Literatura

Entre dos mundos



Entre dos mundos - Literatura

Desperté aturdido. Aún seguía de alguna manera agarrado a mi extraño sueño, podía sentir mi respiración como suspendida entre dos mundos; inhalé el oxigeno viciado de lo que parecía mi cuarto. Sin embargo, era a mis pulmones como líquido azul que embotaba mis sentidos, viajaba por mis venas y suavemente salía por mis poros. Era como poseer una respiración cutánea.

Tomé un hálito de fuerza de algún rincón desconocido de mi cuerpo y me incorporé mareado, confuso aún. Había muchos ojos, y todos, tímidos y agrupados tiernamente me miraban desde una densa penumbra. Un par de ellos, se acercaron a mí, un duende les prestaba su cara. Éste me miró con esos ojos fijamente, luego se fue, como buscando algo por la estancia.

Un hada que pasaba, sacó del carcaj de su espalda una flecha con mi nombre, y acomodándola a su arco, apuntó al suelo y disparó.

Vi entonces cómo poco a poco la moqueta comenzó a sumergirse por el agujero que la flecha había hecho.

Muy enfadado y con cara de pocos amigos surgió un gnomo de ese enorme agujero. Me fijé en cómo abría sus ojos con expresión de sorpresa al acercarse a lo que entendí en ese momento que era mi cama.

Él no dijo nada tampoco, pero sucedió que todos los ojos desaparecieron. Sabía que tarde o temprano, el esperpento este empezaría alguna suerte de rito, el problema era que él también sabía que yo lo sabía. Así que me adelanté y le dije que había sido el hada.

Tomó la flecha en sus manos, la levantó al cielo, y un pájaro de mil colores apareció de la nada agarrándola fuertemente, después, tal como llegó se fue volando.

– Justo, como lo vi en mis sueños. ¡Esta es la señal!- Dijo el gnomo regresando al agujero, y después de haber inhalado profundamente ese aire azul licuado, desapareció por donde había salido.

El suelo volvió a la normalidad. La moqueta estaba intacta. Sin ver de dónde había salido, el primer duende apareció de nuevo, y otra vez me miró fijamente. Pero ahora no tenía aquella mirada de búsqueda anterior. Sus ojos reflejaban la verdadera carga que aguantaba al ver este lado del mundo que yo habitaba.

El hada también regresó, y se posó despacio, dejando que el peso de su cuerpo descansara en sus dos alas, levantó luego una rama seca de abedul como en ofrenda y construyendo mágicamente dos flechas con ella, suspiró aliviada. El aire que salió de aquel suspiro cansado cayó al suelo como una especie de lluvia de cristales rotos. Algo dentro de ella decidió terminar con esto de una vez. Levantó la primera flecha, la acomodó al arco, apuntó y disparó.

El duende cayó al suelo inerte. Pero el hada no había querido matarlo. Cogió la segunda flecha y la acomodó igualmente al arco, apuntó hacia mí y disparó.

Como a cámara lenta vi venir la flecha. Una manzana roja cayó frente a mis ojos. Entones la flecha se convirtió en humo negro que se disipó por mi rostro, yo miré con sorpresa la manzana rodar por el suelo. La saeta la había atravesado dejando en ella un enorme agujero por el que salió una luz cegadora.

Cerré el libro. Eran las ocho de la tarde y la jornada había terminado. Apagaron las luces de la biblioteca, y todo quedó en silencio. Volví a casa caminando despacio y con la cabeza repleta de imágenes extrañas.

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Acerca del autor

Aicrag

4 comentarios

  • Hermoso. En mi caso, prefiero algo distinto a lo que te sugería Luis (es lo bueno de ser casi tantos tipos de lectores como personas) me aburren las descripciones) por eso mismo jamás pude terminar El péndulo de Foucault.
    Sigue así!!

    • Efectivamente Henry, cada lector es muy diferente al resto. Tengo un amigo catedrático de literatura que siempre dice que existen ciertos tipos de lectores muy fáciles de detectar por sus comentarios. El que ama la lectura casi tanto como la odia, es decir, aquel que no puede leer más de tres palabras seguidas sin encontrar algún fallo; el lector de modas elevadas por las élites culturales o por algún premio con prestigio; el que considera que toda lectura debe tener un propósito, ser significativa y contener ideales; el que suele comprar ediciones de lujo para colocarlos en bonitas estanterías de caoba en el salón; el lector desacompasado, adultos que leen libros de niños y niños que leen libros para adultos; aquellos que se adhieren al autor que les gusta y leen absolutamente todo lo que escribe, bueno o malo; el lector de antes de dormir; y hoy día, con la tecnología, también está el que lee sin leer, el que usa audiolibros. Y seguro que hay muchos más, lógicamente. Por eso me ha parecido acertadísima tu apreciación.
      Gracias por tu comentario.
      Ah, yo tampoco pude terminar El péndulo de Foucault.

  • Interesante concepto. Una crítica constructiva de escritor a escritor: intenta hacer más descripciones. Las escenas que describes son transiciones rápidas, pero intenta hacer que el lector pueda visualizar la secuencia sin que aún esté procesando el segundo párrafo y sus ojos estén leyendo el cuarto.
    Por lo demás, el «plot twist» es curioso. Espero leer más.

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    • Gracias por este apunte, Luis, siempre se agradece una buena critica constructiva. El apoyo entre todos nosotros es fundamental para realizar esta actividad que nos apasiona e ir mejorando con la práctica y el consejo adecuado.
      Un saludo.

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