Literatura

El triángulo de las Bermudas: cuando la guerra avisada mató al soldado



El triángulo de las Bermudas: cuando la guerra avisada mató al soldado - Literatura

¿Qué sería del Arte de la Guerra si Sun Tzu hubiera tenido las herramientas de G Suite en su mano? Seguramente se habría ahorrado unos cuantos puntos del Capítulo VII, relacionado con la Maniobra.

 

Me invitó un café para contarme su historia y yo acepté enseguida (obvio que la protagonista, no Sun Tzu), sabía por dónde iban los tiros y debo confesar que no me extrañó para nada lo que fue a contarme.

 

No se trata de que yo sea mal pensada -aunque hay que estar claros que sí lo soy- sino porque considero que hay códigos que no debemos romper si queremos evitar que nos sucedan cosas desagradables.

 

Esto se trata de otra historia de inmigrantes de esas que se han vuelto muy comunes para nosotros los venezolanos.

 

Cuando salió de su casa esa mañana no se imaginó que no regresaría por largo tiempo. Un dolor súbito la envió al hospital y no pudo salir de ahí sino hasta un mes y 5 días después.

 

Los médicos no daban con lo que tenía y pensando que podría ser alguna enfermedad tropical -para la que los estadounidenses aún no han creado inmunidad-, prefirieron dejarla en cuarentena y colocar un aviso en la puerta de su habitación que decía: PROHIBIDAS LAS VISITAS.

 

Que difícil enfermarte, tener a los tuyos a miles de kilómetros y no poder ver a los que tienes cerca.

 

La única suerte con la que corrió es que su esposo y su roomate podrían cuidar a sus hijas mientras ella se recuperaba.

 

En medio de su penuria daba gracias a Dios haber tomado la decisión de alquilar la habitación que le quedaba libre, porque gracias a eso la dinámica en casa sería menos caótica ante su ausencia. Ambos se turnaban para cuidar a las niñas, mientras el otro trabajaba (me refiero a la roomate y el marido).

 

Así fueron pasando los días y su pronóstico seguía siendo reservado, todo estaba en manos de los médicos (tres especialistas que la atendieron durante ese tiempo) y de los resultados de los análisis de sangre.

 

El hecho de no poder recibir visitas no la eximía de hablar con sus hijas y su marido, así que era un ritual diario las llamadas para saber cómo iba todo en casa.

 

Una noche despertó exaltada ante un sueño que más que eso era una pesadilla. Mientras dormía vio que las cosas en su casa iban mejor de lo que esperaba. Su marido, la roomate y sus hijas se habían convertido en una familia feliz.

 

La mañana siguiente, cuando habló con el padre de sus hijas, por supuesto que no fue capaz de contarle su sueño – y no porque estuviera convencida de que eso era un imposible, sino para no darle ideas-. Mucho menos con “semejante mujerón” con la que se le había ocurrido compartir apartamento.

 

Luego de unas horas y de reflexionar acerca de la situación, decidió borrar eso de su cabeza, pensó que esa alucinación formaba parte de una mente ociosa ante el encierro en ese hospital, además muy hijo e’ p… que habría que ser pa revolcarse con la roomate mientras tu esposa está pasando por semejante mal momento.

 

Y yo, mientras escuchaba el cuento pensaba en el slogan de un canal: “pasa en las películas, pasa en la vida, pasa en TNT”.

 

Como todavía nos faltaba la parte más interesante del cuento, decidimos pedir otro café (y yo brava), con lo que me encanta esa bebida.

 

Al fin llegó el resultado de que el tratamiento había hecho efecto y ya podía ir a casa. Su esposo y sus hijas (sin la roomate) la esperaban a la salida del consultorio en el que el médico le entregó la orden para ir a casa.

 

Era la persona más feliz del mundo cuando pudo abrazar y besar de nuevo a sus lindas hijitas. Caso contrario a la sensación que tuvo cuando abrazó a su marido, porque aún y cuando había decidido olvidarse del tema el sueño no se borraba de su cabeza.

 

Llegó a casa y encontró todo en orden, tan en orden que hasta sintió incomodidad ante el hecho de validar que su ausencia no había causado estragos.

 

Los días posteriores, además de volver a disfrutar su cama, su almohada y su baño, los dedicó a comprobar si aquello que le estaba rondado en la cabeza era cierto o no, además tiempo era lo que le sobraba porque el hecho de que estuviera en casa no significaba que ya pudiera salir a trabajar, para eso tuvo que esperar unos cuantos meses a que le hicieran una nueva prueba de sangre.

 

“Averigua, entonces, los planes del enemigo y sabrás cuál estrategia será eficaz y cuál no”. Punto 20 del Capítulo VI: PUNTOS DÉBILES Y PUNTOS FUERTES. El Arte de la Guerra. Sun Tzu.

 

Y esa fue la que aplicó y que compartió conmigo esa tarde en la que atendió mi llamado a Echarme su cuento y yo escribirle su historia.

 

Su esposo trabajaba en una compañía de seguridad como vigilante y la roomate era enfermera, pero como no podía ejercer en el país por no estar homologada, cuidaba pacientes que estaban en casa.

 

Una combinación perfecta para sincronizar horarios de salida y/o llegada.

 

Pero esa noche su roomate no trabajaría, y como ya no tenía el compromiso de cuidar a las niñas, decidió salir a despejar la mente y mover el esqueleto en alguna discoteca del lugar. Para ese momento ya se había hecho amiga de algunos amigos de la pareja, así que saldría con ellos, iniciando por ahí su coartada.

 

“Nuestra invencibilidad depende de nosotros, la vulnerabilidad del enemigo, de él”. Punto 2 del Capítulo IV: DISPOSICIONES. El Arte de la Guerra. Sun Tzu.

 

Yo todavía no entiendo cómo a esas alturas del partido la roomate no imaginó que por ahí estaría la caída.

 

Antes de salir, la roomate se dio un baño de novia que duró horas y mi amiga que seguía armando su estrategia hasta ropa le prestó. El marido ya se había ido un rato antes porque iniciaba su turno de 12 horas a las 6:00 p.m.

 

Una vez que las niñas se durmieron, quedó el tiempo disponible para tratar despejar esta ecuación por completo.

 

Comenzó por ver sus movimientos en línea como horas de conexión, frases o fotos en el estado del WhatsApp o las historias de Instagram. Lo que yo llamaría “mensajes a García” digitales.

 

Y era así como iba despejando la fórmula con las pruebas y con su sexto sentido. Como a eso de las 2:30 a.m. (pendientes con este dato) llamó a una de las amigas para saber cómo iba la rumba. Por supuesto, aprovechó el momento para preguntar ¿cómo la estaba pasando su roomate? a lo que su amiga contesto: “se fue hace raaaaato”.

 

¿Se habrá ido a cuidar algún paciente? Porque a la casa no llegó hasta que salió el alba…

 

Yo que soy un poco más “volada” o menos paciente. Admiro su tesón y ecuanimidad (el de la protagonista de esta historia) para seguir cara e´tabla hasta no conseguir las pruebas irrefutables.

 

Una hora después de la llegada de la roomate llegó el marido, cansado de su extenuante jornada laboral y de todos los peligros de los que tuvo que proteger a los transeúntes desde su labor de oficial de seguridad.

 

“Ofrece un señuelo a tu enemigo para hacerle caer en una trampa; simula desorden y sorpréndelo”. Punto 20 del Capítulo I: ESTIMACIONES. El Arte de la Guerra. Sun Tzu.

 

La ecuanimidad de la que hablé anteriormente le permitió llevar a la roomate hasta un terreno de confianza, razón por la cual:

 

Un día cualquiera después de esa noche, la roomate salió de urgencia -quizá a atender a algún paciente- y dejó a la mano un instrumento con el que Sun Tzu se hubiera ahorrado muchos capítulos: su laptop desbloqueada.

 

Adivinen ¿por cuál herramienta de G Suite comenzó?

 

“Quienes no recurren a los guías locales no podrán obtener ventajas del terreno”. Punto 11 del Capítulo VII: MANIOBRAS. El Arte de la Guerra. Sun Tzu.

 

Por supuesto que por el historial de geolocalización de Google Maps…

 

Aprovechó su soledad (las niñas estaban en el colegio y el marido estaba trabajando), y comenzó a hurgar las carpetas -no es asunto de este cuento lo que consiguió, porque no aportan nada a la evidencia sino a su estilo de vida- abrió la aplicación de Google Maps y buscó la ubicación exacta de aquella noche en que había escapado de la discoteca.

 

Roomate:

Día X Hora: 2:30 a.m. Lugar de ubicación: Motel “Pepito los palotes”.

Aplicó la misma fórmula a su cuenta personal (la cual estaba sincronizada en el celular de su marido).

Marido:

Día X Hora: 2:30 a.m. Lugar de ubicación: Motel “Pepito los palotes”.

 

Lo que pasó después no estoy autorizada para contarlo y ¡ojo! tranquilos que no hay crimen de por medio.

 

Me encantaría que sean ustedes los que me regalen un posible final a través de alguna de las vías de contacto: en los comentarios que están debajo de esta publicación; por mensajes en el feed o las historias de mi Instagram o en mi cuenta de Facebook.

 

No me voy sin antes compartir mi reflexión de esta historia y la razón por la cual le coloqué ese título: “ningún triángulo conformado por personas es sano, porque todos pueden ser tan o más peligrosos que el de las Bermudas”.

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Acerca del autor

Vanessa Elena Zambrano Moreno

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