sabiendo cerner actos correctos, en ningún momento de la ceremonia puede hacer frente a la situación, ni siquiera redimir su culpa. Sin embargo, en el tramo final, ante el conocimiento de ello, se derrumba impotente ante las palabras y acusaciones de Rupert Cadell.

Cadell inmortaliza otro carácter humano, que le impide centrarse en el acto teatral que Brandom había preparado taimadamente. Curioso y honorable, James Steawart interpreta al único personaje capaz de analizar y sospechar de las rarezas de la ceremonia. Siendo este la solución perfecta, el final más atractivo y el motivo que ofrece dinamismo a este film, haciendo del trascurso lógico un nudo de nervios formado en el gaznate del espectador.

Existe una nebulosa línea que separa los actores principales de aquellos con un carácter más secundario. Todos se regocijan en un crisol de expectativas, ilusiones, miedos y debilidades que obligan al espectador a conectar con ellos. De este modo, se podría decir que pocos son los actores sin carisma que invaden el panorama de la película. Los personajes menos relevantes forjan, irónicamente, una necesidad a los principales. Sin esa necesidad de existir en la película, de adornar y hacer entender la narrativa, la obra perdería todo su peso y la grotesca satisfacción de Brandom perdería fuelle.

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Deo

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