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¿encuentros En Otra Dimensión?

¿encuentros En Otra Dimensión? - Ciencia

Cuando los astrónomos discuten la estructura a gran escala del universo, les gusta decir que el espacio es curvo, o que el cosmos no tiene centro, o que el universo es finito pero ilimitado. Vivimos en un mundo de tres dimensiones. Aunque lo vemos en dos, sabemos que hay tres. la existencia de más dimensiones es algo que escapa por completo a nuestra comprensión. Sin embargo, si examinamos un cubo en dos dimensiones, si observamos su sombra, nos damos cuenta de que no todas las líneas aparecen iguales, y que no todos los ángulos son rectos. El objeto tridimensional no ha quedado perfectamente representado en dos dimensiones. Este es el coste que hay que pagar por perder una dimensión en la proyección geométrica: no derecha-izquierda, no delante-atrás, no arriba-abajo, sino simultáneamente en ángulos rectos a todas esas direcciones. No podemos decir qué dirección es esa pero podemos imaginarla. Podemos imaginar un cubo cuadridimensional: se parece a dos cubos anidados, con todos los vértices conectados por líneas. Pero en el cubo cuadridimensional real,  estas tienen la misma longitud y todos los ángulos son rectos.

 

Imaginemos un mundo en dos dimensiones, un mundo en el que conocen el delante-atrás y el drerecha-izquierda, pero escapa totalmente a su comprensión el arriba.abajo. Pero, y sin que sus habitantes lo sepan, su mundo está curvado a través de una tercera dimensión. Si uno de ellos hace un largo viaje en línea recta, descubre que ha llegado al lugar de salida. No puede ver esa tercera dimensión, pero puede imaginarla. Un ser cuadridimensional podría aparecer y desaparecer a voluntad en nuestro mundo tridimensional, cambiar su forma, sacarnos de habitaciones cerradas, hacernos aparecer de la nada e incluso sacarnos lo de dentro a fuera y meternos lo de fuera a dentro.

 

El famoso investigador español de fenómenos ovni, Juan José Benítez, entrevistó en 1980 a un agente de la Guardia Civil (carabineros, para que me entiendan nuestros amigos sudamericanos) que en 1974 tuvo una experiencia que escapó totalmente a su comprensión, y que recogió en su obra «La Punta del Iceberg». Nunca mejor dicho, ya que es sólo uno de tantos fenómenos inexplicables… cuanto menos en nuestro mundo tridimensional.

 

Era una noche del mes de julio de 1974, hacía una temperatura muy buena y el guardia civil, cuya identidad pidió no desvelar, se encontraba en un paraje cercano a Jerez de la Frontera con su novia, cuando vio una luz naranja pasar por encima de sus cabezas, a unos trescientos metros de altura. Estaban aun con la boca abierta, cuando vieron que aquella «cosa» se posaba sobre un cerro situado a unos tres kilómetros. Llevó a su novia a su casa y, sin mencionar el asunto, agarró una moto (una Puch de minicross) y se dirigió hacia el cerro como una bala. De camino, dos adolescentes corrían ladera abajo excitadísimos. Le dijeron que acababan de ver un aparato redondo, con una cúpula y dos sombras en su interior. Les pidió que le acompañaran pero se negaron en redondo y desaparecieron en dirección a Jerez, aterrorizados como conejos.

 

El guardia civil insistió en descubrir aquella «cosa» y subió al cerro. Sin embargo, mientras estaba de camino, la luz desapareció. Aquello le dio rabia. Pero lo más sorprendente es que percibió un silencio absoluto. Ningún coche había pasado por esa carretera por espacio de varios minutos, algo insólito en un lugar tan transitado. Tomó otra dirección intuyendo que la luz podría haberse ido por allí, y enconces finalmente se topó con un vehículo: un camión de mudanzas en dirección aJerez. Marchaba a unos sesenta kilómetros por hora y no le fue difícil alcanzarlo. No emitía ningún ruido. Al tomar una curva, el camión desapareció. En ese punto empezaba una recta de un kilómetro y, por narices, tenía que haber seguido viéndolo. Su desaparación era materialmente imposible. No sabía qué hacer ni qué pensar cuando de repente vio la luz ámbar al final de la recta, posada en mitad de la calzada. No la vio bajar, sería mejor decir que «se encendió». Por encima vio una cúpula de aspecto metálico. Le hizo unas señales luminosas, alternando las luces largas y cortas, pero «aquello» no respondió. El militar, que estaba dispuesto a todo, aceleró y se dirigió hacia la luz. En un abrir y cerrar de ojos, ésta desapareció y en su lugar aparecieron los faros de un automóvil. Fue instantáneo. Al llegar a su altura, se pegó a la ventanilla del conductor. Era un coche grande, tipo Mercedes, de color gris y brillante, como recién lavado. Tampoco emitía ningún ruido. Al volante había un hombre de unos cincuenta años, atlético, sin nada de grasa, vistiendo un traje impecable de color gris, que le preguntó donde estaba la nacional IV. En el asiento contiguo vio a otro hombre y en los de detrás, a un pareja. La mujer tendría unos 35 años, iba escotada, y parecía muy guapa. Los tres ni se movieron siquiera, sólo habló con el conductor. No le parecieron caras «normales», no eran extranjeros pero tampoco nacionales. Ni siquiera le comentaron lo de la luz, que tendrían que haber visto por narices, y cualquier humano hablaría al primero que encontrara de una visión tan rara. El militar le indicó cómo llegar a la nacional IV y el misterioso conductor respondió simplemente «Muy bien» y se alejó. Juan José Benítez le preguntó si notó o percibió alguna sensación especial durante ese encuentro.

 

  • Sí -respondió el militar. Noté que me estaban esperando.

 

Juan José Benítez está convencido de la existencia de universos paralelos de los que el ser humano no sabe absolutamente nada. A medida que fue investigando casos de ovnis, descubrió un sinfín de casos de súbitas materializaciones y desmaterializaciones de dichas naves. ¿Dónde pueden ir o de dónde pueden proceder? ¿Qué podrían pretender los ocupantes de aquel ovni transformado en camión y después en turismo? ¿Por qué la pregunta sobre la nacional IV? ¿Fue un test, una experiencia científica inescrutable o un simple juego? Quizás nuestra lógica no está emparentada con la de esos «visitantes». Claro que para aceptar esta premisa… primero hay que saber algo sobre la humildad. Si estos seres son capaces de convertir sus naves en rutinarios automóviles o camiones… ¿cuántos de estos seres cuadridimensionales, extraterrestres o lo que sean, se están paseando alegremente por nuestras carreteras?

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