Literatura

El primer sueño



El primer sueño - Literatura

 

 

En mi primera época de estudiante la vida circulaba tan lenta que los acelerones parecen simple saliva de babosa. Recuerdo alguna tarde lluviosa, en la cual esperábamos la hora de la salida como un preso su último día en prisión. Cuando llegaba el momento esperado, nos sorprendía la última hora del día, lo hacía para decirnos que habíamos perdido otras veinticuatro horas de vida. Relacionado con esto, está que la canción que más suena  en mi memoria sea la que nos invitaba a ir a la cama; años me llevo el poder superarla, tanto en lo que refiere estar despierto después de que la emitieran como a considerarla un impedimento del pasado. Aún hoy, incita mis peores pesadillas en las cuales veo pasar el tiempo desde mi pequeña cama sin otro acompañamiento que el silencio. Ya  en mis ocho años, mis vanas creencias eran insuficientes para soportar esos tipos de tedio, y por muy santo que me creyese nada podía evitar la sensación de que estaba perdiendo el tiempo.

 

Con el paso de los años, he intentado rellenar ese vacío con numerosos trucos. Al principio inventaba historias que me acompañaran, formaban parte de mi vida como un amigo de juegos violentos; la violencia era parte sustancial de ellas, aunque de aquella no lo consideraba de esta manera. Imaginaba mi vida de adulto, y lo hacía mediante un personaje norteamericano que luchaba por mantenerse vivo a costa de eliminar a todo tipo de energúmenos, quien podía considerar desde mi corta edad que a veces se excedía en los medios.

 

Ahora que tengo la edad del cuento, creo que mis pretensiones pudieran ser ciertas, pero difíciles de realizar. La vida maltrata tanto a la gente que dan ganas de empezar a repartir, y no precisamente mensajes de paz. Lo malo de esta perspectiva lo constituyen las ganas de dar un paso más, unida a la cobardía ante el hecho de meterse en líos. Creo que ya de aquella debí darme cuenta que mi físico no daba para peleas, por ello fui sustituyendo lo gratuito por lo obsceno. El sexo no apareció en mi vida como consecuencia de un exceso de hormonas o de provocaciones ajenas. En mi caso, apareció para matar el tiempo durante el cual no conseguía dormirme.

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Acerca del autor

Juan Carlos Pazos

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