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El Poder De Los Defectos



El Poder De Los Defectos - Salud

Después de pasar tantos años de mi vida intentando ser “perfecta” la vida me enseñó que lo mejor viene justo al revés, cuando no escondes defectos y los cuentas, querer solo mostrar lo bueno que uno tiene es una manera de alejar a la gente ¿porqué? porque no te ven humana, lejos de lo que pueda llegarse a pensar, la gente no busca personas perfectas sino que desean humanidad, sencillez y la perfección da una imagen que distancia de lo humano.

Como todos tenemos defectos, cuando te encuentras con alguien que solo muestra lo bueno y jamás reconoce ni los errores, uno no siente ganas de estar en esa compañía porque aún nos sentimos más imperfectos, por el contrario, cuando te encuentras con una persona que se abre a contarte sus inseguridades, te hace sentir mejor, porque te abre el lado humano y te anima a contar también tus profundidades imperfectas.

Las mejores compañías se darán cuando te puedas mostrar tal como tú eres, con todo, con las luces y las sombras, con las virtudes y los defectos, con tus brillos y tus inseguridades, la naturalidad atrae, la humanidad está deseosa de dar con gente que les haga de espejo, que a través de ver naturalidad también se animen a sacarla, la sencillez da más felicidad que la “perfección”.

Todos hemos visto en alguna boda o evento así importante, cómo unos tratan de aferrarse a la perfección, pelando las gambas con cuchillo y tenedor, con mucho cuidado de cualquier protocolo, preocupados por ver si la vestimenta será la perfecta para la ocasión, con maquillajes y peinados demasiado elaborados, etc… pero ¿qué ocurre cuando alguien rompe todos esos esquemas? de repente una persona decide ser natural y dice “yo pelo las gambas con las manos”, y curiosamente empiezan a copiarle los demás,

el ser humano está deseando de encontrarse con personas así sencillas y naturales que invitan a ser humano y dejar las apariencias, lo que parece que es menos correcto en el fondo parece que es lo que más se desea, lo que más se disfruta, lo que más conecta con la esencia real humana, los que se aferran a parecer perfectos, viven una vida de apariencias donde ellos mismos son los que menos disfrutan y lo que opinen los demás es tan poco importante que al final uno se pierde a sí mismo.

LA ESCUELA DE LA ADOLESCENCIA

Un buen ejemplo de ello es la adolescencia, una época donde como hay pocas herramientas psicológicas todavía, suele ser una etapa donde uno se aferra a las apariencias, la mayoría busca el peinado perfecto, maquillajes cargados, ropa de marca para parecer más valioso/a, hacer ejercicio para tener el cuerpo diez, nos pensamos que por un aspecto vamos a tener más reconocimiento, valor y cariño, nada más lejos de la realidad.

Al final vivir así es ser un escaparate que disfrutan los demás pero uno vive sin esencia interna, es solo pura fachada, viviendo de los halagos y del reconocimiento externo, la adolescencia es una etapa donde uno trata de mostrar solo lo bueno y de adornar lo mejor posible la fachada.

Después uno aprende con la edad y los resultados, habitualmente uno mira como fué la vida de los alumnos de cualquier colegio adolescente, las personas que más vivían de pura fachada, las que más atraían a todo el mundo, tuvieron peores vidas que los más normales que no tenían tanto “éxito”,

porque suele pasar que lo que se atrae desde un físico demasiado explotado suele ser superficialidad, duran menos las parejas, o son más de capricho pero luego si no hay nada más llamativo por dentro no funciona, en cambio, esas personas más normales y sencillas encontraron mucha más estabilidad, menos problemáticas en las relaciones, porque la humildad y sencillez atrae más de lo mismo.

EDAD ADULTA, CONEXIÓN CON TU CENTRO, SENCILLEZ Y NATURALIDAD

En la edad adulta si uno ha podido observar y reflexionar se habrá dado cuenta de que las mejores cosas llegan cuando se explota el interior y la mente, cuando uno es auténtico con todo, no tiene problemas en ser humilde, en reconocer un error, en hablar de defectos e inseguridades, porque somos humanos y al final todos bastante parecidos, solo cambian las fachadas.

Al final la gente lo que más valora es cómo se sienten al tratar contigo, lo que les aportas desde el alma, desde las profundidades de tu ser, lo de fuera no importa tanto porque cuando tocas un alma todo se vuelve bello alrededor, sea como sea la vista lo colma de amor y lo llena de belleza,

cuantas veces hemos dicho, qué tiene esa persona, qué luz, qué esencia, no la cambiaría ni por la persona más perfecta del mundo, lo que ocurrió es que consiguió tocar tu alma, y eso es mil veces más valioso que tener una fachada perfecta delante, lo que avivan los sentimientos siempre será producido por la esencia interna, es lo que se debería enseñar desde pequeños en los colegios, aunque quizás sea un proceso de la vida que haya que pasar como aprendizaje, como muchos otros

 

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Acerca del autor

Cristina Pérez

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