Cine y Televisión

«ELEPHANT»; reseña.

«ELEPHANT»; reseña. - Cine y Televisión

Muchas veces la manera de contar una historia es más importante que la historia misma. El juego dentro de la narrativa en esta película es lo que la hace importante, el construir bloques de cotidianidad uno sobre otro para después derrumbarlos con estoicismo.

 

Gus Van Sant nos muestra el elefante blanco que hay detrás de cada tragedia. Las señales invisibles y las memorias borradas que se quedan debajo de el impacto de la sangre y las lagrimas. En tiempos cómo hoy donde las matanzas y tiroteos terminan siendo poco más que un trending topic en twitter, Gus Van Sant nos  señala cómo testigos silenciosos de la violencia y el odio.

 

Esta película basada en la masacre de Columbine High de 1999 es un retrato de la situación en muchas partes del mundo en donde la falta del control de armas, el abuso del poder y las fallas en los sistemas educativos han cobrado incontables victimas.

 

Elephant seguirá siendo una película actual en tanto las masacres se sigan dando, la violencia sea la tasa de cambio para el comercio del poder y las conciencias sigan presas de los modelos de nuestros padres.

 

Siendo un escéptico de el horror de los spoilers, esta película retrata un acto tan habitual que resulta imposible no saber que seguirá después de cada escena. Sin embargo, Gus Van Sant ha tenido la maestría de contarnos de manera paralela pequeñas historias y la belleza que se puede encontrar en los actos cotidianos. Esta película nos ofrece ver la calma antes de la tormenta, ese aire agrio y el clima agudo que hay justo antes de lo atroz y darle un último vistazo a esos hechos que damos por sentado y que en algún punto, de manera violenta o paulatina, dejarán de ocurrir.

 

Nuestras vidas comienzan y terminan con sangre, y es a través de ella que nos volvemos mas reales, mas crudos y más desnudos. Es ella la que conduce nuestros instintos y verla plasmada en la pantalla nos puede llevar a recordar lo frágiles que somos y la delgada línea que separa nuestra cordura del salvajismo.

 

Separar al ser humano de su parte primitiva sería negar nuestra capacidad de vernos en los demás y de separarnos de ellos, es lo que nos forma cómo individuos y es desde aquí que la psicosis se gesta, de el mismo lugar donde el amor, la bondad y la empatía surgen. Es por eso que es importante recordar que cualquiera puede terminar de cualquier lado del cañón y que en este país en el que cómo dice Ashauri “la gente es tan calida que a veces quema”, la realidad muchas veces supera a la ficción.

 

Tenemos la opción de ver este filme cómo algo ajeno, lejano, que sólo pasa allá en los países donde son tan felices que la gente se vuelve loca, o aquí, donde la miseria y el hambre nos han llevado a cometer los actos más atroces.

 

A usted, cómo espectador, le dejo escoger.

 

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Leo Rangel

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