Historia

El Vampiro De Düsseldorf

El Vampiro De Düsseldorf - Historia

Mucho se ha escrito sobre el vampirismo y los vampiros y muchas películas se han apoyado en estos seres. Pero ¿existen realmente? No hablo de esos parientes de los murciélagos que, por desgracia, existen, especialmente en América del Sur, y son la causa de la pérdida constante de cabezas de ganado y, si van muy necesitados, pueden atacar también al hombre, sino de los vampiros humanos. Y sí, también existen, aunque no de acuerdo con la tradución clásica, es decir, el muerto-vivo que de noche abandona su tumba para chupar la sangre de sus congéneres y convertirlos también en vampiros, al que se exorcisa con ajos o un crucifijo. Pero sí existen vampiros sedientos de sangre que, juntando casi siempre esta sed con ansias maníacos-sexuales han  causado centenares de víctimas inoncentres entre la Humanidad: Gilles de Laval, la condesa Bathory, llevada al cine al igual que Vlad Tepes (Drácula), Fritz Harmann, Albert Fish, John George Haigh, Vicent Verzeni, Ed Gein, Victor Ardisson…

 

Pero yo os voy a contar uno de los casos más célebres de todos los tiempos, el de Peter Kürten, apodado siniestramente… el vampiro de Düsseldorf.

 

Peter Kürten nació en Köln-Mülheim (Alemania) en 1883, y ya en 1897 sufrió su primera condena, por incesto. La familia se trasladó entonces a Düsseldof y allí Kürten empezó a demostrar sus inclinaciones criminales matando a todo perro o gato que e pusiera a su alcance. A los 16 años, asaltó a una chica en el bosque de Grafenberger, por el que solía dar largos y solitarios paseos. Poco después fue llamado a filas e inmediatamente desertó, por lo que fue condenado a siete años de prisión. Cometió su primer asesinato en 1913, en las cercanías de Düsseldorf, y la víctima nunca pudo ser reconocida ni identificada, aparte de como una mujer de unos veinte años. Había sido brutalmente violada y su cuerpo presentaba unos misteriosos cortes en el cuello que probablemente habían servido para que, durante el forzado coito, su agresor mordiera y sorbiera de aquellas heridas. Y la alarma cundió por todo Düsseldorf.

 

Kürten siguió violando y asesinando muchachas, y siempre con el mismo modus operandi. Así como otros sádicos se acercaron a mujeres con un halago, una inicial conquista, un engaño, Kürten saltaba sobre ellas amparado en la oscuridad de la noche o penetrando en sus casas furtivamente cuando las sabía desamparadas y solas. Tampoco tenía preferencias por un determinado tipo de mujer, ya que lo mismo atacaba a una de treinta años (Apolonia Kuhn) como a una de nueve (Rosa Ohliger), a la que roció con petróleo y prendió fuego. Con Luisa Lenzen (13 años) y Gertrud Hamacher (5) se ensañó de forma bestial. El vampiro de Düsseldorf se paseaba por las calles de la ciudad y haciendo una vida aparentemente normal. La policía, mientras tanto, trabajaba contra el reloj, temiendo a cada momento un nuevo asesinato, y arrestando incluso a sospechosos que después demostraron ser inocentes.

 

Hasta que en octubre de 1929 falló al intentar asesinar a dos mujeres que, al fin, pudieron aportar alguna pista sobre su aspecto. La búsqueda se intensificó y el círculo se cerró alrededor de un Peter Kürten que parecía haber enloquecido y guardaba cada vez menos precauciones. Pocas mujeres se atrevían a salir de sus casas cuando caía la oscuridad. Piquetes de vecinos se turnaban constantemente y la policía se reforzó con agentes procedentes de otras ciudades. Hasta que, por fin, Kürten cayó.

 

Era mayo de 1930. Sabía que toda la ciudad le buscaba, pero su instinto era muy superior, así que atacó sin piedad a Maria Butlies, una muchacha que regresaba del colegio a su casa, en una de las calles más iluminadas y transitadas de la ciudad. Maria Butlies sufrió una crisis de ansiedad y necesitó ser hospitalizada, pero había salvado la vida.

 

Durante el juicio, Kürten reconoció haber violado y asesinado a nueve mujeres, de las que bebió su sangre, y fallando otros once intentos: “Las veía, me gustaban, me sentía atraído de pronto por ellas y cuando quería recordar, todo había terminado”.

 

El 2 de julio de 2931, en la prisión de Kliugerlpütz, en Köln, fue cumplida la sentencia de muerte. Atrás dejó los escalofriantes asesinatos de campiro sexual que han sido profundamente estudiados por criminólogos y psiquiatras de todo el mundo. Y Peter Kürten, el vampiro de Düsseldorf, ha pasado a la posteriad y también ha sido llevado al cine en dos ocasiones.

 

 

 

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