Literatura

El Último Tatuaje (Horror)

El Último Tatuaje (Horror) - Literatura

El último tatuaje.

El motor del Lamborghini nuevo de Antonio rugía con tono inconfundible, mientras tomaba las curvas a toda velocidad por aquella solitaria carretera que conducía a la casa de Elena, ¿O, Erika? Toño no quería preguntar. ¿Para qué arruinar el momento? Ya estaban llegando al lugar que planeaba.

Se desvió a la derecha, rumbo a un conocido pero solitario mirador que daba hacia una costa rocosa. De día era un bello paisaje. La oscuridad de la noche no mostraba mucho de él, pero si se observaba una enorme luna llena…

-¿Para qué te detienes aquí,Toño? – Preguntó Elena, aunque ya sabía la respuesta…

-No hemos tenido tiempo de estar solos esta noche…

-No creo que esto sea una buena idea, llévame a mi casa, es tarde…

Toño se abalanzó sin mediar palabras sobre la chica, intentando besarla; en lugar de un dulce beso, recibió una bofetada con fuerza sorprendente para una chica de tan delicadas manos.

El pretencioso joven se detuvo unos segundos asimilando el golpe. Le sonrió de forma sarcástica a la bella chica, y abrió la puerta del copiloto sin mediar palabras y mirando al frente…

-¿Piensas dejarme aquí en medio de la nada, Antonio? ¿Cómo se supone que llegue hasta mi casa? – Preguntó incrédula la chica…

-No es mi problema, ¡Fuera de mi auto!

Luego de ver que Toño hablaba en serio, la chica bajó del auto anonadada. El joven se marchó quemando los cauchos de su deportivo sin importar dañarlos. Total, podía comprar otros al día siguiente, o mejor, otro Lamborghini, o tal vez un Ferrari.

La chica no era importante, todas las mujeres de la ciudad querían estar con él. Aun cuando era un patán riquillo; un joven malcriado acostumbrado a hacer lo que quería. Al morir sus padres, heredó una jugosa fortuna. Vestía la mejor ropa, hacía lo que le venía en gana. Era joven, apuesto y multimillonario.

Mientras regresaba a la ciudad a toda velocidad, su botella de coñac se cayó al suelo del convertible. Se agachó para recogerla y se salió un poco del camino, chocando contra la defensa. El vehículo giró bruscamente, y los dos cauchos delanteros se pincharon. Al terminar el suceso, Toño rió de forma sarcástica. Medio borracho, comenzó a caminar, ya que su celular se había quedado sin batería.

Luego de unos dos kilómetros, observó una pequeña casa a lo profundo de un camino. Se dirigió a pedir ayuda.

Después de tocar la puerta estruendosamente, fue recibido por un hombre que abrió de mala gana. Tenía cabello largo y aspecto de motociclista pandillero. Fumaba un enorme habano y estaba tatuado de pies a cabeza. Antonio le contó lo sucedido con tono de víctima, como si el mundo estuviese en su contra. El hombre lo dejó entrar para que pidiera una grúa.

Entró a la pequeña cabaña campestre y contempló frente a él una modesta chimenea. El piso de madera no estaba alfombrado, el olor a tabaco impregnaba el lugar. Un molesto perro sin raza se acercó a saludarle moviendo la cola. No podía esperar salir de esa pocilga. Sin embargo, al mirar las paredes, pudo contemplar una enorme cantidad de dibujos de todo tipo, eran piezas artísticas que demostraban gran técnica…

-Viejo, ¿tú dibujaste esos bocetos?

-Así es chico, soy tatuador. A eso me dedicó, ¿Te gustan los tatuajes?

-Solo los mejores, veo que tienes talento. ¿Dónde está tu tienda?

-No tengo tienda. Me gusta trabajar desde casa, ¿Entiendes? Mis clientes son exclusivos, y mi arte no es igual a ningún otro. Pudiéramos decir que es… Mágico. ¡Ja, Ja, Ja!

Antonio le dio una mirada de aburrimiento arrogante. Siguió contemplando las piezas de arte corporal y de pronto, observó una que lo atrapó de inmediato…

-¡Increíble! – Exclamó Antonio, completamente perplejo – ¡Vaya amigo! Este duende sí que es tu obra maestra. ¿Puedo preguntar a quien se lo tatuaste?

-De hecho, ese dibujo es personal. No se lo he tatuado a nadie ni lo haré. Lo hice para mí, pero afortunadamente, no me atreví a marcar mi piel con él…

Antonio no podía parar de contemplar aquel pequeño duende. Había algo en él que atraía su atención. Pudo haber sido la perfección de los detalles o tal vez el sombreado preciso. Sin embargo, más que la técnica, lo cautivaba la esencia del duende. Estaba sentado en posición india, usaba un sombrero de copa y tenía ropa elegante. El rostro del duende no denotaba al clásico gnomo viejo y tenebroso, sino más bien, un ejemplar joven y picarón. Tenía una mirada que mezclaba arrogancia, diversión y algo de maldad. Era el tatuaje perfecto…

-¿Por cuánto me tatúas al duende?… – Preguntó Antonio con gran decisión…

-Ese diseño no está a la venta mi amigo…

-Todo hombre tiene un precio. Solo debo descubrir cuál es el tuyo… ¿Qué tal, cinco mil dólares?…

-No está en venta amigo… – Repitió el tatuador, dejando ver que estaba ya algo molesto por la insistencia…

-Obviamente no estás comprendiendo. Yo siempre obtengo lo que quiero, y esta vez no va a ser la excepción. Piensa bien y mira a tu alrededor. Observa esta mugrosa choza en donde vives. Un tipo con tu talento no debería vivir así. Este perro está tan desnutrido que se le ven las costillas. No tienes ni para ponerte alguna ropa elegante. Colócale un precio al dibujo y listo. Cómprate un nuevo auto, regálale algo lindo a tu novia (Si es que tienes) o al menos alimenta a este triste can… ¡Ja, ja, ja! Dime tatuador, ¿Cuál es tu precio?…

El misterioso artista no pudo evitar su indignación ante tan irrespetuosos comentarios, sin embargo contuvo las ganas de partir la cara del arrogante mocoso. Decidió que después de todo, tal vez había algo de cierto en lo que decía este petulante personaje. Era hora de explotar su talento…

-Ok, mocoso, ¿Qué tal te suenan cien mil dólares? ¿Crees que tu papi te deje jugar con esa cantidad?

– De hecho, me costó más la última prostituta barata con la que estuve. Trato hecho…

Efectivamente el tatuador comenzó a plasmar su arte sobre el brazo de Antonio. La sesión duró el resto de la noche. Al culminar la faena, Antonio estaba muy satisfecho. Pidió un taxi luego de enviar una grúa por su auto y se marchó a su casa a dormir un poco.

Eran las dos de la tarde cuando Antonio despertó con algo de resaca. Lo primero que hizo luego de estirarse un poco, fue mirar su hombro para ver su nuevo tatuaje a la luz del sol. Quedó completamente perplejo al ver que su brazo tenía un agujero repleto de sangre y que no había piel sobre ella. La sangre empapaba también toda su cama, sin embargo no sentía dolor alguno.

Se levantó horrorizado en busca de alguna de sus empleadas domésticas para pedir ayuda, y de pronto. Escuchó un sonido que venía de su amplio guardarropa. Se acercó con cautela a inspeccionar, escuchó una risa tenebrosa que venía del armario. De pronto, ambas puertas se abrieron de golpe y el pequeño duende corrió sobre la cama de Antonio, y comenzó a saltar sonriente sobre ella, lo más alto que podía.

El joven comenzó gritar pidiendo ayuda desesperadamente. El duende se percató de la situación y saltó sobre él, haciéndole caer al suelo y tapándole la boca con extremada fuerza…

-¡Silencio! ¿No puedes ver que arruinas mi diversión con tus gritos de niña? ¿Qué clase de anfitrión eres, mi querido Toño? Permíteme disfrutar este momento de libertad. Al fin he dejado de ser un prisionero y he venido a dónde me corresponde. A ser amo finalmente…

El duende soltó al estupefacto muchacho y volvió a saltar sobre la cama, esta vez, tomando un lujoso jarrón invaluable que decoraba una de las mesas de la habitación y la arrojó contra la pared. Desde afuera se escuchó una voz femenina, el duendecillo saltó de inmediato al brazo de Antonio y volvió a convertirse en tatuaje…

-Señor, ¿Se encuentra bien?…

Antonio escuchó una voz siniestra desde su hombro indicando que no mencionara nada. El joven siguió la orden. La señorita se retiró sin hacer más preguntas, y, súbitamente, el duende volvió a saltar del brazo, salpicando sangre a diestra y siniestra…

-Bien mi querido huésped. Es hora de divertirnos. Creo que comenzaremos con esa metiche mujer. ¿Supongo que tendrás una daga o al menos un revolver, ¿No es así, mocoso?

Esto tenía que ser una pesadilla, ¿Qué estaba pasando? Definitivamente, este episodio debía ser obra de alguna botella de licor adulterado o alguna clase de droga que no recordaba haber consumido. Antonio se armó de valor, tomó un florero decorativo y lo arrojó hacia la pequeña criatura con todas sus fuerzas, esparciendo trozos de cerámica por doquier. A pesar de ello, el sujeto no se inmutó. Se dio la vuelta calmadamente y brincó sobre Antonio, haciéndole caer de nuevo al suelo y quedándose sobre él.

El Casanova quedó inmóvil completamente, mientras el sonriente duende comenzaba con sus uñas a arrancar trocitos de piel del rostro de Antonio. Lo hacía con la mayor suavidad posible para causar el máximo dolor. Sin detenerse comenzó a hablar…

-Creo que no has comprendido bien tu cometido aquí pequeño renacuajo. Yo estoy a cargo. Tú escuchas y obedeces a tu maestro. Tú, eres mi perra, mi juguete, mi esclavo. Y aquí se hace lo que yo quiero. Ahora, ¡Deja de ser tan inútil! ¡Levántate ya, y busca algo con lo que podamos matar a esa mujer de limpieza, que me estoy aburriendo!

Antonio se levantó y se dirigió dudoso hacia una cómoda, en donde guardaba su revólver calibre 38, edición especial cubierta en oro. Mientras recibía toda clase de golpes, pellizcos, mordiscos y bofetadas que hacían reír a carcajadas al diminuto torturador…

-¡Llámala!… – Impuso el duende con firmeza mientras se frotaba las pequeñas manos con garras afiladas…

-Por favor, no me obligues a hacer esto…

Aquella sincera súplica, hizo que el duende se trepara en el cuello de Toño y afincara su garra contra la garganta del aterrado hombre…

-Te diré lo que va a pasar… La zorra va a entrar, y de inmediato, tú vas a disparar. De lo contrario, te voy a cortar la yugular tan, pero tan lentamente, que vas a escuchar cada gota de sangre caer al suelo antes de desmayarte. Parece que no escuchaste bien… ¡Yo soy el que da las órdenes! ¡No son opcionales! Ya que no escuchas, ¿para qué necesitas estas horrendas orejas?…

Con impresionante fuerza, el duende arrancó la oreja derecha de Antonio, causándole un dolor indescriptible, el hombre gritó como nunca lo había hecho. Justo en ese instante, la mucama entró a la habitación y observó la sangrienta escena. El duende se cambió rápidamente de oído y apretó sus garras con fuerza al cuello del chico.

-¡Hazlo! ¡Dispara ya! ¡Que sea antes de navidad! – Le gritó el duende de forma sarcástica e impaciente…

Con el pulso tembloroso, Antonio ejecutó un disparo certero al corazón de la incrédula mujer, quitándole la vida al instante. Al ver la luz escapar de los ojos de su empleada, Antonio comenzó a llorar desconsoladamente. El duende no paraba de reír estrepitosamente…

-¿Estás llorando? ¡Ja, ja, ja! No comprendo por qué tanto melodrama por esa idiota que no valía nada… ¿Sabías su nombre al menos? ¿Alguna vez le hablaste para algo que no fuera pedirle el desayuno o darle tus sábanas sucias? Mil veces la maltrataste, le hablaste como si fuera una rata de alcantarilla y, ¿Ahora lloras por ella? Tengo que decirlo, no eres más que un triste marica, esperaba más de tí. A pesar de tus tonterías divertidas, soy un duende con problemas de atención. Ya estoy de nuevo aburrido, busquemos a alguien a quien matar. ¿Qué te parece si vamos a casa de la tal Elena? Me gustaría ver tus habilidades de violación. Al fin y al cabo, ¿Todavía le tienes ganas, no?

-¡No pienso hacerlo! – Exclamó Antonio, llorando desconsolado…

-Por favor, no seas tan aguafiestas. Al fin y al cabo es solo un trozo de carne. Una más para tu colección, que importa que le destruyas la vida, deja de ser tan sensible… Toma las llaves del Audi. Quiero ver que tal responde en las curvas…

Antonio se dirigió a la pared en donde colgaban las llaves de todos sus vehículos. Tomó la llave más afilada que encontró, y se la enterró en el hombro con todas sus fuerzas, acto seguido y con un sufrimiento que no tiene sentido intentar describir, comenzó a arrancarse toda la carne del brazo, en donde correspondía estar el condenado tatuaje.

El diabólico engendro comenzó a gritar como loco por toda la habitación, burlándose como un niño…

-Arranca la piel de tus testículos si lo deseas, no voy a ninguna parte, mi amigo. Estaré aquí hasta que me aburra de ti. ¿Solo tú puedes divertirte? ¿Solo tú tienes derecho a ser feliz sin importar el resto del mundo? Si quieres puedes intentar comprarme ¡ja, ja,ja! Supongo que tienes todo el dinero del mundo y eso te hace la tapa del frasco, así que dime, ¿Qué estarías dispuesto a darme?

– Todo lo que quieras. ¡Te daré todo lo que tengo!

-Cuidado con lo que ofreces, infame, podría gustarme. ¿Todo dices? Si decido aceptar, quiero absolutamente todo. Tendrás que ser un humilde don nadie, no tendrás sirvientas ni autos lujosos, ni chicas interesadas a tu alrededor. Deberás comenzar desde cero y hacer tu propio dinero. Tendrás que aprender el valor de la humildad. ¿Lo harías?

-¡Desde luego! Te doy mi palabra, renuncio a todo, incluso a mi vida pero por favor. No me obligues a hacer nada más…

-Acepto tu oferta. Después de todo, todo hombre tiene un precio… ¡Ja,ja,ja!

El duende volvió al brazo de Antonio y este cayó desmayado del dolor y la exaltación.

Al despertar, amaneció en su cuarto tranquilamente. Las sábanas estaban limpias. No sentía dolor alguno y la habitación estaba ordenada. Saltó de la emoción, todo había sido una pesadilla. Levantó la manga de su franela para ver su hombro y el tatuaje no estaba. ¡Gracias a Dios! Todo había sido un mal sueño. Súbito, una voz estremeció la habitación…

-Espero que hayas aprendido algo mi pequeño llorón… – El duende hablaba desde lo alto del armario, estaba sentado columpiando los pies…

-No me interesan tus riquezas, ni quitarte las comodidades que tus padres te han heredado. Sin embargo, me divertí mucho dándote una lección. No importa lo alto que estés, siempre hay alguien más arriba.

– Ahora, volveré a tu hombro y viviré en ti, como una simple pieza de arte corporal. Estaré esperando que vuelvas al camino de la altanería y la prepotencia para venir de nuevo a jugar contigo…

El duende dejó salir una fuerte carcajada y volvió repentinamente a convertirse en tatuaje. Esperando pacientemente su oportunidad de jugar con alguien que por algún motivo, se crea superior a los demás…

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Acerca del autor

Pedro M

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