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El Viaje Dentro Del Viaje: El Desvío Hacia Te Anau



El Viaje Dentro Del Viaje: El Desvío Hacia Te Anau - Viajes y ocio

Un salto de fé dentro de un salto de fé. Eso era a lo que me enfrentaba. Como si no hubiera sido suficiente irme al culo del mundo a buscarme la vida, parecía como si la diosa Fortuna (la divinidad de lo azaroso de la mitología romana) me ponía a prueba una vez más para ver qué tan lejos estaba dispuesto a ir en aquel embrollo en el que me había metido.

Me explico. Resulta que la posibilidad que había aparecido con el potencial de desvíar la trama de mi travesía era una respuesta por email de una oferta laboral a la que había aplicado hacía unos pocos días antes: como housekeeper (haciendo camas y limpiando) en un hostel. De todos los trabajos a los que había aplicado, me habían contestado tan solo de unos pocos pero por distintas razones todos los intercambios de mensajes no habían conducido a nada. Esta oportunidad, sin embargo, tuvo un tono distinto de entrada.

Por email concretamos una charla telefónica con Irene (así se llamaba la encargada del hostel) y al rato estábamos hablando. Básicamente me dijo que mi currículum le había gustado y que el puesto era mío si lo quería y que cuanto antes empezara mejor. Así de simple.

«¡Que excelente!» pensé aliviado y contento.

Pero claro…me estaba apresurando un poco porque antes habían algunos detalles a considerar. Primero que nada estaba el hecho de que el hostel estaba ubicado en un sitio bastante alejado. Irene me preguntó si sabía donde quedaba Te Anau. Con el inglés poco más que mediocre que tenía en ese entonces, le respondí que no tenía idea. Ella me dijo que quedaba en la isla sur (yo estaba en la isla norte).

—Ah —respondí sin saber bien qué decir.

—Está bastante lejos de Auckland  — agregó como para remarcar la distancia y enseguida se me puso a hablar de Fiordland (que es la zona donde estaba Te Anau) diciendome que era considerado por muchos el rincón más hermoso de toda Nueva Zelanda y uno de los destinos más visitados por turistas. Y luego me mencionó algunos detalles respecto a la oferta laboral en sí, como ser que la primera semana no era paga, si no únicamente a cambio de alojamiento y que el trabajo era part time. Yo le dije que en realidad andaba buscando un trabajo full time y ella me afirmó que en aquel remoto pueblito donde el hostel estaba localizado no era difícil encontrar otro trabajo de medio tiempo si lo quería.

Después de hablar un rato, le dije que necesitaba pensarlo un poco y que al otro día le daba una respuesta. Y corté.
Lo primero que hice fue buscar en google maps la ubicación exacta del hostel. Resulta que había estado aplicando a tantos trabajos que no siempre me fijaba donde quedaba el lugar al que me postulaba y muchas veces eran nombres de pueblos de los que nunca había oído hablar hasta ese entonces.

Cuando ingresé Te Anau en el buscador del programa, casi me da algo; descubrí que Te Anau no solo estaba en la isla sur , si no que estaba en el extremo sur de la isla sur y yo estaba casi en el extremo norte de la isla norte.

«Me cago en la puta madre», me dije sin dar crédito a lo que veía en el mapa.Las interrogantes se comenzaban a amontonar en mi cabeza.
«¿Y si voy hasta tan lejos y resulta que no me gusta el trabajo? ¿Qué voy a hacer en ese pueblito perdido en el medio de la nada? ¿Y si conseguir otro trabajo de medio tiempo en Te Anau no es tan fácil como Irene me dijo? ¿Y si decido quedarme en Auckland y después me arrepiento?.»

Interrogantes y más interrogantes. Y tenía que tomar una decisión. Entonces me acordé de Mr. Nobody (una película muy loca que había visto años antes) y de una frase que dice su protagonista en una parte: “No podemos volver atrás. Por eso es difícil elegir. Tienes que tomar la elección correcta. Mientras no escojas, todo es una posibilidad.”

O sea, si la historia en la que estaba envuelto se sentía como una especie de “Elige tu propia aventura” entonces al pie de la página en la que estaba parado, en ese momento salía esta elección:

Si decides permanecer en Auckland y continuar con la búsqueda de trabajo, pasa a la página siguiente.

Si decides arriesgarte, aceptar el trabajo e irte a Te Anau, pasa a otra página.

Lo cierto es que no tuve que pensarlo demasiado. Quizás en algún universo alternativo decidí quedarme en Auckland pero en este universo decidí tomar el riesgo,dar el salto de fé dentro del salto de fé, llamar a Irene, decirle que aceptaba el trabajo, comprarme un ticket de avión para el día siguiente y despedirme de Auckland.

«Al carajo», me dije, «Ya que estoy en el baile, vamos a bailar. La decisión más difícil que fue la de dejarlo todo en Uruguay y venirme hasta acá ya la tomé. Y si fui tan lejos, ¿por qué no ir un poco más lejos aún?»
«Ese es el espíritu», hubiera respondido la diosa Fortuna.

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Acerca del autor

Gabriel German

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