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EL SEÑOR DE LOS TEMBLORES

EL SEÑOR DE LOS TEMBLORES - Viajes y ocio

EL SEÑOR DE LOS TEMBLORES

 

Visitar un pueblo milenario siempre te puede sorprender con las vivencias más extraordinarias y conmovedoras, experiencias que pueden, incluso, cambiar tu forma de ver la vida, ya que son  ciudades preñadas de mucha historia, cultura y tradiciones.

 

Llegas a una de esas urbes y caminas  por sus calles y plazas, y de primera impresión ya puedes advertir su exquisita arquitectura que da testimonio de grandiosas culturas ancestrales perdidas en el tiempo.

 

Pero has llegado en el tiempo en que sus pobladores se encuentran en un estado espiritual colectivo de recogimiento. Evidentemente no es un día común, es un día santo; es muy avanzada la tarde y puedes percibir que en sus calles hay más gente que de costumbre, que en grupos, lentamente, van confluyendo en su plaza mayor. Entonces como dejándote arrastrar por la corriente avanzas junto a ellos y llegas a ese espacio amplio y abierto. Es una plaza bien grande, está rodeada de casas coloniales con balcones de madera tallada, pero que en su parte más elevada se impone una enorme estructura de piedra con sus torres y campanarios, es su catedral. A su lado, en un plano más bajo hay una iglesia no menos imponente.

 

Es el atardecer de un Lunes Santo, el pueblo está volcado en su plaza, esperan con anhelo un gran acontecimiento y miran hacia el portón principal de la catedral, como  esperando a ese padre amoroso que estuvo ausente por mucho tiempo y que al fin podrán sentir su presencia y ver su rostro. Las campanas resuenan en sus tonos graves y lentos, anunciando el momento tan esperado; desde esa oscuridad profunda que domina el interior de ese recinto sagrado, se oyen leves cánticos de voces agudas. Se siente en el ambiente una energía espiritual muy poderosa que lo domina todo.

 

Entonces, como dibujándose en un lienzo negro, lentamente va apareciendo la imagen de un ser moreno. Su rostro inclinado, de facciones duras, deja ver un gesto grave y triste; su apariencia toda, es de una belleza sobrecogedora, tiene una corona de espinas incrustada en la cabeza, es de oro; sus manos y pies están clavados a un madero, su torso desnudo deja ver una profunda herida en el costado. De sus brazos extendidos cuelgan borlones de delicadas flores de un rojo intenso, que contrastan con su oscura anatomía. Avanza por sobre la multitud sereno e imperturbable.

 

Es el Señor de los Temblores que sale en procesión. Su nombre y esa fe profunda que le profesan tienen su origen muchos siglos atrás, en el año 1620, cuando siendo trasladado desde España al Perú, en altamar se dio una gran tormenta que amenazaba con naufragar la frágil embarcación, entonces tuvieron que sacarlo de su arca e interponerlo ante esa grave amenaza. La tormenta cedió ante su presencia y por ese milagro lo llamarón el Señor de las Tormentas. En el año 1650, ya en el Cusco, una tarde de mayo, un terremoto asoló la ciudad, los pobladores en su abatimiento y desamparo recurrieron al señor que calma las tormentas. Todo el pueblo, sin distinción de clase o raza, se unió en oración.

 

La procesión del Señor de los Temblores es una de las manifestaciones de fe y devoción más grandes de la región. Un mar humano, sumido en un trance espiritual muy intenso, acompaña a la sagrada imagen en su recorrido. En los balcones de las casas, que están adornados con finos tapices, los fieles esperan su paso para arrojar delicadas flores, todas de rojo carmesí, las cuales quedarán atrapadas en su cabellera y corona de espinas, y otras rodarán por su torso desnudo para quedar regado a sus pies.

 

Cuando la procesión va llegando a su final ya es de noche y es la etapa más intensa y conmovedora de todo el culto. La imagen sagrada, después de su recorrido, reingresa a la plaza mayor, que para ese momento está totalmente colmada de fieles, es un mar de gente que rebalsa incluso a sus calles aledañas.

 

Las campanas de la catedral vuelven a repicar en sus tonos graves y agudos, anuncian el retorno del Señor de los Temblores. Lentamente avanza en medio de la multitud, hasta llegar a la parte elevada de la plaza, al pie de su morada. Desde ese punto domina todo ese mar humano, es el preludio de algo grandioso. La imagen sagrada está frente a su pueblo, todos aguardan en silencio y un estado de tensión espiritual se apodera de cada alma presente en esa gran concentración de fe. De pronto, el sonido de sirenas y campanas anuncian el gran momento, todo ese mar humano se postra ante su salvador, se oyen llantos amargos y oraciones, a la vez que la sagrada imagen se inclina hacia ellos, una y otra vez, derramando sus bendiciones, el acontecimiento es simplemente conmovedor.

 

POEMA

 

OSCURO CABALLERO

Lejano te avisto oscuro caminante.

Sobre piélagos gimientes avanzas,

sereno e imponente.

 

Quién eres moreno y vital ser,

Quién, que ante tu presencia mi alma se estremece

y de ella los salmos se alzan como aves liberadas.

 

¿Eres acaso ese suave bálsamo para seres dolientes?

¿Ese dios de mirada triste?

¿Aquel que anunció llanto y  rechinar de dientes a los que ríen?

 

Sobre un mar de cánticos gimientes  caminas,

sobre un mar crispado que baña tu cuerpo con flores encarnadas.

…yo soy el Pedro que se hunde en tus aguas.

 

Quién eres, señor de ébano,

que los resuellos telúricos a tu señal se apaciguan.

 

…eres el verbo hecho hombre.

Tú eres el que es.

Haz asumido el dolor ajeno,

… ahora yaces, en el madero, estoico, sereno, herido de muerte.

 

¡Oh la carne desgarrada y sangrante!

¡Oh los labios secos y sedientos!

¡Oh el vino ausente!

…¡oh el amargo llanto que el gallo presagió!

 

…los dados, cual bufones, retozan sobre tus atavíos.

…el azar, el artero azar, obró su juego malo.

 

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Acerca del autor

César Vargas

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