Literatura

Entre Historias

Entre Historias - Literatura

Ana ha dejado volar sus complejos a cielo abierto.  Ha hecho de su templo un lugar seguro para habitar.   Ha desaparecido el oprobio de haber sido abandonada y con lujo de detalles ha dado a conocer al mundo la realidad de su infatigable sueño.  Su rostro maduro se yergue frente a todos los presentes; que desnudan sus sonrisas acicaladamente blancas.  Su cabellera mediana de visos plateados, se estremece sobre su paso ágil de novel anciana, con su cincuentena de años a cuesta y su remoto pasado pisando sus talones.  Su intensa mirada de ojos ambarinos y escrutadores, recorre palmo a palmo el abovedado y amplio salón, sin anclarse en ninguna parte, en tanto que ella retoma impostergable su actitud  de mujer segura y natural.

Escribió… Escribió.  Incontables y añejas evidencias de poemas y relatos, navegaban inmarcesibles a través de su memoria; sobre veleros blancos de hojas arrugadas, bamboleandose incontenibles, mientras una leve sonrisa surcaba las metalizadas  lineas rosa de sus turgentes labios. Se liberaba cómodamente de sus sofisticados anteojos azulados y a contraluz sus pupilas irradiaban el gozo de la meta alcanzada.

La ovación sostenida resonaba en sus simétricos oídos como un urgido chaparrón de gotas enfurecidas, mientras su pasado llegaba temprano a recordarle, aquellos desacoplados  techos de zinc  donde la lluvia fresca transitaba, hurgando entre los canales oxidados  mas allá del tiempo y la distancia.

Cada detalle de su impoluto conjunto   de lino blanco era admirado, meciéndose su figura moderadamente atlética  sobre las repulidas escaleras de madera, que precedían al acerado y esférico escenario. Su tenue sonrisa se configuraba detrás del podium, para dar comienzo al afinado discurso, que con denodado esfuerzo había amalgamado entre tantos papeles rotos y palabras apuradas.  El honor le había sido conferido sólo días atrás. La dama escritora… Guardada tanto tiempo en su mundo secreto, donde la fama había sido desterrada y echada al desierto como   la llamada Agar… Con sus lisonjas efímeras en los brazos cobijadas de vanidad y pertenecientes a un efímero mundo que no llegó a conocer el ensayo de su vida.

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Acerca del autor

Angeles Encasa

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