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Ensayo Sobre El Amor

Ensayo Sobre El Amor - Sociedad

Muchas personas definen el amor de maneras diferentes y según el punto de vista de sus intereses particulares. Al respecto la Biblia en la Carta de Pablo a los 1ª Carta a los Corintios (Cap. 13) nos indica:
“4. El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. 5. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. 6. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. 7. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. 8. El amor nunca pasará…”
Si nos apegamos a esta definición y extraemos los diferentes calificativos que Pablo otorga al “amor” en su forma bíblica:

  1. Paciente
  2. Muestra comprensión
  3. No es celoso
  4. No aparenta
  5. No se infla
  6. No actúa con bajeza
  7. No busca su propio interés
  8. No se deja llevar por la ira
  9. Olvida lo malo
  10. No se alegra de lo injusto
  11. Goza en la verdad
  12. Perdura a pesar de todo
  13. Lo cree todo
  14. Lo espera todo
  15. Soporta todo
  16. Nunca pasará

Son 16 característica las que emplea para definirlo y la última característica le da la trascendencia al indicarnos que seguirá con nosotros más allá de la muerte.

La afirmación que el amor es paciente, nos indica que la persona que ama con amor verdadero es aquella que no tiene urgencias que dañen sus afectos, rodea de paz su relación antes que con exigencias y le da a las cosas el ritmo y el compás necesarios para no enervarla.

La afirmación relativa a que muestra comprensión nos lleva a una característica difícil de encontrar en las relaciones de pareja, la persona comprensiva es aquella que es tolerante e indulgente con la pareja, que antes que juzgarla entiende que su naturaleza está expuesta a fallas y que siendo así está dispuesto a disculpar los errores que pudiera cometer, porque no los ve como portadores de malicia.

La característica de no ser celoso deviene de la ausencia de inseguridad en sus afectos, la persona que no siente celos es aquella que está segura de sí mismo y de sus afectos, que no deja que las dudas y las habladurías se interpongan en su relación y otorga esa misma seguridad a la persona objeto de su amor, a fin de permitirle desarrollar sus afectos en un clima positivo y pleno de confianza.

La afirmación de que el amor no aparenta nuevamente nos traslada a un escenario desprovisto de incertidumbres, un escenario en el cual la persona que ama es aquella que hace de sus sentimientos los verdaderos cimientos de una construcción sólida en la cual las relaciones se establecen con autenticidad y no necesitan de la demostración ante terceros ni ante la misma persona amada.

La afirmación que señala que el amor no se infla nos lleva a la humildad, en virtud de la cual el amar no nos da un estado superior como seres humanos, ni por el hecho de llegar a esa calidad de sentimiento ni por ser el objeto de una calidad de sentimiento tal. La persona que ama de verdad es humilde porque reconoce que el amor es una gracia y no un patrimonio del esfuerzo personal y como tal, se siente portador de una virtud que lo compromete antes que le sirva de ostentación.

Al decir que el amor no actúa con bajeza, Pablo nos señala que el amor verdadero está desprovisto de malicia y que actúa siempre buscando el bien de los demás y no su mal, no busca así el provecho propio en detrimento del bien de las personas amadas, no se aprovecha su debilidad en ninguna forma.

La siguiente característica es complementaria de la anterior, porque al decir que el amor no busca su propio interés estamos diciendo que actúa primero en función del bien de las personas, nunca en primera persona y considerándose el objeto prioritario. El amor así está desprovisto de egoísmo y sale de sí mismo para proyectarse en las personas que ama.

La característica siguiente nos indica que el amor no se deja llevar por la ira, con lo cual nos indica que quien ama de verdad es dueño de sus emociones, que al ser así es libre porque no toma decisiones emocionales sino que controla las pasiones que rodean los arrebatos de ira, a los que todos los seres humanos estamos expuestos.

También nos dice que el amor olvida lo malo, con lo cual nos dice también que quien ama está siempre dispuesto a perdonar de corazón, de otra manera no podría dejar de lado los sentimientos de reivindicación que siempre están cercanos cuando comprobamos que alguien se ha aprovechado de nosotros. Es difícil perdonar porque ligamos el perdón a la renuncia y al recompensar indebidamente al que nos hizo daño, pero esto está errado porque perdonar tiene una connotación de liberación. Los sentimientos de rencor nos esclavizan porque sólo actúan en nosotros e intervienen como componente de todas nuestras decisiones, son pasiones que se anteponen a la razón y ciegan a esta en su obrar, ya que en adelante será difícil emitir un juicio equilibrado sobre alguien que nos ofendió, sin tener en cuenta nuestro rencor y deseo reivindicativo. Al perdonar estamos primero perdonándonos a nosotros mismos por nuestro error y luego a la persona que nos ofendió porque al hacerlo me liberaré de la pasión que me causa su recuerdo y el recuerdo de lo que me hizo, dejará de afectarme y retrotraerme al sentimiento de lo que fue el momento en que descubrí su traición, así dejará de afectarme este recuerdo en lo orgánico, en lo moral y en lo espiritual.

Al decir que el amor no se alegra de lo injusto, Pablo nos refiere a que el amor es justo y como tal actúa con objetividad y cumpliendo la ley, tanto la humana como la divina. Esta característica nos revela que la persona que ama está alineada siempre con los justo, que es el cumplimiento de la ley y los preceptos, que será equilibrado en sus decisiones y que para poder actuar con justicia tendrá que deponer los objetivos y pasiones personales, en general nunca actuará como producto de personalismos.

Cuando señala que el amor goza con la verdad, nos está diciendo que el que ama igualmente siente amor por la verdad y así nunca adoptará actitudes que contravengan esta, será además un defensor de esta verdad en la que cree y la que ama, por lo cual tampoco podrá ser hipócrita ni fingir. Amar la verdad significa tener motivaciones superiores y trascendentes, es actuar anteponiendo la verdad ante todo y buscando esta verdad en todo compromiso humano. Lo que resta por definir es qué entendemos por verdad y eso nos eleva a nuestra fe cristiana según la cual Cristo se autodefine como:
“Yo soy el camino la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi” (Jn 14, 6)
Si Cristo se autodefine como la Verdad es porque su testimonio es auténtico y cada uno de los pasajes que nos relatan su actuación como ser humano, nos revela la forma como nosotros mismos deberíamos comportarnos ante cada contingencia que la vida nos proponga, dicho esto no sólo es testimonio auténtico sino verdadero camino de salvación.

Al decir que el amor perdura a pesar de todo, Pablo nos hace reflexionar sobre la continuidad del amor por encima de cualquier debilidad humana, de la misma manera como Dios cumple con su palabra empeñada a pesar de lo inconstante del amor humano. El amor según la concepción bíblica, es aquel que no mengua porque se ve agredido u ofendido, se mantiene vigente por encima de las pasiones humanas, una vez entregado no se detiene y continúa enriqueciéndose en lo positivo que es como se reabastece a sí mismo, elevándose en su significado más puro y no se aprovecha de las agresiones recibidas para justificar su laxitud en la entrega. Visto así el amor es un compromiso inextinguible que nunca caduca y al cual es imposible renunciar porque está por encima de nosotros mismos. El amor entonces no es producto de nosotros sino más bien una gracia que nos inhabita y nos hace devotos de él. Todo amor que no se retroalimenta en lo positivo se extingue.

Pablo también nos dice que el amor lo cree todo, esta característica nos revela que el amor confía en la palabra y el testimonio del objeto de sus afectos. El amor verdadero debe condicionar una entrega total del afecto, sin reserva. Como tal y en esa dimensión, el amor cree por encima de todo porque quien cree es el que se entrega por completo, no se reserva ni el derecho a la duda ni a la desconfianza que nos son naturales, al entregarse sin reserva se hace uno con la persona amada sin lograr distinguir fronteras entre el ser personal y el otro al que ama, se hacen una sola carne y como es una carne única, igualmente actúan en el la certeza personal y la confianza en sí mismo.

Si extendemos un poco esta dimensión del amor, podremos comprender un poco mejor la siguiente característica que nos indica Pablo, cuando dice que el amor lo espera todo. Esto es claro al ser una sola carne por el amor que los une, la persona espera todo de esa relación a la que se entrega, pero no con la exigencia humana sino con la misma esperanza del que espera por la vida eterna y por la realización de las promesas de Dios en nosotros, uno espera con esperanza pura y no conveniente.

Por último nos indica que el amor en esta dimensión también está dispuesto a soportarlo todo entendiendo esta característica en la condición propia de la no reserva en su entrega. Quien se entrega por completo no guarda reservas de seguridad, simplemente se entrega y como tal está dispuesto a padecerlo todo porque cree y confía en la persona objeto de sus afectos.

La última característica es que el amor nunca pasará, pero de esto ya empecé diciendo lo que las mismas enseñanzas nos indican, que el amor es trascendente y que será el único bien que nos llevaremos con nosotros, que es lo que vinimos a aprender en esta dimensión humana de nuestra vida y que al ser eternos, como nuestra vida lo es, nos llevaremos el amor que aprendimos a compartir, será este nuestro grado de aprendizaje y el combustible del inicio de nuestra dimensión espiritual.

Otro tema que nos trae a reflexión respecto al amor es su origen. Al respecto el evangelio de Juan nos indica lo siguiente:
“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Jn 3, 16)
También la 1ª Carta del Apóstol Juan nos dice:
“7. Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 8. El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor. 9. Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de él. 10. En esto está el amor; no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. 11. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos mutuamente. 12. A Dios no lo ha visto nadie jamás, pero si nos amamos unos a otros, Dios está entre nosotros y su amor da todos sus frutos entre nosotros. .” (1ª Carta de Juan 4, 7-12)
De estos pasajes extraemos que el amor nos viene de Dios, que la mayor expresión de este amor es Jesucristo y que la mayor prueba de amor de Dios fue que nos entregó a su Hijo por la remisión de nuestros pecados. Estos pasajes nos revelan adicionalmente que el amor no es algo de origen humano, que nació de una relación entre las personas de la Santísima Trinidad y que de ese amor nos beneficiamos todos por el amor que Dios nos tiene también a nosotros. El amor a Dios no viene del esfuerzo humano elevado hasta Dios, viene del amor que Dios nos tiene a nosotros y nos inunda, el amor que llega al hombre es comunicado al resto de los hombres y es ese el amor que se define en la 1ª Carta de Pablo a los Corintios.

Finalmente llegamos a otra definición en relación a lo que le corresponde al hombre en relación al amor y así encontramos una cita en el libro del Génesis:
“26. Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que tenga autoridad sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo, sobre los animales del campo, las fieras salvajes y los reptiles que se arrastran por el suelo.» 27. Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó.” (Gen 1, 26-27).
Y lo que se expresa en este texto es la voluntad de Dios, en el sentido que Él nos quiso crear a imagen suya y eso es lo que somos. Significa que al margen de lo que seamos en realidad por efecto de nuestra propia voluntad, la de Él es que fuésemos imagen suya. Esta es una responsabilidad de cada persona que cree en la existencia de Dios bajo la confesión cristiana o judía, porque este libro es común a ambas confesiones religiosas.

El hombre es imagen de Dios sobre la tierra y corresponderá al amor que le tenga a Dios la calidad del testimonio que de Él dé y la imagen de Él que proyecte. Cuando digo esto no lo hago con suficiencia porque para todos es claro que el hombre está muy lejos de proyectar una buena imagen de Dios, sus relaciones más dependen de su propia voluntad que del cumplimiento de la voluntad de Dios. Si a esto le agregamos lo que señala la Biblia en relación al amor, tenemos que Dios es amor y si somos su imagen en la tierra, deberíamos ser un testimonio constante de su amor…pero no lo somos.

¿Qué es entonces lo que falla en el hombre? Falla la parte que corresponde a la humildad que se requiere para aceptar no ser protagonista, el ego que interviene en todas nuestras decisiones. Las decisiones las tomamos nosotros y en eso es que estriba el “libre albedrío”, los hombres toman las decisiones y esto siempre es así, los que creen en el “destino” y el “karma” están equivocados si creen que podrán descargar esta responsabilidad de su consciencia.

Lo que convendría al hombre entonces es hacerse transparente, lo más posible para que nada de su propia personalidad intervenga en la proyección de la imagen de Dios que da. Dejar que Dios obre en mí, debería ser mi máximo ideal, la última fase o perfeccionamiento de mi perfeccionamiento humano. Que el amor que entregue a mis semejantes sea el mismo amor que recibo de Dios, que no intervenga para nada mi parte humana y que no le agregue nada propio, lo mío siempre estará cargado de conveniencia y de egoísmo, si fuese fácil que nuestra entrega fuese completa, todos seríamos ya santos-

Para “hacerse transparente” primero debemos saber ¿quiénes somos?, tenemos que tener control sobre nuestras emociones, al extremo de poder llegar a vivir en una sola dimensión, el presente, sin que nos afecte nuestro pasado ni nos angustie nuestro futuro. En resumen, ser libres. Como podemos comprender esto es todo un programa de vida y palabras mayores. Solo un hombre realmente libre puede disponer de sí mismo, una persona atada a sus emociones no ES, en la medida que no controla estas emociones y sus decisiones están sujetas a estas.

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Acerca del autor

Jorge De la Barra

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