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El verdadero salto de Einstein



El verdadero salto de Einstein - Ciencia

Albert Einstein no necesita presentación. Es famosamente reconocido por sus teorías de la Relatividad Especial y Relatividad General. Diez años separan la divulgación de una y otra teoría, la primera es de 1905 y la segunda, de 1915. La Teoría de la Relatividad Especial surge en respuesta a las concepciones del universo heredadas del siglo XIX, las cuales imaginaban “que el espacio estaba lleno de un medio continuo denominado el éter. Los rayos de luz y las señales de radio eran ondas en este éter, tal como el sonido consiste en ondas de presión en el aire” (Hawking, El universo en un cáscara de nuez). La Relatividad Especial subraya que si no detectamos nuestro movimiento en el espacio, la noción de éter resulta redundante, por lo que postuló que la velocidad de la luz es independiente del movimiento del observador y tienen el mismo valor en todas las direcciones por donde este se desplace. En conclusión, la Teoría de la Relatividad Especial renuncia a la idea de una magnitud universal, renuncia esta que no solo entraba en conflicto con la teoría de Newton sobre la naturaleza del universo, sino que además negaba los postulados de una ciencia que explicaba los fenómenos naturales sin dar la espalda al Dios cristiano. Se podrán imaginar que el conflicto generado por Einstein trascendía los linderos de los laboratorios y de las aulas.

Sabemos hoy que cuando Einstein propuso estas dos teorías no las demostró porque afirmaba no necesitarlo, tenía fe en ellas. Quizás por esa falta de evidencias y argumentos sólidos, se inició una correspondencia álgida entre el científico judío-alemán y el inglés Arthur Eddington. Este científico, profesor de Oxford, luchaba por comprobar la inexactitud de la teoría de Einstein, como una forma de defender la teoría newtoniana y de mantener la ciencia bajo los principios de la fe cristiana, fomentado por la sociedad aristocrática.

Se sospecha que Einstein en una de esas correspondencias con Eddington apeló a una metáfora con la cual explicaba la naturaleza del universo y justificaba su teoría: la metáfora de los baches en la carretera, de la que hablé en otro artículo. El universo no es plano como una carretera, o siendo el universo una carretera, esta tiene baches, huecos, curvas, que lo deforman; esos huecos son provocados por la gravedad. Este ejemplo irritó aún más al profesor Eddington y a los académicos de Oxford, lo que los motivó a demostrar de una vez por todas, el error de Einstein. Si era cierta la concepción de un universo deformado por la gravedad, la observación de un eclipse total de sol pudiera determinar si las luces de las estrellas cercanas al sol se contraen hacia él por efecto de la gravedad cuando ese rayo de luz pasa cerca del astro.

El escenario para esa experimentación fue la zona de Príncipe (África); la fecha, 1919, Eddington personalmente hizo la expedición. Tomó las fotografías durante el eclipse, las cuales se observaron ante todos los científicos de Oxford en Londres, una vez reveladas. El newtiniano Eddington, el cristiano Eddington comprobó las curvaturas de las estrellas más cercanas al sol, alrededor del aura solar.

Ese momento de la historia de la ciencia es significativo, no solo por demostrar la teoría de la relatividad, ni por inaugurar una nueva etapa en la física, sino especialmente porque permitió el tránsito de una ciancia dogmatizada por la religión, una ciencia surgida del seno de la sociedad aristocrática a otro tipo de ciencia que emerge de las sociedades democrático-burguesas. Las preocupaciones de una y de otra son diferentes.

Lo que denomino ciencia aristocrática surge y se desarrolla en las universidades aún dominadas por los principios de la fe cristina. En cambio, la ciencia burguesa nace en una universidad secular pero se desarrolla en las empresas con fines profusamente mercantilistas. Esta ciencia burguesa marcó todo el siglo XX, pero sufre actualmente una crisis que no superarla advendrá en otro tipo de ciencia que deberá emerger de la masa social, y de cada una de sus culturas. Sospecho que en ese tránsito no encontramos. ¿Estás preparado para lo que viene? Seguiremos escribiendo al respecto.

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Acerca del autor

J. D. Medina Fuenmayor

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