Literatura

El Traje De Casamiento



El Traje De Casamiento - Literatura

El traje de casamiento
Siempre me imaginé casándome de traje. Nunca tuve bien en claro que clase de traje iba a ser ya que nadie en mi familia usaba uno. Siempre fuimos humildes. No me gusta usar la palabra pobres porque para mí la pobreza es un estado mental. “Pobre es aquel que no tiene ningún recurso”. No tengo idea de quién lo haya dicho pero estaba en lo cierto.
Como dije nunca tuve bien en claro que clase de traje sería, solo sabía que sería el traje más elegante y caro que alguien como yo pudiera comprar. Mis zapatos brillarían tanto que al mirarlos la gente se deslumbrará. Oh sí, esas eran mis ambiciones cuando juntaba las vacas en compañía de mi perro “spike’, para meterlas en el corral para que mi mamá pudiera ordeñarlas al otro día.
En esa época vivíamos en un pueblito chico del interior como tantos otros. Es hasta hoy en día que cuando visito algún pueblo así siento que camino por el mío. La misma gente, las mismas costumbres: las siestas eternas, nadar en el arroyo, mate en la vereda, pelota en la cancha del barrio hasta que el dueño de la pelota se enojaba porque su equipo perdía y el partido terminaba.
Todo eso pasaba y yo soñaba con mi traje de casamiento. Supongo que habré sacado la idea de alguna película pero la verdad es que ahora no me acuerdo. La memoria es todo un misterio.
Nunca tuve bien en claro quién sería la novia hasta que la conocí a ella. Me acuerdo como si hubiera sido ayer cuando abrieron la puerta del aula y la chica mas hermosa que jamás en mi corta vida hubiera tenido el placer de ver apareció. Yo tenía solamente ocho años en ese entonces. Ella entró a mi vida y ni siquiera se enteró de que acababa de revolucionar mi pequeño universo para siempre. La luz del sol estaba a su espalda y parecía salir de ella. Siempre tuvo ese efecto deslumbrante. Su pelo del color del trigo recogido en una pulcra trenza que su mamá había hecho ese día, su guardapolvo blanco perfectamente planchado y un gracioso maletín de cuero que ya estaba pasado de moda en esa época. Pero lo que más recuerdo son sus ojos. Grandes, siempre observando todo de forma intrigada. De un color verde algo extraño que nunca pude definir.
En ese momento la imaginé a ella y a mi saliendo de la iglesia del pueblo tomados de la mano, sonriendo, saludando a todo el mundo, caminando hacia un futuro que nunca llegaría. Porque debo advertirle querido lector que está no es una historia con un final feliz. Esta es una historia de vida, es una historia de muerte, es la historia de cómo llegué a estar hoy parado frente al espejo vestido con mi traje de casamiento sosteniendo una nueve milímetros con la cual pienso volarme la cabeza.
No piensen que es una relato triste. De hecho tuve una gran vida. La chica de los ojos verdes se fue a los dos meses de haber llegado. Sus padres se mudaban mucho ya que su padre trabajaba en un banco. Así que ahí me quedé yo, con mis sueños de casamiento, mis fantasías sobre zapatos brillantes y mi poca confianza en encontrar a alguien más que ocupe el lugar de La novia. De todas formas siempre fui un soñador. El mundo siempre me pareció un lugar extraño, enorme y lleno de posibilidades, tanto que a veces asusta. Seguí con mi vida hasta la mudanza. Mis padres decidieron que ya era suficiente de tanto campo, tantas vacas y tantas ovejas. Era hora de probar suerte en la gran ciudad.
Llegué con trece años a Buenos Aires. Todo era a novedoso. Nueva gente, nueva escuela, pocos amigos ,eso no era nuevo, en fin todo estaba por llegar. La casa era chica, el terreno también y estaba en frente de un arroyo por el cual no circulaba agua. Comencé la escuela de noche porque no me consiguieron vacante. Mis compañeros tenían como veinte años, barbudos y algunos con el pelo largo y cara de pocos amigos.
Cuando me pasaron a la tarde conocí al segundo amor de mi vida. La morocha. Graciosa, inteligente y con una sonrisa enorme que siempre me hacía sentir las famosas mariposas en el estómago. Nunca paso nada más que solo un beso pero siempre estuve enamorado. Tenía una guitarra negra y era fanática de Fito Páez. Dos años después nuestros caminos se separaron.
Ella fue a una escuela de arte y yo a un colegio técnico. Vaya diferencia. Siempre quise tener la sensibilidad de un artista. Aunque lo mío siempre fueron más los números.
Terminé el colegio con las mejores notas y empecé a estudiar Ingeniería. Tenía un trabajo de medio tiempo y luchaba contra el sueño para poder asistir a mis clases. Mi vida siempre fue así, todo cuesta arriba pero nunca me quejé. Ganarse las cosas a puro esfuerzo siempre te hace valorar más lo que tenés. El día que me recibí fue uno de los mejores momentos de mi vida.
Por fin el traje llegó, los zapatos también, estuvieron guardados en el fondo del ropero durante más de cinco años. También llegó la novia. Llegó la casa, llegó el perro, llegó la felicidad. Y llegó la desgracia.
Volví a cruzarme con la hija del banquero. Los años solo hicieron que se volviera más hermosa aún. Sabía que no tenía chance alguna y aún así me jugué el todo por el todo. Y gané. No sé cómo, no sé por qué pero ella se fijó en mi. Según ella yo tenía un no se que en la mirada que era encantador. De haberlo sabido antes no hubiera pasado tanto tiempo solo.
Nos casamos un domingo de mañana. Ella estaba radiante con un peinado recogido en varias trenzas casi igual que cuando la conocí. Sus mejillas estaban sonrosadas, sus ojos brillaban e iluminaban el mundo. Y yo? Yo era el tipo más feliz del mundo. Salimos de la mano como yo había soñado, todo el mundo reía menos el tipo encapuchado parado en la vereda que desentonaba con las demás personas. Nadie le prestó atención, ni siquiera yo, hasta que fue demasiado tarde. Era su ex. Siempre había estado obsesionado con ella aunque habían terminado hace más de tres años. Cuando levantó el arma y me apuntó supe que todo había terminado. No fue hasta que ella se desplomó que me di cuenta de que no me había disparado a mí.
Lo redujeron, vino la policía pero yo no escuchaba nada, no entendía nada. Ella murió en mis brazos. Y ahora acá estoy. Con mi traje de casamiento manchado de sangre parado frente al espejo del baño de la casa que compramos para vivir juntos. El arma en mi mano está fría. Siento como todo pasa en cámara lenta. Con mi otra mano rebusco en mi bolsillo porque hay un papel que no había notado antes. Es una nota de ella:
“Si la vida me ha demostrado algo es que el tiempo en realidad no existe, solo somos botellas flotando en un mar de incertidumbres. Lo único cierto para mí es que te amo y te amaré hasta que el cielo se caiga a pedazos. Vivamos juntos una vida extraordinaria o por lo menos hagamos nuestro mejor esfuerzo”
Después de eso la luz se apaga y lo siguiente que veo es a ella sentada con su vestido blanco en el banco de nuestro parque favorito. Mi traje vuelve a estar reluciente y su sonrisa vuelve a iluminar el mundo.

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Eduel73

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