Literatura

Ella: Un Viaje Largo

Ella: Un Viaje Largo - Literatura

Y llegó al fin el día, ese día que nadie había esperado, ese que nadie tenía en cuenta, ni siquiera ella. Se contemplaba el rostro en el espejo y veía en sus pestañas ahogados todos esos viajes que realizó, todos esos monumentos y paisajes que fotografió, pero no había historia, ni memoria de ninguno de ellos, como si en ese largo viaje hubiera pagado cada paso con un poco de recuerdos.

No hacía falta, era común sentirse separada y apartada de sus historias ya a sus casi cuarenta años.

Su rostro era hermoso, sin embargo, cada vez más, dejaba ver la seriedad de la risa contenida, de esas ganas de reír a carcajadas y de todas esas veces que nada más no la dejaron, qué absurdo, no sabía que no faltaba permiso, había que reír y ya. Vivía, y vivía muy bien, pero había algo que no encontraba ella, pero no sabía si era a sí misma a quien no se encontraba o no lo encontraba a él, resultaba absurda mente chocante saberse estancada en la duda.

Haz alguna vez mirado tu rostro después de contener una sonrisa? pues ese era precisamente su aspecto, peor que haberte gastado las carcajadas inútilmente.

Pero sabía que había algo ahí, que la historia a penas comenzaba y que le debía horas de felicidad, estaba dispuesta a no rendirse; tristemente el valor le faltaba y el miedo abundaba, trabajando en sus pensamientos simplemente no se dejaba vencer, creaba y recreaba una y otra vez, como si perder la ilusión la hiciera perder la vida.

Un día se atrevió, se permitió sentir la belleza que le abundaba y la felicidad que estaba cerquita de sus poros, listos para salir. Se puso su mejor sonrisa y lo buscó, fue en su encuentro, ella recordaba que en esta o alguna otra vida había sido su más hermosa aventura, que había sido inmensamente feliz a su lado y quería volverlo a sentir.

Camino en su encuentro, cada paso más acelerado, cada uno más fuerte que el anterior, comenzó a sentir latir de nuevo su corazón y no dudo, iba en la dirección correcta, se miró en el reflejo de los charcos, se bañó con la brisa de la lluvia, se secó con los rayos del sol y sus pasos eran cada vez más decididos y entonces sucedió algo que la detuvo en seco.

Sentía!!! Sí, sentía!  Y Él se posó frente a ella…Wow, era como ver a un Dios, en sus ojos había fuerza y en sus brazos compasión. Lo observó y notó en que su presencia la hacía cantar de nuevo, cantaba con las manos, cantaba con la voz, pero algo era curioso, por fin se había dado cuenta de algo.

Se tenían uno frente al otro y hubo algo que los dos notaron de inmediato, la felicidad era descontrolada, la sensación de libertad indescriptible, sin embargo, la fuente no era el otro, cada cual veía el manar de donde brotaba esa felicidad.

Sí, ahí estaba el hermoso descubrimiento de ella, mientras caminaba y sus pasos se hacían cada vez más fuertes y precisos, era ella quien se hacía más determinada a ser feliz, nadie arrancaría ni un pedazo de la felicidad que se podía construir, y estaba convencida de que se construiría toda la felicidad del mundo.

Los brazos de él fueron un hermoso hogar, los pasos de ambos una hermosa construcción, pero ninguno de los dos se desprendió de lo que había dentro de ellos, su esencia, su fuente y su deseo de ser el ser vivo en el planeta más completo y más hermoso y así, como nadie, cumplieron con sus sueños, de vivir eternamente juntos y felices. Nadie le dio nada a nadie… y no hizo falta!

 

 

 

 

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Acerca del autor

Mariana Cam

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