Literatura

El Reencuentro De La Esencia – Pt. I



El Reencuentro De La Esencia – Pt. I - Literatura

El Mago

Estaba Imanku mirando al ocaso desde su casa empotrada en la altura de los Himalaya; donde el viento, manifestado en fuertes corrientes, hacía constante presencia para demostrar su poderío. Para el pensativo Imanku, no obstante, el rugido del viento parecía alentarlo a iniciar una travesía: un viento fuerte arrastra consigo más que nubes.

Extasiado en la sensación, y disfrutando sus alrededores, Imanku posa su mirada en un águila, que apareció virando, subiendo, bajando… cambiando de dirección para aprovechar la fuerza del aire bajo sus alas con la destreza que solo tiene alguien que conoce perfectamente su habilidad y sus límites. Imanku se deleitaba, observando que la gracia del águila trabajaba en conjunto de su gran aliado, el Aire, y no contra él. Ambos, coordinados, podían hacer cosas maravillosas, en total libertad y tranquilidad, siendo fiel cada cual a su esencia.

Uno de los vertiginosos descensos del águila lo lleva a dejar los vientos y poner especial atención a la tierra, al pueblo que se encontraba en las estribaciones de la montaña donde él habitaba. Desde su posición, Imanku podía ver como las personas perdían su tiempo enlazados —más bien enredados— en jerarquías, atropellos, materialismos y más, que no hacían otra cosa que minimizar la belleza del ser humano. Estas conductas habían funcionado por tantas generaciones que mantenían al pueblo en un constante estado de violencia, desconfianza, vacío y tristeza, incapaces de ver más allá. Una lágrima brotó de los ojos de Imanku, y pensó que ahí el ser humano estaba privado de su verdadera esencia.

En una de las casas del pueblo, observa Imanku, un anciano daba su último aliento en este plano terrenal. Pero, simultáneamente, en el extremo opuesto, logra ver una mujer que daba a luz, y pudo apreciar cómo esta nueva vida luchaba vigorosamente para convertir el aire en voz. El llanto representaba un inicio. Las bocanadas del anciano eran aires de alivio, de reposo, de calma y experiencia, mientras que las del niño eran nuevas bocanadas de vida, de ímpetu, de esperanza y de curiosidad. Observaba Imanku, sin saberlo, dos facetas opuestas pero armónicas del mundo: el mismo aire marcaba el principio y el fin de dos vidas, de dos ciclos, y fue meditando sobre estas escenas que comprendió el poder del aire, manifestado en esencia, en la creación y la disolución de nuestra realidad
Imanku, inspirado nuevamente en la sensación de las corrientes vitales que el viento transmitía a su piel y sus cabellos, reflexionó sobre la forma en la que el pueblo funcionaba. Decidió retarse internamente para ver si podía descifrar la verdadera naturaleza de aquel pueblo. Quizás así podría ayudarlos y enseñarles nuevos modelos que generaran paz. Soñaba Imanku con la creación de una nueva era, donde lo existente transmutaba en nuevas posibilidades de relacionamiento humano.

En su reflexión, Imanku viajó lejos, buscando conocimiento que pudiera servir para cambiar el curso de aquellas personas. Cada vez que llegaba a un nuevo pueblo, notaba que la comunidad compartía, en esencia, los problemas de aquel primer pueblo, ahora distante, por el cual inició su travesía. La respuesta no está, pensaba, en el plano terrenal. El conflicto se ha abierto paso en el hombre durante tanto tiempo que no existe ya en este mundo una fuente de ideas para combatirlo. Fue así que Imanku decidió entrar al mundo mágico, a la fuente del cosmos, donde podría encontrar nuevos modelos que tuvieran el potencial de generar lo deseado.

Antes de llegar al plano de la magia, se encontró ante una de las muchas guardianas de la sabiduría que deambulan entre las corrientes del pensamiento. Esta le preguntó por el destino que perseguía. Por muchas horas, Imanku le habló de lo que había observado en su pueblo, lo que él sentía que se debería hacer y lo mucho que quería cambiar el mundo. Después de escucharlo con paciencia, la guardiana le dijo que no había respondido la pregunta, ya que el destino no estaba en el afuera si no en el adentro, y que, para poder acceder al mundo mágico, él debía encontrar en sí mismo y no en el pueblo el motivo de su viaje. Fue así como frente a las puertas del mundo mágico, Imanku debatió por mucho tiempo con la guardiana acerca del destino y su significado, hasta que logró encontrar la respuesta: solo al reconocer el poder de la empatía y la capacidad de los hombres de cambiar al mundo a través de sus decisiones, le fue concedido el paso. Imanku logró reconocerse a sí mismo como un mago, como dueño de su destino. Una luz diáfana iluminó la entrada mientras la guardiana abría las puertas.

En el momento que atravesó el portal, su cuerpo comenzó a irradiar un brillo desconocido y reconfortante. Ante Imanku apareció en la distancia el águila que había visto antes de iniciar su viaje. Podía sentir el movimiento de sus alas y escuchar el susurro del aire bajo estas, incluso a lo lejos. Sentía la mirada majestuosa del ave sobre él y parecía escuchar sus pensamientos. Tal era el poder de aquel mundo. Una vez estuvo suficientemente cerca, el águila se transformó en una anciana, quien le susurró al oído:

Yo soy el viento que te despierta con caricias todas las mañanas, que te arropa en las noches y te acompaña en cada suspiro durante el día. Tú has llegado muy lejos por tu ingenio para iniciar cosas, y el ingenio es valioso para iniciar y movilizar, pero tienes que aprender a deducir y discernir luego de ingeniar. Al igual que en tu mundo, en el mundo mágico no todo es blanco o negro; yo diría que hay incluso más colores y matices de los que has visto jamás. Vas a tener que discernir, para que en esa amplitud de opciones encuentres tu propia verdad y por ende tu propia magia. La dualidad y ambigüedad son la esencia de este mundo. Aquí no hay rutas, solo opciones y cada opción conduce a más opciones, y es en el discernir de las opciones que encuentras claridad.

Apóyate en tu sabiduría, que es la de poder ver más allá de lo que parece obvio, y en tu intuición. Ellas te abrirán las puertas para buscar la manera de conectar tu curiosidad y tu deseo de aprender con las respuestas que buscas. Si observas, aprenderás, y si aprendes, crecerás. El mundo entero es una biblioteca si sabes leer, Imanku, y en cada página encontrarás verdades y mentiras útiles. Llegado el momento las necesitarás, porque el verdadero Saber se debe observar a través de muchos lentes. El único obstáculo eres tú, recuérdalo. Aquí realmente tienes que querer algo para encontrarlo. El camino está en tu interior, el exterior es solo una proyección de tu trabajo interno.

Imanku se levantó de la cama que usaba para meditar después de un largo sueño, con energías renovadas y total claridad de lo que esperaba lograr. Pasaron los días, las noches y las semanas, siendo su única obsesión el lograr una sociedad donde el humano sea consiente de sí mismo, de los otros y de lo que le rodea. Hasta que una mañana, después de muchos años, un susurro lo despertó diciéndole: ¿Por qué estás tan cansado? ¿Cuál es tu destino?

Los recuerdos del viaje al mundo mágico volvieron a la mente de Imanku mientras comprendía que había perdido la brújula de su destino por el engolosine de hacer, hacer, y hacer. Se perdió a sí mismo en su tarea y, al perderse, perdió también el enfoque de lo que buscaba lograr. Sin darse cuenta empezó a hacer por hacer, sin propósito, y a soñar sin acciones. Peor aún: no había congruencia entre lo que decía buscar y lo que realizaba.

Lo irónico es que, a pesar de que Imanku sentía que se había desconectado del mundo mágico y que no había hecho nada para reconectarse con él y consigo mismo, fue incapaz de entender que nuestro cuerpo y conciencia nunca están desconectados de la fuente original. Era como si su expectativa de cambio se hubiese convertido también en expectativas del mundo mágico que no le permitía ver el ser de cada cosa y cada vida.

A Imanku lo reconocían y buscaban en su pueblo por su conexión y sabiduría al momento de sentar la palabra y de responder a cuestionamientos. Esto para él era tan natural que no podía apreciar ni ver el poder en su interior. Cada consejo, cada reflexión y cada palabra de Imanku aportaba un poco al cambio que esperaba, pero él solo estaba enfocado en lo que no podía lograr. Lo que sentía que no podía lograr. Su meta se convirtió en limitación, y sus limitaciones en obstáculos.

¿Te ha gustado el artículo? ¡Valóralo!

5.00 - 1 voto
Cuanto más alta sea la valoración más visible será el artículo en portada.
¡Compártelo en las redes sociales!

Acerca del autor

J.D.Silva

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Únete a la comunidad de NoCreasNada

¿Te gustaría compartir tus inquietudes y ganar seguidores por todo el mundo?

¿Eres una persona inquieta y quieres descubrir a más gente como tú? 

Únete a NoCreasNada.

Además, te pagaremos por las visitas que recibas.

Más Información