Economía

Emprendiendo en México: Antecedentes históricos (1 de 3)

Emprendiendo en México: Antecedentes históricos (1 de 3) - Economía

Podría acabar mi artículo antes de empezarlo tan solo con mencionar que en México es un verdadero reto emprender porque la industria de productos finales está en sus huesos. Tan fácil como eso ¿No? Pues no. Veamos.

Nosotros los mexicanos damos por hecho que vivimos en un país cuyo panorama económico es, por decir lo menos, sumamente retador. No podemos decir que se trate de un país pobre pero tampoco estamos a la altura de nuestros vecinos del norte.

Nuestra falta de altura en la ópera internacional no se debe a una paralización de la economía nacional; en términos comerciales, México es un país con mucha actividad. A nivel internacional contamos con 12 tratados comerciales, 32 acuerdos de protección de inversiones y 9 acuerdos de alcance limitado (1). A nivel nacional y local, México suma una serie de microeconomías que se basan en la oferta de servicios y productos a nivel manufactura, mas no productos acabados.

Es decir, que tenemos acuerdos comerciales con medio mundo pero que a nivel local sólo producimos servicios e insumos. Podemos decir que el mercado interno mexicano tiene más bien poca experiencia en ofrecer productos finales que tengan la marca de hecho en México.

Para ejemplificar de cierta forma, nuestro país exporta al año millones de toneladas de aguacate, guayaba y amaranto (2) pero no existe una marca mexicana de autos que haga frente a Chevrolet, Volkswagen o Nissan, cuyos icónicos Chevy, Vocho y Tsuru – respectivamente- son la viva estampa del alma automotriz de nuestra nación.

“Por la avenida va circulando el alma obrera de mi ciudad”

Desde hace varios años se ha incentivado un modelo de participación económica que le de la vuelta a la tortilla a esta situación. Antes de comenzar su participación en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte a principios de los 90’s del siglo pasado – el tratado se suscribió en el 1992 y entró en vigor en 1994- México vivía en un modelo cerrado a las importaciones y que confiaba en la producción nacional en diferentes rubros.

A muchos de la generación X les suena la palabra “fayuca”, que es el nombre que recibía la mercancía de contrabando que entraba al país, principalmente electrónicos de segunda mano. Cuando se abren las puertas al mercado internacional, las marcas nacionales no soportan el embate de la competencia y muchas de ellas terminan desapareciendo o reformulándose y cambiando de giro.

Así pues, apenas 25 años después del reset comercial, la industria nacional de exportaciones no brilla por sus sellos propios sino que lo hace de la mano de empresas internacionales; Samsung, Foxconn, Ford, Honda, Fender, etc.

Durante los años en que la fayuca llenaba sigilosamente los mercadillos de las calles nacionales, sonaban en nuestras radios y televisiones la cantinela “Lo hecho en México está bien hecho”. Si las marcas anteriormente mencionadas han puesto los ojos en nuestro país es porque ofrecemos una excelente calidad de mano de obra.

Las fender mexicanas sobresalen por su calidad de manufactura.

Tanto los gobiernos de distintos niveles como asociaciones empresarias han incentivado desde hace algunos años, el movimiento emprendedor mexicano a la par que las economías alternas comenzaban a dar signos de vida en otras partes del mundo. En los países desarrollados empezaba a hablarse del entrepreneurship, el emprendedurismo como una alternativa al modo de vida tradicional en el que uno se preparaba para ser un empleado, un engrane más del gigantesco aparato corporativo.

Irónicamente, en México se ha emprendido desde que los españoles llegaron. Simplemente no le habíamos puesto nombre. En el segundo párrafo mencioné que la vida comercial mexicana a nivel local es una serie de microeconomías basadas en el intercambio de servicios e insumos, esta es la mitad del reto del emprendedurismo mexicano pero también su principal fortaleza.

Para nosotros, se trata de una característica cultural poner la tiendita, vender por catálogo, convertir la cochera en cocina económica, ofrecer cortes de cabello por las tardes, de lunes a viernes trabajar en una oficina pero los fines de semana salir al tianguis a poner nuestro tendido de ropa.

A veces más por necesidad que por gusto, pero participar en lo que los gobernantes a veces llaman de manera despectiva “economía informal” es parte de la vida de muchos mexicanos.  Tal participación no es sino una manera un tanto rupestre de emprender. Hay un salto entre un tipo de emprendimiento y otro pero no son del todo

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Acerca del autor

Luis Enrique Anguiano Torres

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