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El Vestido De Novia: Un Cuaderno De Bitácora De La Sociedad Occidental

El Vestido De Novia: Un Cuaderno De Bitácora De La Sociedad Occidental - Sociedad

Uno de los pilares fundamentales sobre el que descansan las posibilidades de la moda para entrar en el mundo del arte es el traje de novia. El vestido nupcial ha sido el mejor expositor de las artes decorativas textiles a lo largo de los siglos, pero principalmente se trata de un lienzo sobre el que se reescribe la historia, plasmando las costumbres, los sentimientos, las armas de poder y las debilidades de una sociedad. El traje de novia, como si de una obra de arte se tratase, ha servido para lanzar mensajes inequívocos y aflorar los sentimientos de numerosas mujeres que experimentan una sensación única cuando se ven vestidas con él por primera vez.

No mucho se ha escrito sobre esta singular pieza a pesar de su trascendencia social y su llamativa evolución. No siempre fue símbolo del amor y la delicadeza, como tampoco el matrimonio ha sido siempre el resultado de ello. Podemos decir que el vestido es una muestra visual de las razones que avalan la celebración de los esponsales. Este recorrido ayudará a desmitificar determinadas creencias y dar respuesta a ciertas costumbres, que han perdurado hasta hoy.

El amarillo: color protector para la cultura grecorromana

En la Edad Antigua el color de la luz era protagonista en el ritual del matrimonio, la tonalidad representativa del fuego de los dioses, así de su protección, se utilizaba para confeccionar la vestimenta de las novias griegas. Esta tradición se mantiene durante el imperio romano donde la prometida asistía a los esponsales vestida con una túnica larga blanca ataviada con un cordón de lana atado a la cintura, un velo amarillo, una corona de flores y un manto color anaranjado. La estampa puede que no sea caprichosa, ya que es muy similar a la imagen con la que era representado el dios Himeneo, divinidad del matrimonio. Sin duda, ese recelo por proteger a la novia con el amarillo de envidias y hechizos ha experimentado una desafortunada evolución de este color hasta nuestros días, hoy asociado a los celos y la infidelidad.

Traje de novia medieval: un blasón de la opulencia y el poder

Los avances logrados con el tinte, la llegada de ricos tejidos y el crecimiento y auge de los bordados, cada vez más elaborados, y aplicaciones hacen de la indumentaria, en esta época, una insignia del poder social y económico de la familia y, como no, la celebración de las nupcias era un notable evento para desplegar esa preponderancia, aprovechando la expectación que levantan los novios ese día.

No había una forma y un color determinado, no existía un traje excepcional para ello, no se diferenciaba, en esencia, del resto de vestidos invitados al enlace, no se confeccionaba el mejor “traje de novia”, simplemente se elaboraba el mejor traje acorde a sus posibilidades económicas. Tal era el esfuerzo que muchos hacían que convertían a dichos trajes en objeto de legados y en ocasiones eran reutilizados.

Los colores rojo y azul eran los más escogidos para vestir a las futuras esposas. Dichas tonalidades estaban ligadas al poder, pero su elección no es fortuita. Las técnicas de coloración eran costosas y conseguir ropajes de colores solidos y llamativos era sinónimo de riqueza. La utilización de sedas o brocados complicados, sumado a los colores vivos, era un signo más de fortaleza. Por el contrario, aquellas que no disponían de recursos económicos vestían con trajes de lana sin teñir, o con colores opacos y pocos definidos. Se puede decir que la abundancia se medía por la consecución de tonos más o menos definidos y tejidos más costos y elaborados. Sin embargo, a medida que la Iglesia ganaba poder, la paleta de colores se fue reduciendo. Los colores cercanos al fuego y asociados al infierno y los actos impuros fueron desbancados por los celestiales, es por ello que muchas novias se decantaran, en los últimos años, por el color azul.

Los tonos neutros, la antesala del blanco

La evolución del traje de novia avanza conforme lo hacen las artes aplicadas y la aparición de nuevos elementos decorativos textiles. Así aparecen vestidos infinitamente bordados con lujosos hilos y una rica decoración a base de perlas, cristales y piedras preciosas. Comienzan a verse trajes con tonalidades más claras para resaltar los nuevos elementos decorativos en ese momento de moda. En varios cuadros que retratan a diferentes mujeres de la casa de Medici, aparecen ataviadas para sus enlaces con vestidos de tonalidades claras, prácticamente blancos, con casi idénticos bordados florales confeccionados con hilos de oro.  El uso del blanco irrumpe, aunque no con las connotaciones actuales. Varias son las reinas que recurren a él pero para reforzar sus casas regias. Caso destacado es el de Ana de Bretaña, que escogió el blanco, color representativo del armiño, animal ligado a su familia desde el medievo y con el que también se asocia a la esposa de Luis XIII por una anécdota legendaria.

Las casas reales, no pocas veces recurrirán a sus emblemas, como la flor de lis, para incrustarlos en trajes nupciales oscuros. El objetivo no es solamente el realce de sus insignias ya que la consecución magistral de tejidos morados, azul marino o incluso negros, era compleja y costosa.

La llegada de la difusión gráfica es la “culpable” del traje de novia actual. La fotografía del enlace de Victoria de Inglaterra, en 1840, se hizo viral en su momento. Su traje blanco hueso, un tono muy romántico, y de complejos encajes, fue una obra artesanal donde se apostó firmemente por la artesanía y el textil local, gesto que se repite en la moda nupcial española con el uso de la mantilla. El traje de novia resultó ser, gracias a su aire sofisticado y delicado, el vestido ideal para una boda celebrada por amor.  Un traje que, por la clara tonalidad y sensibles tejidos, lo convertían en un atuendo especial hecho para ese único uso.

Los acontecimientos históricos que se desarrollaron a partir de esa fecha marcarían nuevas tendencias que refirmarían las revoluciones sociales que los acompañaron. Sin embargo, los tonos blancos perduraron para recrear la pureza de un sentimiento tan noble como el amor.

La fuerza de la comunicación es innegable e imparable. Si la fotografía pudo marcar un hito en la pieza por excelencia de la moda, hoy en día, las redes sociales pueden ser el trampolín para crear nuevas tendencias que perduren en el tiempo. Un diseño novedoso, un color inusual, un complemento favorecedor protagonista en un enlace que alcance acariciar la sensibilidad de la sociedad puede convertirse en el icono de un sentimiento ligado al matrimonio.

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Acerca del autor

Maria Tolosa

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