Sociedad

El Vestido De La Discordia



El Vestido De La Discordia - Sociedad

 

 

Como la manzana con la que Eris encendió una disputa entre diosas, una prenda tan normal como un vestido puede desencadenar un debate que se extiende en televisión, prensa y redes.

Las tradicionales campanadas, retratadas a la perfección en una canción de Mecano, sirven de telón de fondo para una puesta en escena curiosa. Cristina Pedroche, cubierta como si fuera el correo del zar en plena Siberia en enero, descubre el pastel de su atuendo “nocheviejero”: un bikini, que tapaba lo mínimo, lo esencial. Todo para demostrar lo empoderada que es, cómo trabaja en lo que le sale del chusco y puede enseñar lo que le venga en gana. Hasta ahí, de acuerdo, nadie debería decirnos cómo vestirnos y donde ir, pero yo voy más allá, nadie debería decirnos donde trabajar.

No voy a entrar en valorar el acto en sí, porque para eso tenemos lugares de opinión y redes sociales, yo quiero poner de manifiesto algo que socialmente he estado observando, tanto en medios como en el día a día. Ciertos comportamientos, igual de válidos, sometidos al mismo mecanismo de decisión y sujetos a una escala de valores considerada como correcta, se juzgan de forma diferente dependiendo del discurso que lo acompañe como complemento.

Cristina Pedroche, en el ejercicio de su trabajo, trabajo que ha aceptado voluntariamente, lleva un bikini floreado, igual que una azafata lleva un uniforme, un médico una bata blanca o un banquero un traje de chaqueta. La polémica no es que lo lleve o no, sino el mensaje que se transmite con ello. Buena parte del feminismo actual actúa de manera más machista que el enemigo al que combate, mirando de manera diferente a las mujeres según hagan publicidad del movimiento o no. La señorita Pedroche es igual de libre de vestir flores que una azafata de trabajar agradando con su aspecto, puesto que es su trabajo, que ha aceptado voluntariamente al firmar un contrato, un trabajo para el que se ha preparado y por el que ha luchado. ¿Es digno de dilapidación eso? Yo creo que no, creo que cada acto voluntario nos reafirma en nuestra libertad de elección. No creo que esas chicas sean como solomillos expuestos en un mostrador en contra de su voluntad. Eso es otro asunto y no entra dentro del ámbito que quiero tratar.

Esto nos lleva a otra cuestión, la de la cosificación femenina, lo que considero una falacia del feminismo moderno. Basta con darse una vuelta por los espacios publicitarios televisivos para darse cuenta de que, en los anuncios de perfumes mujer y hombre están sometidos a las mismas lacras. Obviando los famosos que dan su rostro a una marca, los modelos anónimos son adonis de cuerpo escultural o bellezas etéreas de trajes sinuosos. A nadie le importa su nombre, si hablan en el spot o no, son un cuerpo que vende un producto. Si queréis mi opinión, lo veo lícito, intentar apelar a algo primario es válido, siempre y cuando, sea voluntario. La sexualización vende y, si no, ¿por qué muestran siempre los pectorales de Jason Momoa en las promos de Aquaman? No es patrimonio femenino exclusivo, es algo que se ha extendido a ambos géneros y de lo que parece no darse cuenta buena parte del movimiento.

Esto no es una lucha, no es una pugna por ver quién queda por encima, quién se queda con la manzana dorada, es una cuestión que va más allá. La igualdad debe ser una construcción, basada en la razón y el entendimiento, no una excusa para juzgar a quien se decanta por un camino que no concuerda con la opinión canónica del movimiento. Tan libre debe ser una mujer de elegir prosperar en su carrera o en su trabajo que una que decide dedicarse a administrar la casa y la familia. Marie Curie fue todo eso. No es más luchadora una mujer que reivindica pintándose los pechos que otra que decide educar a su hijo en igualdad y respeto. Tampoco debería ser una moda, un carro al que subirse para quedar bien, para ganar audiencia o para estar de actualidad. En ocasiones, ponerse las famosas “gafas moradas” provoca más miopía que aceptando que no todo es morado, sino que hay más colores que hay que admirar y que componen un todo, como un mosaico que, visto en perspectiva, es más bello que desgranado piedra a piedra.

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Siru

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